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Los rayos de sol siguen dando la hora

El especialista Pedro Novella ha estudiado más de 750 instrumentos históricos de este tipo, en diferente estado de conservación, que aún sobreviven en Aragón.

Aragón tiene el reloj de sol más grande del mundo (en Vadorrey, Zaragoza) y el único de España que está en el interior de un edificio (palacio episcopal de Albarracín, en la provincia de Teruel). Es, aunque pocos lo sepan, una de las comunidades con mayor riqueza, variedad y antigüedad en este tipo de instrumentos. Pero quien sí lo sabe bien es Pedro Novella (Valdealgorfa, Teruel, 1949), porque lleva una quincena de años estudiándolos y ha acuñado para ellos una definición poética: "Los relojes de sol son un sistema solar en pequeño".

Novella se ha convertido en uno de los principales especialistas en estos instrumentos, en parte porque constituyen una faceta poco conocida de nuestro patrimonio histórico y pocos se han ocupado de ellos; y en parte, también, por su tesón. Vive en Vitoria desde hace décadas y todos los fines de semana sale al monte con un cuaderno de campo. Un buen día decidió contar los relojes de sol que tenía recogidos en su cuaderno y pasaban del centenar. Así que realizó el inventario de estos instrumentos en la provincia de Álava. Y luego amplió horizontes.

A los que se conservan en Aragón ha dedicado varios y documentados artículos, que podrían constituir un abultado libro y que pueden leerse en www.relojesdesol.info, la web de la asociación de amigos de este tipo de instrumentos.Inventario aún incompleto

"En Aragón se conservan más de 750 relojes de sol –señala–, y la provincia donde tenemos un mayor número de ejemplares documentados es la de Teruel. Pero hay muchos más, porque algunas zonas no las he recorrido todavía o apenas hemos recibido información de ellas. Seguramente habrá más de 1.100 o 1.200 relojes. Algunos que tienen fecha son muy antiguos. En Huesca destaca el de Grustán, que data de 1672; en Teruel se encuentra el de Mora de Rubielos, de 1581; y el más viejo de la provincia de Zaragoza está en las Cinco Villas, en Asín, y es de 1562".

Cifras y datos que se refieren, obviamente, a relojes ubicados en lugares públicos. Pero públicos no quiere decir conocidos. Algunos cuesta distinguirlos a simple vista hoy. "Casi todos los monasterios e iglesias románicos tenían un reloj de sol, de los del tipo que llamamos ‘canónico’. Contaban con una varilla clavada horizontal al suelo y se utilizaban en la Edad Media para organizar los rezos y las misas. No medían las horas reales, sino la prima, tercia, sexta, nona...".

Tras los canónicos llegaron los calculados y los polares. "Estos sí que miden horas. Los polares, además, no tienen gnomon o varilla, y la sombra la proporcionan las aristas, que son paralelas al eje de la Tierra. Si la pared donde se ubican está orientada al sur, se llaman relojes a mediodía y se distinguen porque solo pueden marcar de seis de la mañana a seis de la tarde. Si se ubicaban en la pared este u oeste marcaban las horas por delante y por detrás de ese periodo". Los relojes llamados ‘de camiseta’, por su silueta, reunían las tres configuraciones y marcaban todas las horas.Los relojes mecánicos

Pues bien, de estos ‘de camiseta’ el mayor número de los localizados hasta ahora en España se ubica en Aragón. "Lo importante es que el más antiguo de los que hemos encontrado se encuentra en Cabra de Mora (Teruel), de 1681. Por lo que he visto, tengo la impresión que desde allí se fueron extendiendo a zonas limítrofes. Los relojes polares los podía hacer cualquiera. Había que esculpir un semicilindro y colocarlo en un edificio de tal manera que sus aristas quedaran paralelas al eje de la Tierra. La mayoría de los canteros los hacían. Fue en el siglo XVIII cuando los arquitectos estudiaron gnomónica, la ciencia de construir relojes solares". Llegaron los relojes mecánicos y, paradójicamente, en cada localidad se ponían en hora... con el reloj de sol.

"El tiempo, tal y como lo medimos en la actualidad, es una convención –señala Pedro Novella–. Por ejemplo, todo el mundo cree que la Tierra tarda 24 horas en dar la vuelta completa a sí misma, y que a partir de ese hecho empiezan a medirse las horas. Pero no es así. Según el día del año tarda más o menos tiempo. Puede tardar entre 24 horas y 16 minutos y 24 horas menos 16 minutos".Restauraciones cuestionables

La medición del tiempo tuvo que ‘oficializarse’ y regularizarse de antiguo para evitar problemas en sistemas como el ferrocarril, y el reloj de sol, que se usó bastante hasta principios del siglo XIX, poco a poco fue entrando en desuso.

"De entre los que han llegado a nuestros días se han conservado bien los que se hicieron en piedra de buena calidad, y peor aquellos en los que se empleó adobe o ladrillo –señala Novella–. El problema, en los últimos años, es que en ocasiones gente muy bien intencionada acaba haciendo restauraciones deficientes. Un albañil que conozca su oficio no es suficiente para restaurar un reloj de sol; hay que saber lo que se está haciendo. Algunos ‘restaurados’ solo dan bien la hora el día del año que coincide con la fecha en que se restauraron".

Novella atesora cientos de datos curiosos. "Conozco al menos dos relojes de sol ‘ocultos’ en Aragón –señala–. Uno en Farasdués (Zaragoza), que está por detrás del escudo de un obispo que se expone dentro de la iglesia".

El especialista prepara ahora un estudio sobre los relojes solares de cañón, que tenían un arma en miniatura que, una vez cargada, disparaba a las 12 del mediodía cuando un rayo de sol cenital, amplificado por una lupa, encendía la pólvora en su seno. En las Escuelas Pías zaragozanas y en el gabinete de Física y Química del Instituto de Huesca hubo de este tipo.

Otro aspecto que ha estudiado y que ha generado un sinfín de datos sorprendentes es el de las leyendas. Había relojes de sol puros y duros y otros en los que el creador se permitía pintar o grabar alguna referencia religiosa, filosófica o incluso reivindicativa.

Muy común fue "Vulnerant omnes, ultima necat" (‘Todas hieren y la última mata’, en referencia a las horas). "La mayoría hacen referencia a la caducidad de la vida –concluye Novella–. Pero hay algunas muy curiosas, como la de la iglesia de Abanto, "Abajo los consumos", en referencia a un impuesto". No hace mucho Novella identificó la que luce en el reloj de sol de Ainzón: "Como esta sombra que miras pasa sin duda tu vida".

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