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Sebastián Álvaro: "Hay que vivir aventuras para contar historias extraordinarias"

Nació en Madrid en 1950. Dirigió ‘Al filo de lo imposible’ durante 27 años. Tiene casa en Jaca, es un habitual de los Mallos y Ordesa y colabora con la Fundación Sarabastall de Caspe.

Sebastián Álvaro posa en el centro de la capital oscense.
Sebastián Álvaro: "Hay que vivir aventuras para contar historias extraordinarias"
Javier Broto

Con motivo del Banff Festival ha hablado en Huesca de lo que es ‘Una vida al filo’. Suena emocionante.

Suena apasionante. Vivir una vida llena de aventuras tiene muchas ventajas para uno mismo y desventajas para la gente que te quiere. Luego, bajo el punto de vista profesional, si llevas una vida corriente solo vas a poder contar historias corrientes. Para contar historias extraordinarias tienes que vivir aventuras.

¿Es más difícil sortear las piedras en la montaña o en la vida?

He oído decir que la montaña es una metáfora de la vida, pero la montaña es la vida misma. Siempre hay dos caras. Una está llena de alegrías. La búsqueda de los momentos de felicidad es lo que da sentido a la vida. Pero luego hay contrariedades, frustraciones y tragedias, como en la montaña. La muerte no es una cosa diferente de la vida, es la vida misma. Las cosas no salen siempre como quieres porque no hay mayor riesgo que vivir la vida.

Múltiples aventuras ha desarrollado usted. ¿Su medalla de oro, de plata y de bronce?

Es muy difícil entre 227 expediciones. En abril de 1999 conseguimos en dos días que Juanito (Oiarzabal) se convirtiera en la tercera persona del mundo en tener las catorce montañas de más de ocho mil metros, y que el comandante Francisco Gan fuera la quinta persona del mundo en conquistar los tres polos. Allí estábamos en el Polo Norte reunidos un grupo de amigos, henchidos de felicidad, a treinta grados bajo cero y con una botella de vodka y unas botellas de cava. Hasta nos atrevimos a hacer una foto en pelotas. Es un recuerdo muy bueno. También la expedición en 1986 al Chogolisa en ala delta con cinco amigos. Prácticamente con lo puesto abrimos una ruta nueva en una montaña de 7.654 metros. Esa sería la plata. La de bronce, una caminata en el Gran Mar de Arena. Es uno de los lugares donde he sentido esa felicidad de cuando eres un niño.

¿Tanto ha cambiado el alpinismo desde que lo conoció que ahora el Everest va a tener hasta wifi?

Eso no es importante. Simplemente te quita aislamiento. Lo que ha cambiado son determinadas cosas que tienen que ver con ese tipo de expediciones comerciales, en las que hay ambiciones más allá de las alpinísticas. Eso sí que lo está transformando, porque lo está convirtiendo en una feria de las vanidades, en un parque temático. Es ambición, codicia y dinero.

Un reflejo de la sociedad actual.

Sí, pero hay una diferencia con otros deportes que mueven mucho más dinero. En el fútbol existe un árbitro profesional o en el tenis el ojo de halcón. En el alpinismo el propio deportista es el juez. Eso supone una serie de valores y compromisos. Lo primero es no mentir y en los últimos tiempos se ve claramente que existen mentiras. También eso que se denomina posverdad, otra mentira. Y por último, la ocultación de cosas.

¿Cuánto porcentaje queda del romanticismo de los orígenes?

Depende de las personas. En las bases ideológicas del alpinismo queda todo, porque venimos de ahí. El que no lo sepa está destinado a confundir su camino. Los británicos fueron los primeros que crearon un club de montaña, el Alpine Club, que definían como ‘un selecto club de caballeros que ocasionalmente escala’. Hoy quedan muy pocos caballeros y poca gente que entienda qué es el romanticismo en la montaña, que no es ir a darte besitos con tu novia colgados en una pared de Riglos.

Al mundo actual, ¿qué tal le sentaría el liderazgo de personas como Shackleton o Mallory?

Nos sentaría muy bien. Nos sienta muy mal el tipo de liderazgo de Trump. Shackleton sigue poniéndose hoy como prototipo de líder capaz de librar una batalla contra la adversidad como nadie lo podría hacer en la vida cotidiana.

Carlos Soria busca los catorce ochomiles con 78 años. Álex Txikón persigue una invernal en el Everest. ¿Lo lograrán? ¿Qué fronteras le quedan al Hombre por conquistar en los próximos años?

Creo que Carlos lo puede conseguir. Lo importante es que sigue activo y decidido a manejar su vida como quiere. La expedición de Álex en el Everest es una decepción con respecto a la anterior, en el Nanga (Parbat), que fue tan limpia y con un buenísimo equipo. Esta vez va por otro lado. De lo que queda por hacer: el K-2 en invierno con expedición ligera. Creo que está bastante lejos todavía.

Dijo en la radio recientemente que faltaban ideas en el alpinismo. Arengaba usted a los jóvenes e incluso se les ofrecía. ¿Ha recibido ya alguna propuesta?

No, qué va (risas). Los chavales están metidos en otras cosas. Las manifestaciones más importantes de la inteligencia son la curiosidad y la imaginación. Sin eso no se puede hacer alpinismo de élite.

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