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Para salvar Schengen

?La crisis de los refugiados y el temor al terrorismo ponen en peligro la libre circulación de personas en el espacio Schengen, que es una de las claves de la integración europea.

Uno de los hitos de la construcción europea está en peligro. La libre circulación de personas en el espacio Schengen, que conforman 26 países, se tambalea. El desempleo y la inseguridad económica han dado lugar a una inestabilidad social a la que se suman el descrédito de las élites políticas y los ataques terroristas, que generan hostilidad hacia el aumento de la inmigración y de los refugiados.

Durante los primeros años de la crisis, Europa se dividió entre lo que llamaron el norte ‘austero y trabajador’ y el sur ‘vago y derrochador’, con una deuda casi impagable. El aumento del paro y el empobrecimiento de las clases medias se unen al incremento de la inmigración y del número de refugiados, que junto a los ataques terroristas provocan el aumento de la retórica populista y nacionalista y abren otra brecha, esta vez entre el este ‘xenófobo e insolidario’ y el oeste ‘altruista y solidario’.

Los países que pertenecieron a la órbita soviética, que tras su adhesión a la UE no han dejado de recibir fondos comunitarios, se muestran ahora insolidarios, en algunos casos con un ‘revival’ étnico nacionalista de hostilidad hacia los refugiados que huyen de Siria, Libia o Afganistán. El grupo de Visegrado, formado por Hungría, República Checa y Eslovaquia, junto al nuevo gobierno de Polonia han mostrado su rechazo al reparto de cuotas de refugiados y podrían formar un bloque de veto a las decisiones del Consejo Europeo.

Además, en estos países, al igual que en Francia, Holanda, Finlandia, Suecia, Austria, Alemania y otros, existe un auge de movimientos sociales y partidos nacionalistas y de extrema derecha con tintes xenófobos que ayudan al incremento de la islamofobia.

El choque de civilizaciones se abre paso en una Europa cuyas grandes urbes deben tolerar la multiculturalidad y hacer partícipes a las comunidades musulmanas de la solución al problema. También florecen en las redes sociales rumores y teorías de la conspiración. La UE ha recibido en 2015 a más de un millón de inmigrantes y refugiados y necesita de manera urgente una política de inmigración y de asilo común, cada vez más comunitarizada, en lugar de levantar vallas.

Las propuestas que analiza el Consejo Europeo para el control de las fronteras internas entre 6 meses y 2 años podrían dinamitar uno de los pilares más preciados de la UE, como es de la libre circulación de personas. Este coste no solo sería social, sino también económico, pues obligaría a levantar de nuevo fronteras nacionales con el consiguiente perjuicio para empresas transfronterizas, el turismo o para los ciudadanos que viven en un estado y se desplazan cada día a otro país vecino.

Para solventar el reto de la crisis de los refugiados, preservar la seguridad frente al terrorismo y la libre circulación de personas es necesario un mayor control de las fronteras exteriores de la UE. Un objetivo que requiere reforzar la agencia europea de fronteras (Frontex) o sustituirla, como quiere la Comisión, por un cuerpo europeo de policías fronterizos y costeros que puedan desplegarse en países como Grecia, Italia o Hungría, aunque se oponga el Estado miembro, o en Macedonia o Serbia, si así lo requiriesen.

Asimismo es necesario un sistema de asilo que permita repartir los refugiados entre los 28 estados miembros, acelerar los procesos de expulsión para quienes no tengan derecho a asilo y cerrar acuerdos de ayuda económica, como el firmado con Turquía, con Líbano y Jordania, para mejorar la situación en estos países de acogida de refugiados. También hay que afrontar el problema de las mafias con visados humanitarios que permitan distribuir a los refugiados en puntos de tránsito para que viajen con mayor seguridad.

Los partidos más extremos aprovechan el terrorismo para demonizar a los refugiados y azuzar la islamofobia. Para evitar el problema terrorista se debería mejorar la coordinación entre los servicios de inteligencia y habrá que adoptar el sistema de registro del nombre de pasajeros de aviones, barcos y trenes que viajen a nivel intra-europeo. También se necesita mejorar la utilización del sistema de información Schengen, que permite cruzar la comprobación de identidades con bases de datos de criminales o vehículos.

Además de un sistema de asilo europeo y reformas para mantener el espacio Schengen con una policía de tipo federal; es necesario ir a la raíz del problema con una política exterior y de seguridad más integrada y una estrategia clara para acabar con el Daesh y dar estabilidad a los estados fallidos de Iraq, Siria y Libia. La UE afronta una batería de retos tan complejos que requerirán de una Europa cada vez más federal.

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