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Aragón

Cómo la pérdida de insectos en el Pirineo puede afectar al empleo

El descenso de insectos polinizadores puede afectar a la economía agraria, según apuntan ya varios estudios que se están realizando.

La dispersión de polen obliga a las abejas al contacto directo con la neurotoxina
La dispersión de polen obliga a las abejas al contacto directo con la neurotoxina

Es un descenso silencioso, alertado muchas veces por organizaciones ambientalistas, pero que no se ve a simple vista. Varios estudios recientes y otros en marcha realizados a nivel nacional y autonómico señalan que los Pirineos están viendo reducir su número de insectos polinizadores o, cuanto menos, que su salud y pureza genética se está viendo seriamente afectada por diversos factores.

Aunque de por sí la pérdida de biodiversidad ya supone un problema mayor al que hacer frente, los últimos análisis que se están realizando en el ámbito local cambian el foco desde el punto de vista animal al económico y social, es decir, cómo podría afectar de forma inmediata y a largo plazo este problema en la vida humana. “Hay muchos indicios de que el número de abejas está descendiendo, aunque esto es difícil de medir, pero lo que sí que sabemos es que cada vez tienen más amenazas y están más expuestas a enfermedades. Y no es un asunto baladí”, explica Jesús Yániz, Profesor Titular de Producción Animal del grupo de investigación Tecnogam del Instituto de Investigación en Ciencias Ambientales (IUCA) de la Universidad de Zaragoza, que junto con la también investigadora Pilar Santolaria están analizando actualmente cómo han cambiado las poblaciones de abejas en el Pirineo.

Su análisis se centra en conocer la evolución de las especies propias de la zona para establecer cómo sus amenazas pueden afectar directamente a la actividad económica que producen directamente (mediante la apicultura), y también de forma indirecta mediante la polinización. “Se estima que al menos un tercio de los alimentos que producimos dependen de la polinización de las abejas y otros insectos. Si desaparecieran o su número se redujera, tendríamos que hacer ese trabajo nosotros en frutales y muchos cultivos importantes para Aragón. Y eso sería caro”, comenta el investigador, que señala que este panorama no es lejano. “En Almería ya hay empresas dedicadas a soltar abejorros en las explotaciones porque ya no hay suficientes para polinizar toda la producción”, comenta.

En el caso de su estudio, se está analizando la pureza del tipo de abeja más clásico del Pirineo aragonés: el linaje M de la abeja negra autóctona, cuyo nombre científico es Apis mellifera iberiensis. Los primeros indicios, aún preliminares, indican que está cada vez más hibridada con otras especies.

“Los linajes y los tipos de abejas propios de cada zona son importantes porque cada una lleva milenios adaptándose a las condiciones de una zona. Esto hace que sean más productivas, estén mejor adaptadas al clima y a polinizar las flores que hay en su ecosistema. Aragón es tradicionalmente una zona donde se da la hibridación porque hay mucho movimiento de colmenas que llegan de otras zonas de España y también de Francia, lo que motiva que quizá se esté diluyendo este tipo de abeja propia del Pirineo”, comenta Yániz.

Los múltiples problemas de las abejas y los abejorros

En Aragón, y especialmente en el Pirineo, este cambio genético está dando como resultado que las abejas hibridadas están menos preparadas para aguantar inviernos duros, aumentan su mortandad en esta época.

Pero las abejas no son las únicas. Otros factores a los que se apunta como el cambio climático, el uso de químicos en las labores agrarias, y el monocultivo están dando al traste con las ricas variedades de abejorros que antes se encontraban en los montes oscenses. Un estudio liderado por la Universidad Complutense de Madrid concluía la semana pasada que se han perdido ya 9 de las 37 especies de abejorro que estaban censadas, "con las consiguientes consecuencias ecológicas y económicas", señalaban los autores del estudio.

A ello se suman enfermedades y parásitos como la varroa, un ácaro que ha afectado a las colmenas en los últimos años en la Comunidad, y también especies invasoras como la avispa asiática, un insecto que literalmente devora las colmenas y que las abejas no pueden hacer frente y que el verano pasado ya se detectó en Aragón tras aparecer en el País Vasco y Cataluña. “Las abejas asiáticas tienen un método muy sofisticado para hacerle frente. Las rodean y las matan con su calor. Aquí en Europa nuestras abejas no tienen interiorizado ese mecanismo de defensa. Es uno de los problemas más que hay producidos por el movimiento de especies”, señala Yániz.

Una polinización de la que dependen más de 15.000 empleos

Pero, ¿cómo podría afectar un descenso aún más acusado en el número de polinizadores en Aragón?. Para los investigadores, la respuesta es clara y no es descabellada. Cultivos como la fruta, los almendros, la huerta o la alfalfa, todos ellos con gran importancia en Aragón y que dotan de muchos puestos de empleo agrario, se verían directamente afectados. Solo los empleos que genera la campaña de la fruta en la Comunidad son más de 15.000 cada año, sin contar todos los puesto de trabajo estables de lonjas, plantas de etiquetado, transformación, agricultores e intermediarios.

“Se estima que la polinización de los insectos contribuye a un 75% de la producción de los frutales y otros frutos con flor”, señala el profesor de la UZ. “Pero en nuestro país a esto no se le da mucha atención, nos quedamos con el mensaje de la pérdida de biodiversidad exclusivamente, y pensamos que no nos puede afectar directamente”, comenta.

Luego aparecen además los efectos que puede tener sobre la actividad apícola. En los últimos años la apicultura ha sido uno de los nichos más rentables del sector agrario, manteniendo un número estable de colmenas, pero que también producen menos cada año. Actualmente hay unos 300 apicultores profesionales en Aragón.

La ajetreada vida de las mariposas

Las abejas y los abejorros no son los únicos polinizadores que están viendo bajar su población y perder su hábitat. En Revilla, junto a la Estación Biológica de Monte Perdido, se encuentra desde 2009 la primera microrreserva de mariposas de España.

Allí su gestor Enrique Murria lleva años dedicándose a la conservación de la Hormiguera de Lunares, (Phengaris arion) una de las ocho especies catalogadas por la DGA como vulnerables, y que ha desaparecido de buena parte del territorio que habitaba en España y Europa.

“Las mariposas, como otros polinizadores, suponen un importante indicador sobre cómo anda el medio ambiente, y creo que todo el mundo que viva en una ciudad hace mucho que ha dejado de verlas”, comenta Murria, que ahora está gestionando la apertura de otra microrreserva al norte de Zaragoza con la Asociación Española para la Protección de las Mariposas y su Medio (Zerynthia).

Esta especie en concreto es una de las más de 200 mariposas diurnas de las 340 que hay en España que se pueden encontrar en Aragón. Aunque cada vez cueste más verlas. El funcionamiento de esta microrreserva da una muestra sobre el complicado equilibrio de ecosistemas que necesita para su conservación.

Para reproducirse, este insecto también conocido como 'mariposa hormiguera' necesita de la coexistencia de hormigueros de una especie determinada que confunden sus larvas con las propias, introduciéndolas en la colonia y cuidándolas durante meses. Pero además de estas 'niñeras', el pastoreo tradicional también contribuye a dejar el prado a la altura que les es más cómoda para polinizar.

“Todo este equilibrio que puede parecer exagerado es lo que se generaba de forma automática hace unos años y ahora no, lo que para mi es un buen ejemplo sobre cómo, sin darnos cuenta, estamos quedándonos sin unas especies que aunque pequeñas tienen un papel fundamental en todo lo que nos rodea”, concluye Murria.

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