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Aragón

Manuel López: "Yo les pediría a los partidos que busquen líderes en la Universidad"

Manuel López (Melilla, 1946) fue presidente del Consejo de Rectores de las Universidades de España de 2013 a 2015 y rector de la Universidad de Zargoza entre los años 2008 y 2016.

Manuel López, sentado en una de las salas del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza durante la entrevista.
Manuel López: "Yo les pediría a los partidos que busquen líderes en la Universidad"
José Miguel Marco

¿Está la Universidad de Zaragoza donde le corresponde?

Está entre las grandes universidades y en un buen lugar en los ránquines internacionales. Según los últimos datos oficiales, está en posiciones de calidad, dentro del top 500, que se considera de alto nivel. Y en algunas materias, temas e investigación por encima del top 100 y del top 25. Estamos en una posición razonablemente acorde con lo que se podía esperar.

¿Usted fue rector entre 2008 y 2016, ocho años importantes por el contexto político, social y económico, en plena crisis. ¿Qué se le quedó en el tintero?

Muchas cosas, por supuesto. Porque entre lo que se quería hacer y lo que se pudo hacer hubo una gran distancia. Ha sido el periodo de crisis económica más profundo que ha existido en España. Y eso condicionó todo.

Pero, ¿qué le hubiera gustado hacer que no pudo?

En materia de docencia, tenemos un déficit de enseñanzas en inglés que exige inversión. Tenemos problemas en dobles titulaciones, que tampoco pudimos abordar. Pero en investigación hubo muchas dificultades, porque cayó en picado la financiación. Y luego un problema estructural, un problema enorme, que fue un envejecimiento del profesorado y las dificultades para relevos y para incorporaciones de docentes jóvenes.

¿Cuáles son los males y las virtudes del campus aragonés?

Pues lo que estamos hablando y carencias en infraestructuras. Sin embargo, en investigación somos punteros gracias al profesorado docente e investigador. Fíjese, pese a todo hemos mejorado datos de financiación europea, de colaboración en la adaptación tecnológica, aplicamos el Plan Bolonia e implantamos seis grados nuevos en plena crisis.

¿El Plan Bolonia, ha servido para modernizar o ha sido un fracaso?

En la implantación del Plan Bolonia ha habido dos problemas. Uno, que retrasamos su puesta en marcha y eso supuso que el grueso del proceso coincidiera con lo más profundo de la crisis. Y luego, que se optó para aplicarlo con una opción que provocó algunos desajustes con las estructuras de grado en Europa: cuatro años en lugar de tres.

¿Cree que hay problemas de politización en la Universidad?

No, de ninguna manera. Cuando empezó la crisis todo el mundo criticaba que la Universidad no estaba teniendo protagonismo en la vida política española y autonómica. Ahora se hace la pregunta al revés porque hay un partido (en referencia a Podemos) que tiene sus pies puestos en la Universidad. Es razonable y lógico que la institución en su conjunto tenga y proporcione líderes en todos los campos. Ha sido siempre así. A lo largo de la historia, los estudiantes y los colectivos universitarios han sido un activo en el debate y en la movilización. Siempre, desde hace siglos. Es más, yo les diría a los partidos políticos que busquen a sus líderes en la Universidad. Eso es connatural con una institución a la que le corresponde formar líderes. Y no implica que la Universidad esté politizada, ni mucho menos.

¿La proliferación de licenciados y titulaciones que exigió la UE para la entrada en España en 1986 generó pérdida de excelencia y de calidad?

En esa época la universidad estaba infradotada y sí que hubo un auge para acercarnos a las medias europeas, pero veníamos de etapas de graves carencias en todos los aspectos. Hubo que hacer esfuerzos, por supuesto. Pero cuando se ha producido un cierto corte que genera dudas ha sido en la última década, no antes.

Hay un debate sobre los niveles formativos basado en el desfase entre la escasez de alumnos en la FP, sobre todo de 2º, y la saturación en las facultades. ¿Falla el sistema formativo y los ciclos de enseñanza?

Sí, es así. Es un problema estructural de la cualificación de la población española en su conjunto. El estándar europeo es que el número universitarios sea menor que los de FP y que éste sea mayor que el de la enseñanza obligatoria. En España, el grupo más pequeño es el de FP en todas sus fases y eso es un problema serio.

¿Y esto es por una falta de entendimiento entre gobiernos, universidades y empresas?

Viene por muchos motivos. Primero, por una tradición social. En España no ha habido buena imagen de la FP postobligatoria (la superior), derivada de la vieja imagen que se tenía de esta tipo de educación en el franquismo. Esto aún se arrastra. Hay que decir que la FP postobligatoria es una magnífica formación y que es imprescindible para un país moderno. Es más un problema de orientación que de calidad.

El resultado de este desfase es que hay sectores que consideran que la Universidad es una fábrica de parados con títulos que acaban en trabajos de baja especialidad. ¿Es así?

La gran fábrica de desempleados y frustrados son los que no han hecho más que la educación obligatoria. Eso es así y con cifras abrumadoras. El mayor índice de empleos y de calidad es el de los universitarios. Ahora, si lo que quisiera decir es que hay que potenciar la FP postobligatoria y mejorar la educación básica, sin ningún género de dudas, pero eso corresponde a los gobiernos central y autonómico.

¿La Universidad ha sido víctima de una confrontación ideológica entre la derecha y la izquierda?

En todo lo que es formación superior y lo que es I+D+i debe ser objetivo de pacto de Estado. En Aragón y en España, con la crisis se ha perdido capacidad de hacer pactos. Eso es incomprensible. Pero pasa en toda Europa.

Siendo rector tuvo usted una dura pugna con el Gobierno PP-PAR, ¿por qué se llegó a ese nivel de crispación?

Porque unos y otros no estuvimos acertados en saber mantener un diálogo y una comunicación fluida y adecuada.

¿No fue solo por los recortes y la falta de inversiones?

No hay ninguna duda de que fueron la causa. Pero hay que explicarlo. La Universidad entendía los recortes, lo que no entendíamos es que no se facilitara un acuerdo o un modelo de financiación para evitar la quiebra. Y evidentemente, algo no debimos hacer bien por nuestra parte, porque no logramos mantener el diálogo.

¿La Universidad tiene que buscar vías complementarias de financiación?

Por supuesto que sí. No tengo ninguna duda. Y se hace, pero hay un problema. Si cuando pedimos dinero al Ejecutivo autonómico nos dice que busquemos en el ámbito privado, este sector por lógica quiere que sea por "interés mutuo", no para lo básico que corresponde al ámbito público.

Pese al acuerdo con el Gobierno PSOE-CHA, la Universidad sigue teniendo problemas de dinero a corto y medio plazo. ¿Es así?

Sí, a largo no porque el Ejecutivo PP-PAR se hizo cargo de la deuda, algo que agradeció de verdad toda la institución. A todos los gobiernos les he dicho que si quieren saber si la Universidad de Zaragoza está suficientemente bien financiada o no, solo tienen que comparar con la situación en el resto de las autonomías y verán que estamos por debajo de la media de España.

Usted presidió la Conferencia de Rectores de España (CRUE) de 2013 a 2015, también en una etapa complicada. ¿Analizaron si hay demasiadas universidades y duplicidades?

No hay más universidades en España que lo que correspondería. No lo dude. Estamos muy en la media europea. Y si solo tenemos en cuenta las públicas, estamos algo por encima. El problema no está ahí. Es algo más de fondo que deriva de cómo se produjeron las transferencias de las competencias universitarias a las autonomías. Porque estuvieron mal dotadas desde el principio, como pasó con sanidad, educación en general o la dependencia. Y a eso hay que sumar la crisis económica. Los gobiernos centrales no han prestado la atención suficiente a la política universitaria nacional y se inhiben de la responsabilidad política que recae en las autonomías. Las transferencias y la descentralización son positivas, pero el Estado tiene una responsabilidad que asumir. Y no lo hace, ni siquiera tiene entre sus prioridades políticas potenciar la universidad en su conjunto y usarla dentro de la marca España en el exterior como hace Francia, Italia, Inglaterra o Alemania, por ejemplo.

En todo caso, unas universidades que están casi exclusivamente dependientes del ámbito público y lo privado solo es puntual es que algo falla.

Las autonomías han actuado muy responsablemente con sus universidades. Han sido ejemplares. El fallo está en la coordinación nacional, donde el Estado tiene un papel que jugar. La Universidad ha ganado con las transferencias, eso que quede claro. Y en el tema financiero, se puede dar salida, pero para eso hace falta una Ley de Mecenazgo en condiciones que sea beneficiosa para todo el conjunto de la sociedad.

¿En Aragón hay demasiados campus?

Hay descentralización. Y es necesaria. Aragón tiene la décima parte del territorio nacional y apenas algo más del tres por ciento de población. Es fundamental para vertebrar el territorio. Muchas más por las peculiaridades de la Comunidad. Hay rentabilidades que deben mirarse por lo social y no por lo económico.

¿Cree que el nivel de calidad y de formación han bajado en los últimos diez años?

No solo no han bajado. Han subido. Estamos ante las generaciones de estudiantes que salen mucho mejor preparados que en las décadas anteriores. Y por eso los buscan y los reclaman en Europa y en todo el mundo, de todas los grados y titulaciones.

¿Por qué usted optó por construir una nueva facultad de Educación y no por la reforma de Filosofía y Letras, que lleva años con serios problemas, lo que le costó severas críticas?

Es fácil de explicar. Estaba mucho peor Educación que Filosofía. Había que elegir porque no había dinero para todo. Basta con recordar cómo estaban de masificadas y estropeadas las antigua instalaciones de Educación en Gómez Laguna. La inversión era más asequible y tuvimos que endeudarnos porque la DGA dejó a cero la partida de inversiones. Y no llegábamos a más.

¿Por qué es tan baja la participación en las elecciones a rector?

Es una cuestión de desafección por el gobierno de la Universidad. Hay que reconocerlo. La razón no es muy clara, pero hay más interlocución entre profesorado, alumnos y personal de lo que se ve en las urnas. Aunque algo hacemos mal si no logramos mover más allá del 15 o del 20% de participación.

Dígame, ¿qué hay que reformar en la Universidad de Zaragoza de forma urgente?

A nivel nacional, tres cuestiones. La primera, un gran pacto de Estado que incluya Universidad y la I+D+i. La segunda, que el Gobierno central coordine más y mejor el sistema. Y la tercera es dar más autonomía a las universidades para que se reorganicen y se gestionen. En concreto, una política basada más en la rendición de cuentas (valoración y control) y una financiación que estimule resultados y objetivos.

Ahora se plantean acometer una reducción de áreas y departamentos universitarios y se van a racionalizar grados y titulaciones. ¿Está de acuerdo? ¿Por qué no lo hizo usted?

Hicimos la reestructuración de centros que era el paso previo, en un grado alto. Y lo hemos logrado mientras se aplicaba el Plan Bolonia y teníamos serios problemas. Queda la de departamentos y áreas y creo que el equipo actual hace bien lanzando esa propuesta, pero era menos prioritaria que la de centros.

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