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El fiscal pide tres años de cárcel para el chófer del bus que se precipitó al foso de la estación

Los 38 pasajeros que resultaron heridos eran trabajadores del turno de noche de Opel que regresaban a casa. El conductor llegó a circular a 91 km/h en un tramo urbano limitado a 50 km/h.

Tres años de prisión es la condena a la que se enfrenta Miguel Ángel R. A., de 40 años, el chófer de la empresa Therpasa que el 26 de noviembre de 2010 se precipitó con el autocar que conducía y con sus 38 pasajeros a la zona ajardinada de la dársena de la estación de autobuses de Zaragoza. Antes de volar literalmente y caer desde una altura de diez metros, el vehículo se llevó por delante dos semáforos, una farola, remontó una mediana y rompió la valla que delimita la parte superior del foso de la estación.

Todo ello fue producto, según la Fiscalía, de una conducción imprudente por parte del acusado, que circulaba a una velocidad superior a la permitida y sin prestar atención al resto del tráfico. A consecuencia de su imprudencia, 38 personas resultaron heridas, algunas de ellas muy graves y que se han quedado con secuelas para toda la vida. Solo cinco pasajeros sufrieron lesiones que simplemente requirieron una primera cura, pero el resto, 33, necesitaron de tratamientos médicos que en algunos casos aún perduran. De hecho, seis de los trabajadores tienen reconocida actualmente la invalidez permanente y uno necesita silla de ruedas para deambular. Por eso, el fiscal acusa al chófer de 33 delitos de lesiones por imprudencia grave y le pide tres años de cárcel.

A lo largo de la dilatada instrucción judicial del caso, que se ha prolongado precisamente por la necesidad de valorar las lesiones de los perjudicados, 28 han sido indemnizados por la compañía Allianz Seguros y Reaseguros y ya no reclaman nada ni al conductor ni a la aseguradora, como responsables civiles directos, ni a Therpasa, como responsable subsidiario. Sí que lo siguen haciendo diez personas, las que sufrieron las lesiones más graves.

Situación en el carril erróneo

Como ya se apreció casi el mismo día del accidente, un posicionamiento erróneo en el carril de circulación y un exceso de velocidad fueron las dos causas que lo propiciaron. El autobús había recogido a trabajadores del turno de noche de la planta de la General Motors de Figueruelas que terminan su faena a las 6.00. El vehículo cubría la conocida como ruta 1 del barrio de La Almozara. Sobre las 6.40, el autocar ya había dejado la A-68 y transitaba por la avenida de Soria, en dirección al centrode la ciudad, que tiene cuatro carriles. El conductor circulaba por el situado más a la derecha de la vía, que obliga a girar hacia la avenida de Navarra, al tiempo que en el carril de su izquierda, que permite tanto seguir recto como girar a la derecha, iba un turismo Mitsubishi ocupado por una pareja que se dirigía al vestíbulo de la estación. Por esa razón, al llegar a la altura del cruce e indicar con el intermitente, el coche dobló a la derecha mientras que el chófer del autobús, pese a obligarle el carril, continuó recto y golpeó al Mitsubishi en el lateral derecho. Ninguno de sus dos ocupantes resultó lesionado.

Descontrolado por la colisión, Miguel Ángel R. A. ya no pudo rectificar la maniobra y el autocar chocó contra dos semáforos, una farola, remontó una mediana, rompió la valla que delimita la parte superior de la dársena de la estación de autobuses y cayó desde un desnivel de diez metros a la zona ajardinada. La fortuna quiso que ‘aterrizara’ sobre sus ruedas en la superficie de tierra, en vez de la cementada, y se mitigara considerablemente el daño a los pasajeros y al conductor.

La investigación reveló que el autocar circulaba a una velocidad de entre 79,4 y 91 kilómetros por hora, en un tramo que está limitado a 50 km/h al ser casco urbano. Para el fiscal, esto supone conducir "despreciando las más elementales normas de conducta" y "desatento a la circulación".

Iban dormidos

Cuando declaró ante los agentes de la Policía Local de Zaragoza, el chófer de Therpasa reconoció que iba mal situado en los carriles, pero negó que fuera con exceso de velocidad. El conductor justificó esa incorrecta ubicación en los lances de la propia circulación, cuya dinámica le obligó a colocarse ahí. Pero respecto a la velocidad, nunca lo ha admitido.

La mayoría de los pasajeros iban dormidos cuando se produjo el accidente. Muchos se despertaron al sentir los volantazos y el impacto con los semáforos, pero otros no lo hicieron hasta que se estampó contra el suelo. Cinco pasajeros salieron despedidos por las lunas.

"Me desperté con el primer volantazo y de pronto vi que el autocar se llevaba todo por delante y que volábamos. Me agarré todo lo fuerte que pude al asiento, me agache y esperé el golpe. Te pasa toda la vida por delante y piensas que vas a morir", contó entonces uno de los viajeros.

El juicio se celebrará probablemente el próximo mes de mayo y están citados como testigos todos los pasajeros.

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