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Los Panero, saga maldita / maldita saga

Luis Antonio de Villena explora la fascinación, la locura y las paradojas de la famosa familia.

Los Panero, saga maldita / maldita saga
Los Panero, saga maldita / maldita saga
Víctor Meneses

El fallecimiento del poeta Leopoldo María Panero (1948 -2014) ha provocado un pequeño remolino en el mundo editorial y van desfilando los últimos trabajos poéticos del finado (‘Rosa enferma’ en Huerga & Fierro), una recopilación generosa de artículos, correspondencia, conferencias e incluso alguna entrevista (‘Textos encontrados’ en Visor), suplementos culturales (‘El Mundo’) y revistas especializadas (‘Quimera’)… en fin, un más que interesante compendio del que ha sido quizá, uno de los poetas más alabados, insultados, glorificados y vituperados de la poesía española más actual desde su inclusión, a su pesar, en la antología de Castellet dentro de los ‘novísimos’.

Se une ahora al análisis otro miembro de tan selecto club, Luis Antonio de Villena, quien gozó de la amistad de Leopoldo María en sus primeros días y sufrió su presencia en los años tempestuosos. Desde su viaje a París a principio de los ochenta la tempestad fue ya constante (la anécdota terrible de un Leopoldo mojando croissants en los charcos antes de comerlos sigue produciendo escalofríos). Pero "el monstruo", tal como se definía en los años en que su deterioro físico fue demoledor, era algo más que una rareza de feria; algunos de sus poemas y alguno de sus libros (‘Teoría’, el soberbio ‘Narciso en el último acorde las flauta’, el estremecedoramente bello ‘Poemas del manicomio de Mondragón’, etc.) no pertenecen a un ‘posseur’ sino a una voz literaria distinta, brutal y en ciertos momentos completamente revolucionaria.

El presente libro, ‘Lúcidos bordes de abismo’ (Fundación José Manuel Lara, Noviembre 2014), intenta y en cierto modo consigue trazar una visión algo más humana de Leopoldo María desde el trato amistoso que Luis Antonio de Villena tuvo con su compañero de juergas hasta los años en los que el autor huía despavorido ante la sola posibilidad de encontrarse con "la fiera" (el autor y cualquiera que intuyera que Panero iba a asomar su castigado físico a menos de varios kilómetros). Lo más interesante del libro es que Villena no traza solo un retrato del mencionado, lo hace de toda la "saga maldita" a la que trató. Desde Felicidad Blanc, esa madre entre romántica y cruel que decidió inventarse una realidad paralela ante las borracheras y palizas de su marido, el poeta Leopoldo Panero, como puede verse en la extraordinaria película ‘El desencanto’ y leerse en su libro dictado ‘Espejo de sombras’, pasando por Juan Luis Panero, el hermano mayor al que Villena trató más que a ninguno y del que se presenta una visión interesante y poéticamente reivindicativa (poeta destacable, sin duda, pero en la orilla opuesta a un Leopoldo María que apareció como un cañón en las letras y barrió al hermano, cosa que éste parece que no le perdonó jamás) que narró sus aventuras múltiples y su trato con la flor y nata de las letras en otro libro, qué curioso, ‘dictado’ (‘Sin rumbo cierto’, Tusquets, 2000. XII Premio Comillas).

Y cómo no, Moisés Panero (‘Michi’), el dandy, el rey de la noche madrileña que terminaría muriendo en la miseria con 52 años y sin obra publicada, aunque la segunda película sobre la familia (‘Después de tantos años’) le tiene como narrador y centro mostrándolo en una triste decadencia pero manteniendo su acidez. Sus colaboraciones en prensa es lo poco impreso que nos dejó y es una pena porque prometía y mucho. Todos han muerto.

De las vicisitudes de todos habla Luis Antonio de Villena en su estilo amable y poético lo que tiene gran mérito teniendo en cuenta el contenido. No se quiere biógrafo. Son sus recuerdos. El cariño, el horror, las ausencias que le llevaron a tratar a una de las familias básicas en la poética española. Quizá sirva también para poder leer o releer al padre y a los dos hijos mayores.

Leopoldo María especialmente puede gustar mucho, poco o ser aborrecido pero la poesía española sintió en sus carnes la acometida del monstruo. Para algunos ya nada fue igual. Uno de los fragmentos más conmovedores podría ser el dedicado a la murte de Felicidad Blanch:"… La realidad, sí, es que Felicidad murió sola, pero todos sus hijos se llegaron al hospital, donde sólo la vieron muerta en el tanatorio o –como Juan Luis, último en llegar- solo camino del crematorio… Leopoldo, desesperado, abrumado, se lanzó a hacerle la respiración boca a boca… al ver la escena terrible Michi se llevó a su hermano al piso de Irún donde viviera la fallecida… Juan Luis, el último, el menos dramático, solamente vio a sus nada queridos hermanos de lejos… Michi, que además se había separado de Paula Molina tras apenas tres meses de convivencia, quedó fuertemente deprimido… A Leopoldo se le agudizaron sus síntomas más desquiciados y decía que a su madre la había asfixiado un loco con una almohada". Libro muy, muy recomendable.

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