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¿Se escuchaba música en las cavernas?

Patrimonio l La arqueología se está abriendo en los últimos años a nuevas disciplinas y una de ellas es la música. Un turiasonense, Carlos García Benito, acaba de presentar su tesis doctoral sobre arqueología musical.

3 Foto 1. Imagen de lo que podría ser un hombre tocando la lira en una pintura rupestre de El Cerrao (Obón, Teruel).
3 Foto 1. Imagen de lo que podría ser un hombre tocando la lira en una pintura rupestre de El Cerrao (Obón, Teruel).

Un historiador turiasonense, Carlos García Benito, presentó el pasado mes de febrero su tesis doctoral, una investigación que indagaba en qué se puede saber de la música y los sonidos en la Prehistoria a la luz de los hallazgos arqueológicos. Su trabajo incide en una disciplina que poco a poco se está abriendo paso entre los especialistas, la arqueología musical. Si hasta hace poco ningún historiador reparaba en los aspectos musicales y sonoros de la Prehistoria, ahora se estudian las pinturas rupestres y los hallazgos arqueológicos intentando descifrar incógnitas que han acompañado al hombre durante décadas. García Benito es licenciado en Historia y tiene los títulos de Grado Medio en Clarinete y Superior de Música con la especialidad de Musicología. Solo con un perfil tan multidisciplinar se pueden abordar ese tipo de cuestiones.

"Llegué a esta disciplina sin saber muy bien qué era –confiesa–. Me gusta mucho la investigación, y vi que en la arqueología musical se unían mis dos pasiones. Así que empecé a trabajar poco a poco, a reunir información, a investigar".

La arqueología musical se ocupa, por ejemplo, de intentar saber, a través de las pinturas rupestres, qué instrumentos se utilizaban en la Antigüedad; analizando los restos arqueológicos, también, busca reconstruir (incluso extraer sus sonidos) flautas, silbatos y todo tipo de instrumentos que han aparecido en las excavaciones.

Pero va mucho más allá. Carlos García Benito, por ejemplo, participó hace unos años en una investigación pionera, que intentaba dilucidar si existía una relación entre la acústica de las cuevas y el arte levantino. Analizando aspectos como la reverberación y el eco en los abrigos, demostró que las cuevas con pinturas rupestres son las que cuentan con mejor acústica. El resultado del aquel trabajo apareció publicado en la revista ‘Journal of Archaeological Science’, una de las más prestigiosas de la especialidad.

"Hay una cierta relación entre el lugar donde el hombre primitivo pintó y su acústica –resume–. Creo que era un factor más del componente ritual y simbológico que tenían las pinturas".

Flautas y bramaderas

Los orígenes de la música han sido muy cuestionados entre los prehistoriadores porque se trata de un arte que apenas deja vestigios físicos. Pero existen.

"La estela de Luna, o de Valpamas, que es de la Edad de Bronce, tiene representada en ella una lira –relata García Benito–. Pero también se han encontrado instrumentos reales: en el teatro romano de Zaragoza, sin ir más lejos, apareció una flauta. En algunas cuevas como la cántabra de El Pendo, se han hallado bramaderas, objetos que se hacían girar y emitían un zumbido. El problema es que, hasta hace muy poco, los restos de este tipo que se descubrían no despertaban el interés ni de los arqueólogos ni de los musicólogos".

¿Se interpretaba música en la Prehistoria? Este especialista se muestra cauto. "En el contexto prehistórico –subraya–, hablar de música es algo aventurado. Pero podemos pensar que tuvieron instrumentos capaces de producir sonido, algunos de los cuales no se han conservado. Pero el hecho de que no se hayan conservado no quiere decir que no existieran. En cualquier caso, nosotros centramos nuestros estudios en los sonidos, en el paisaje sonoro. Lo lógico es pensar que el primer instrumento fue la voz humana. De ahí se tuvo que pasar a la percusión corporal, pero ese ya es campo de la antropología".

Uno de los objetos que analiza en su tesis doctoral es la famosa flauta de Isturitz (País Vasco), uno de los instrumentos musicales más antiguos del mundo (si es que se empleaba con ese fin, y no para atraer la caza).

"Es un hueso de buitre, un cúbito, que tiene cuatro perforaciones ovaladas. Siempre se ha dicho que es una flauta, pero yo defiendo que más bien puede definirse como aerófono, porque se puede tocar con boquilla y funciona". Y aún dice más en la tesis: a su juicio, ese hueso "puede ser tocado como un instrumento de bisel (flauta oblicua), de lengüeta (clarinete) o de labio (trompa o trompeta), siendo así un ‘multi-instrumento’". Y para defenderlo, lógicamente, hacen falta los conocimientos musicales que él posee.

Danzas tribales y festivas

García Benito ha estudiado a fondo todo el arte rupestre levantino en busca de la representación de objetos musicales. "He encontrado trazos que pueden corresponder a instrumentos y escenas que podrían ser danzas. De estas últimas, quizá las dos representaciones más claras estén en el Barranco de los Grajos, en Cieza, Murcia, y en el abrigo de Muriecho, en Colungo, Huesca. Son danzas tribales y festivas en las que el sonido está implícito".

García Benito logró el doctorado con su tesis, que defendió en febrero ante un tribunal integrado por Pilar Utrilla y Gabriel Sopeña (Universidad de Zaragoza), Javier Baena (Universidad Autónoma de Madrid), Rupert Till (University of Huddersfield) y Ricardo Eichmann (Deutsches Archäologisches Institut).

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