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Un encierro con especial celo por la seguridad

El Burgo de Ebro despedía ayer sus fiestas con un espectáculo en el que se mostró un minucioso cuidado en el vallado tras una semana complicada en otros pueblos.

Cierre de las barreras. A la izquierda, uno de los voluntarios de la comisión de festejos y a la derecha, un alguacil del municipio cierran una de las barreras principales de la calle Mayor de El Burgo, una hora antes de que empiece el encierro.
Un encierro con especial celo por la seguridad
Toni Galán

Una extensa comitiva recorre la calle Mayor de arriba abajo minutos antes de comenzar el encierro matutino del último día de las fiestas de El Burgo de Ebro, localidad ribereña situada a catorce kilómetros de Zaragoza. En la mente de todos está lo sucedido esta semana en Tramacastilla (Teruel) y Alfamén, pero tanto el alcalde como los concejales y voluntarios taurinos mantienen que las medidas que se toman en este pueblo son "suficientes" y que la presencia de vaquillas en lugar de novillos es "mejor porque es más seguro", en palabras del alcalde, Miguel Ángel Girón.

Los aproximadamente quinientos metros de calle empleados para el encierro, con sus respectivas barreras metálicas, contienen a su vez numerosas vallas en casas particulares y callejones. La más reciente, en la misma puerta del Ayuntamiento. "El aparejador vio cómo se colocaba in situ", explica Vicente Royo, teniente de alcalde y presidente del encierro celebrado ayer, que tras dos horas y once vaquillas terminó sin incidencias y con emoción a flor de piel para los amantes de este tipo de festejos.

A la hora de asegurar cada una de las barreras, sobre todo las de inicio y final del tramo cerrado, Royo explica que el sistema tiene hasta cuatro cierres de seguridad: "Este poste va unido a la barrera, el cerrojo junta las dos puertas, hay otro cerrojo abajo y una cadena", detalla. Los candados de las diversas vallas del recorrido, además, "solo los tienen los alguaciles", incide el teniente de alcalde.

También minutos antes del inicio se presentan el veterinario, José Luis Carreras, que asegura tener controlado "que los animales se corresponden con la documentación y están en condiciones"; el médico, Alfredo Perches; y el director de lidia, Ignacio Ríos, con su flamante nueva prenda verde que le identifica a distancia: "Tenemos toda la colaboración de la gente y contamos con al menos diez voluntarios distribuidos".

Apenas cinco minutos antes de que empiece la suelta a mediodía, se escucha por megafonía el bando que advierte de que los menores de 16 años o las personas que no se encuentren en condiciones no podrán participar en el encierro. La norma se cumple y empiezan a salir las primeras vaquillas, de la ganadería Ozcoz. Todo va sobre ruedas. Todo, salvo una escena que retrata el fotógrafo y critica el alcalde desde el balcón de la Casa Consistorial: un niño asomado a una de las vallas –aunque sin llegar a entrar al recorrido– que en lugar de ser retirado es objeto de fotos, con la res apenas a dos metros.

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