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Los estudiantes de FP también se van de 'erasmus'

237 alumnos de Formación Profesional aragoneses están disfrutando de esta experiencia en 2014.

Marina Cañaveras, durante su estancia en Toulouse
Los estudiantes de FP también se van de 'erasmus'

Son menos conocidas que las becas para universitarios, pero los estudiantes de Formación Profesional también pueden vivir la experiencia de salir de su país, en su caso para conocer la realidad del empleo en la Unión Europea. En 2014, 237 alumnos de FP de centros aragoneses han obtenido una de estas ayudas. Algunos la han disfrutado ya, mientras que otros lo harán en los próximos meses.

Patricia Carmona ya sabe lo que es una beca Erasmus de FP. Estudió higiene bucodental,y decidió ir a Londres, a pesar de que su instituto no contaba allí con empresas para realizar las prácticas. “Me dijeron que no había problema e hicieron el convenio, pero se desentendieron de buscar un lugar y tuve que encontrarlo sola”, explica. Finalmente, tuvo suerte. Envió su petición a numerosas clínicas dentales y, aunque solo le contestó una, allí encontró a un dentista español.

A pesar de estos problemas iniciales, aconseja a quien pueda que aproveche esta oportunidad. “Precisamente se lo recomendé a otra chica del grado y ahora está en Londres”. “Me lo pasé muy bien, aunque es muy diferente a los ‘erasmus’ de los universitarios, porque esto son prácticas y, por ejemplo, yo fui sola”. Tanto le gustó su vida en Londres que permaneció allí tres meses más. “Me volví porque me quedé sin trabajo, pero tengo ganas de volver”.

También se quedaron con ganas de más Marina Cañaveras, que disfrutó de una beca hace un par de años como estudiante de realización. “Estuve tres meses en Toulouse de prácticas. No fue fácil, porque te exigen conocimientos del idioma, pero estuvo bien. Este curso estoy estudiando otro grado y me volvería ahora mismo, pero no se puede repetir”.

En su caso, el mayor problema fue igualmente encontrar un lugar para realizar las prácticas. “Había acuerdos con empresas por otros años, pero éramos muchos y faltaban, por lo que algunos se las buscaron por su cuenta”. “Incluso un compañero renunció a la beca, porque a dos semanas de empezar, no tenía ni país asignado”. Ella terminó trabajando en una asociación como voluntaria, un empleo del que se siente muy orgullosa. “Me encargué de realizar un documental sobre los gitanos rumanos; grabé parte y lo monté entero. Estoy muy contenta de cómo quedó finalmente”.

Otra dificultad es que las becas no duran un curso o un cuatrimestre, como en el caso de los universitarios, sino que son para unos tres meses, así que encontrar un alojamiento se complica un poco más. “Fui en marzo y estaba todo lleno, aunque al final una compañera y yo encontramos una residencia privada que estaba muy bien”.

No todo fueron complicaciones, desde su instituto también tuvo ayuda para facilitarle su vida en Francia. “Nos pusieron un profesor de francés durante seis meses, para que aprendiésemos lo básico”. Además, en noviembre les hicieron una prueba de nivel para asegurarse de que era suficiente para manejarse en las empresas.

A la espera de esta prueba está Marga Montañés, estudiante de Iluminación que el próximo mes de marzo espera estar de camino a Francia. El lugar exacto, todavía no lo sabe. “Este año es un poco raro, porque hemos tenido que pedir la beca con más tiempo”, explica. La solicitó el pasado mes de abril y ya sabe que la respuesta es sí. “Me han dado 1.500 euros para tres meses”, indica. Una cantidad que, asegura, no le da para vivir en ese país. "He estado trabajando para ahorrar algo de dinero e irme. Antes estudié una carrera, pero no pedí un erasmus porque son periodos más largos y no me lo podía permitir".

Aunque todavía le quedan meses por delante para prepararse, tiene claro qué es lo que busca al otro lado de los Pirineos. “Por un lado, quiero mejorar el idioma. También es una oportunidad de estar fuera de casa, trabajar en un entorno profesional y conocer otra cultura y otra manera de trabajar”.

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