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¿Quién se ocupa de los animales de granja cuando no son aptos para el consumo?

Una asociación promueve el que puede ser el primer santuario animal de Aragón enfocado a animales de granja que tienen que ser sacrificados.

El caso de la vaca Carmen tomó alcance mediático
¿Quién se ocupa de los animales de granja cuando no son aptos para el consumo?

Este 15 de febrero el Congreso de los Diputados aprobaba por unanimidad a propuesta de Ciudadanos estudiar reformar el Código Civil para que los animales de compañía dejen de considerarse 'cosas'. Hasta ahora, el Código Civil registra a los animales como “bienes semovientes”, es decir, propiedades embargables, una definición que procedía del mundo agrario y la explotación de ganado pero que no está adaptada a la concepción actual de animal de compañía.

La reforma abre además la puerta para que en su elaboración se puede incluir a los animales de compañía como seres sintientes. Sin embargo, según lamentan las organizaciones animalistas, todos estos avances en materia de protección animal priman siempre a las mascotas sobre los animales dedicados al consumo.

En Aragón, una asociación lleva promoviendo desde hace un par de años la creación del que sería el primer santuario animal de la Comunidad. Este tipo de refugios, enfocados principalmente a animales de granja que por malformaciones, improductividad, vejez o en algunos casos enfermedad son desechados de la cadena de consumo, han proliferado a lo largo de la última década en España, abriéndose cerca de una veintena en distintas comunidades. Sin embargo, a diferencia de algunos estados como Holanda, su regulación y funcionamiento sigue sin estar tipificado.

Luz Navarro es la portavoz de Vegan Hope, la asociación que quiere abrir un santuario animal en Aragón. En 2015 consiguieron que una familia de Barbastro les cediera un terreno y comenzaron a organizar eventos y sistemas de crowdfunding para conseguir fondos para su acondicionamiento y puesta en marcha. Sin embargo, y dados los elevados costes, en la actualidad también están valorando la compra de un terreno mejor adaptado en el término municipal de Mequinenza. “Estamos valorando distintas opciones mientras intentamos conseguir el dinero, pero la idea es que una vez que esté en funcionamiento pueda ser un lugar que pertenezca a los propios animales y que la gente lo sitúe como un lugar al que puedan llevar los animales que no pueden mantener, al tiempo que funcione como una especie de granja escuela”, explica Navarro, cuya asociación también promueve una alimentación vegana.

Actualmente, los miembros de Vegan Hope ya realizan labores de cuidado de animales que son desechados en las explotaciones, aunque su cuidado, y encontrar un lugar que los pueda acoger, no es tan sencillo como en el caso de un perro o un gato. “Cuando recibimos un aviso o nos llega algún animal contactamos con todos los santuarios posibles para ver cuál lo puede acoger. El problema es que una oveja, una vaca, o un caballo difícilmente entran en un refugio, y los santuarios que existen tampoco tienen demasiado espacio. Una vez, por ejemplo, encontramos un grupo de terneros que habían sido abandonados porque habían nacido con una serie de problemas y tuvimos que llevarlos hasta Cádiz porque era el único santuario que tenía espacio en ese momento”, cuenta.

La regulación de los animales de granja

Aunque tanto las normativas europeas como las leyes nacionales y autonómicas obligan a los ganaderos o explotadores de animales a mantener medidas de sanidad y bienestar animal rigurosas (y la UE, de hecho, presume de que son las más severas del mundo), las organizaciones animalistas lamentan que, en especial en España, la protección de los animales de granja sigue estando varios peldaños por debajo que en otros países de nuestro entorno.

La revisión del Código Penal de 2015 ya endureció y tipificó nuevos delitos de maltrato animal, que no diferencian entre animales de compañía o dedicados a obtener un beneficio “El maltrato animal está recogido sea una vaca, un perro o un animal salvaje. Ahora toca abordar la reforma del Código Civil en la que nos gustaría que se recogiera de forma clara que los animales son seres sintientes. Todos los animales, no poniendo solo el foco en las mascotas”, señala Olga García, portavoz de Pacma en Aragón.

El otro gran caballo de batalla de estas organizaciones en la regulación en materia de Protección Animal, diferente en cada autonomía. En Aragón por ejemplo, en lo que respecta a las explotaciones animales, la ley de 2003 recoge que todos los animales serán objeto de revisiones periódicas para cuidar su salud, se prohíbe su maltrato y se dice que, en el caso de enfermedad o estar heridos “recibirán el tratamiento necesario o serán sacrificados mediante métodos autorizados que les produzcan el mínimo sufrimiento, con la correspondiente supervisión facultativa”.

En opinión de las organizaciones pro derecho animal, este tipo de normativas deja en mano del propietario la decisión de establecer cuándo se debe seguir dando medicamentos a un animal o debe ser sacrificado. “Aunque no estemos a favor, podemos entender que sea comprensible que un ganadero que tiene una vaca enferma vea en ella un problema por el riesgo que pueda suponer para el resto de animales y porque ese animal le va a seguir acarreando unos costes. Por eso es importante la existencia de santuarios animales, donde se les pueda llevar”, comenta Luz Navarro.

Aún con todo, la sensibilidad creciente con respecto a los animales en los últimos años abre también debates morales importantes. ¿Es lo mismo sacrificar a una vaca que sufre una enfermedad contagiosa para el resto de animales que tiene a su alrededor que sacrificar a un caballo ciego que, aunque sin visión, puede seguir viviendo sin presentar un riesgo para el resto del establo?

Aquí, lógicamente, las interpretaciones se abren. “El dueño del animal tiene la facultad de decidir por ejemplo si un caballo ciego debe ser sacrificado. Da igual si para que vaya al matadero y así obtener beneficio de la venta de su carne o, si no fuera apto para el consumo, porque simplemente ya no es productivo para las tareas que realizaba”, señala la representante de Pacma.

Luis Miguel Cebrián, veterinario zaragozano especializado en ganado, también concreta que en casos así es el dueño del animal el que tiene la decisión. “El veterinario evalúa y procede al tratamiento adecuado o a recomendar el sacrificio cuando así se entiende. Hay ocasiones en las que ante una enfermedad o una lesión importante del animal es necesario eutanasiarlo. De hecho, hay ocasiones en las que es obligatorio porque existen protocolos que así lo indican, como es el caso de la tuberculosis. En otras situaciones como esta que se propone la decisión es del propietario”, comenta, señalando además que en la práctica de la veterinaria también existe la posibilidad de la objeción de conciencia si el veterinario considera que no es necesario sacrificar un animal.

Una propuesta que puede ser polémica

Pese a esto, la falta de regulación de estos santuarios animales sigue generando debates y casos en los que se enfrentan varias opiniones. A comienzos del mes de febrero tomó alcance mediático el caso de la vaca Carmen, un animal que vivía desde hace dos años en un santuario de animales de Madrid después de que fuera rescatado de una explotación que, tras quedarse en quiebra, había sido abandonada dejando a todos los animales a su suerte.

La Comunidad de Madrid realizó en el santuario pruebas de tuberculosis, una enfermedad que cuanta con protocolos de control periódicos porque puede contagiarse rápidamente a otros animales y también a humanos. El animal, tras dar positivo en el test, debía ser sacrificado.

Al final, la recogida de 70.000 firmas hizo que la Comunidad de Madrid reconsidera su sacrificio, aunque, eso sí, tras dar a la vaca el estatus de animal de compañía. Una decisión que fue aplaudida por los grupos animalistas, que no obstante pidieron que este tratamiento se extienda para todos los santuarios para que tengan una regulación distinta a las explotaciones ganaderas, pero también cuestionada por algunos veterinarios, que consideran que el animal enfermo, puede suponer un foco de contagio de una enfermedad que cada año supone el sacrificio de miles de vacas ganaderas, con el consiguiente quebranto económico para los ganaderos.

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