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Dos colegios públicos ultiman un proyecto para quitar el cáterin y tener cocina propia

El Espartidero (Santa Isabel) está a falta de una firma para empezar en septiembre. Quieren un servicio educativo y que el producto, de proximidad, se cocine a diario.

Asociación de Familias 'Comedor Abierto El Espartidero' .
Asociación de Familias 'Comedor Abierto El Espartidero' .
Aránzazu Navarro

Hace unos años, un grupo de padres y madres empezaron a quedarse a comer varios días en el colegio, con sus hijos. No les gustaba ni el tamaño de las raciones, ni el tipo de comida, ni el proceso de línea fría que se usa de forma generalizada para conservar los platos y servirlos días después a los niños. Este sistema funciona en la mayoría de los centros educativos: los platos se elaboran y se refrigeran rápidamente, y varios días después de ser preparados, son regenerados (así se conoce al proceso de calentamiento).

"Con el sistema, estábamos tranquilos porque comían, pero queríamos cambiar casi todo lo demás", explican ahora estos padres, que llevan a sus hijos al centro público El Espartidero, en Santa Isabel. Así que decidieron pasar de la queja de corrillo de patio a la acción y se marcaron una meta: que los 370 niños que se quedan al comedor en este colegio comieran como en casa. Para lograrlo, necesitaban cocina propia, ir a comprar casi a diario y apostar por el producto de proximidad.

Hoy su proyecto es casi una realidad: El Espartidero espera estrenar un comedor autogestionado el próximo curso. Han pasado casi dos años haciendo cuentas, buscando proveedores, visitando los comedores de los otros seis colegios con cocina propia de Zaragoza, pulsando la opinión del resto de los padres y hablando con la administración educativa para saber cómo hacer del cambio un proceso legal y con garantías.

Ahora están a la espera del último trámite, que llegará en unas semanas, y que es la firma de un convenio de autogestión entre el departamento de Educación y la Asociación de Familias ‘Comedor Abierto El Espartidero’ que, junto al director del centro, Manuel Vergara, han hecho todo posible.

Otro colegio zaragozano, el Zalfonada, ha comenzado también el proceso hacia la autogestión, pero no está tan maduro. En ambos casos, ha sido decisivo el apoyo de la Plataforma por unos Comedores Públicos de Calidad en Aragón.

El Espartidero llega justo a tiempo: este año vence el contrato que la DGA tiene con varias empresas privadas de cáterin y habrá que sacar de nuevo a concurso el servicio (normalmente, optan varias firmas que se llevan varios lotes de colegios). Estos contratos suelen ser por seis años: cuatro más otros dos prorrogables.

Sobre todo, el grupo de padres que representan a la asociación (varios de ellos lo hacen aunque sus hijos no van al comedor) y la dirección insisten en que es vital "la filosofía educativa" que subyace en su plan. "El comedor no es un servicio complementario, sino que es parte del colegio. Los niños pasan 12,5 horas semanales usando el servicio, y es vital dentro de su educación", explica Nacho Corral. Por eso, para ellos será imprescindible mantener un diálogo fluido con las monitoras, que ya están haciendo sesiones de formación sobre gestión de grupos. Sus opiniones serán decisivas e influirán en la programación de actividades del cole a mediodía.

Además, su idea es que las compras (que gestionarán día a día los cocineros) se centren en tiendas de proximidad y productos del entorno, que permitan que incluso pequeños agricultores puedan visitar a los niños y explicarles de dónde vienen lo que comen. Para ello, cuentan con el proyecto Life del Ayuntamiento de Zaragoza ‘Huertas Km 0’, que apuesta por recuperar la huerta de la ciudad. Que el producto sea ecológico y sostenible será un empeño.

"Otro beneficio será que no habrá que tirar tanta comida", explica el director. "Con la línea fría hay que pedir los menús con varios días de antelación, así que cuando llega la gripe, o algún virus, o faltan muchos niños, esos menús se desperdician", asegura.

El coste mensual será el mismo

Para acometer la inversión inicial (por ejemplo, no hay cocina como tal y debe montarse) ha sido decisivo el superávit que durante los últimos años había ido acumulando el colegio fruto del servicio de comedor. Muchos centros van ahorrando el dinero que va sobrando cada año, y con este es posible iniciar el cambio. Además, estos remanentes solo pueden gastarse en el comedor, con lo que la operación ha salido redonda.

Las familias pagarán lo mismo que hasta ahora y que el resto de las que usan el servicio en centros públicos aragoneses (86 euros), porque esta es una condición de Educación en aras de garantizar un acceso en igualdad de condiciones al servicio. No obstante, con ese dinero habrá que hacer frente a las posibles averías y reparaciones, o a si hay que completar cazuelas, sartenes o, como se espera, desterrar en algún momento las bandejas metálicas a cambio de los platos de siempre.

Otra condición es que el personal (hay 17 monitoras y 3 auxiliares de colectividad, estas últimas sobre todo en cocina) se subrogue, con lo que estas personas mantendrán obligatoriamente su puesto y sus condiciones. Habrá que contratar a uno o dos cocineros.

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