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Piden a Cultura investigar el destino de obras de arte sacro salvadas de la guerra

Decenas de valiosas piezas se llevaron a Ginebra y se sospecha que a su vuelta, las del Aragón oriental fueron entregadas a Lérida

La arqueta del patrón San Medardo, recuperada de Lérida en 1974 tras su traslado durante la Guerra Civil, es protagonista de las fiestas de Benabarre, cuyos vecinos la sacan en procesión el día grande.
Piden a Cultura investigar el destino de obras de arte sacro salvadas de la guerra
A. Pociello

El director general de Patrimonio Cultural, Javier Callizo, acaba de recibir una petición para que el Gobierno de Aragón investigue el paradero de decenas de obras de arte sacro aragonesas que durante la Guerra Civil fueron trasladadas a Ginebra para ser custodiadas junto con otras tan valiosas como las grandes joyas del Museo del Prado. Lo ha solicitado el abogado experto en el litigio de los bienes Jorge Español, que ha localizado en los archivos de Naciones Unidas el ‘Inventario de los tesoros de arte españoles’ que fueron enviados a comienzos de 1939 a la sede de la Liga de las Naciones, en dicha ciudad suiza.

En esos documentos se constata que allí se recibieron piezas, principalmente de orfebrería (cálices, candelabros, bustos, relicarios, etc. de oro y plata) procedentes de diversas localidades aragonesas como Huesca, Barbastro, Alquézar, La Puebla de Roda, Daroca, Teruel, Albarracín...

Terminada la contienda, España reclamó la repatriación de todo el patrimonio artístico rescatado, pero según sospecha Español, las piezas de las parroquias del Aragón oriental que entonces dependían de la diócesis de Lérida, fueron enviadas a esta ciudad. Uno de los indicios que le lleva a mantener esta tesis es el caso de la arqueta de San Medardo de Benabarre que, según explica el letrado, desapareció de su ubicación en la guerra y a comienzos de los años 70 fue reconocida de forma casual por un descendiente de la localidad en una sala cerrada al público del palacio episcopal ilerdense. Finalmente, se consiguió que la pieza, aunque no completa, volviera a Benabarre en 1974. «Según los sacerdotes de la época, el obispado nunca reconoció que lo tenía, dijeron que alguien lo había dejado en el Museo de Barcelona bajo secreto de confesión», recuerda Español.

Ahora, pretende que se aclare dónde acabaron el resto de obras salvadas, que no figuran entre las que reclama Aragón a Lérida.

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