Aragón
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Como ratones

Mientras vuelve a la judería, Eleazar Cohen va mascullando algunas maldiciones:

“…más de mil años viviendo aquí sin problemas y ahora este imbécil de Baruj y sus degenerados vicios han echado todo a perder. Le tenía que haber estrangulado con mis propias manos…”

Según se acerca, empieza a notar agitación en las calles…

“…lamentaría tener que irme de Zaragoza. Aquí hemos estado bien y he llegado a amar a estas gentes…”

Entra a casa sin aliento “¡han encontrado el cadáver del niño!, rápido hay que actuar según el plan, la Inquisición no tardará en llegar...” así que preparan todo de modo que no quede ni una duda. Sacan brillo al crucifijo y colocan una talla de la Virgen. Después abren la Biblia, se disponen piadosamente a la oración y esperan. Cuando aparecen los alguaciles todo está en orden, tan perfecto que nadie podrá acusarles de no ser buenos cristianos. Lástima que la pequeña Ruth, incapaz de contener el nerviosismo, enseñe su rabo juguetón por debajo del vestido.

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