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Aragón

Cómo dos holandeses están trayendo a otros 500 al año a un pueblo del Pirineo

El turismo extranjero está batiendo récords en Aragón, y no solo en Zaragoza capital. Pequeños pueblos se ofertan como nichos de ocio para visitantes foráneos.

V. Millán. Zaragoza 27/11/2016 a las 06:00
Holandeses, en el Pirineo

Cuando Jochum Van Krimpen y Judith Vastenhout decidieron mudarse a Perarrúa, en 2010, tenían claro qué querían hacer. Estos dos holandeses procedentes de Utrecht llevan varios años volviendo loco (para bien) a este pequeño municipio de apenas 100 habitantes en La Ribagorza.

Decidieron montar un agencia de viajes llamada Chill-Outdoor Pyreneeën especializada en traer a familias holandesas y flamencas hasta esta comarca aragonesa y hoy están atrayendo por sí solos más de 500 compatriotas al año. “Teníamos un conocido holandés que ya tenía una casa aquí, aunque no vivía todo el año, y decidimos mudarnos”, cuenta van Krimpen, que junto con su mujer gestionan ahora también el bar del pueblo y gracias a las visitas que mueven llenan prácticamente las casas rurales de la zona durante la época de verano.

El ejemplo de Jochum y Judith y el éxito de su propuesta es especial por cómo han conseguido dinamizar el turismo de un municipio y su entorno. Pero no es el único. El turismo extranjero en Aragón lleva varios años al alza, tirando del sector cuando la crisis económica redujo el movimiento de los viajeros nacionales, y zonas como estas lo agradecen. Hasta octubre casi medio millón de viajeros extranjeros han pasado al menos una noche en Aragón (un 13% más que en 2015), y aunque Zaragoza o las grandes atracciones turísticas de la Comunidad se llevan la palma, también hay otros enclaves que están notando esta tendencia.

“En los últimos años hemos detectado un repunte importante del número de extranjeros que vienen a visitarnos. Buena parte de ellos son holandeses gracias a la agencia de Perarrúa, pero tenemos registros de casi cualquier zona del Mundo”, explica Cristina Navarro, técnica de Turismo de La Ribargorza que, con un 20% de incremento, es la comarca de Aragón que más ha visto crecer el turismo extranjero en el último año.

En total hasta esta comarca de Aragón han llegado hasta octubre 12.500 turistas extranjeros gracias a su combinación de parajes naturales (Benasque, el parque de Posets-Maladeta), la puesta en valor de nuevas atractivos como la ruta de las escaleras de Montfalcó, e incluso centros religiosos como Torreciudad o el templo budista de Panillo. “Tenemos un poco de todo que hace que venga gente de cualquier rincón, pero en los últimos años sí que se ha hecho mucho por poner el acento en los deportes de aventura y otro tipo de oferta”, señala Navarro.

A eso es precisamente a lo que se dedican en Chill-Outdoor Pyreneeën, la empresa de Perarrúa. “Nosotros nos dedicamos a hacer de guías, fundamentalmente de familias de holandeses y belgas que vienen a pasar unos días y quieren hacer actividades pegadas a la naturaleza. Aunque también vienen muchos grupos de amigos desde Holanda que hacen cosas un poco más atrevidas como parapente”, nos cuenta Jochum.

Pesca o turismo ornitológico, otras opciones rurales 


La situación de La Ribagorza no es única, prácticamente todas las comarcas de Aragón han ganado visitantes foráneos a lo largo del último año, salvo pequeñas excepciones como el Sobrarbe, que no obstante siempre ha sido de las más visitadas.

Pero los visitantes extranjeros muchas veces se mueven hacia Aragón en busca de reclamos que no son los más demandados por los propios aragoneses o los turistas nacionales.

Kees Woutersen es otro holandés que lleva más de 20 años trabajando en la provincia de Huesca trayendo grupos de su país y de Inglaterra a observar aves. “Quizá en España pueda sorprender que haya gente que pague y se desplace incluso de país por ver pájaros, pero yo llevo prácticamente toda la vida dedicándose a eso”, cuenta.

Con sus grupos, y con Huesca capital como base, se mueve por distintos enclaves como la estepa de Belchite, varias zonas de los Pirineos o Los Monegros en busca de aves como el quebrantahuesos, el treparriscos y todas las especies esteparias y mediterráneas que se pueden encontrar en Aragón.

En el este de la provincia de Zaragoza podemos encontrar otro de los grandes nichos del turismo extranjero en la Comunidad: la pesca. El embalse de Mequinenza se ha convertido desde los años 90 en un importante reclamo, especialmente para pescadores alemanes y austríacos.

El alemán Markus Stegherr, gerente de Ebrorulaub, lleva más de una década trayendo a entre 600 y 700 pescadores desde Europa central hasta Mequinenza. “El embalse de Mequinenza tiene fama internacional como uno de los mejores sitios para pescar. La gente que viene, como es lógico, son personas de un poder adquisitivo medio-alto ya que se puede permitir desplazarse para realizar su hobbie, algunas veces varias veces al año”, explica el alemán, que no obstante está pendiente de cómo se desarrollan las nuevas regulaciones en torno a la pesca que podrían obligar a sacrificar a los siluros. “Sería perjudicial porque tener que matar a un ser vivo cuando la cultura de la pesca es devolverla al río podría hacer que muchos turistas prefirieran ir a otras zonas”, comenta.

Solo en Mequinenza se estima que llegan al año unos 3.500 extranjeros a pescar que gastan de media unos 500 euros semanales. Un movimiento de dinero cercano a los 2 millones de euros en un municipio de 2.400 habitantes.




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