Aragón

La Universidad detecta casos de abandono por no poder pagar los gastos de matrícula

La Institución trata de impedir estas situaciones facilitando matrículas fraccionadas o a tiempo parcial e, incluso, anulaciones.

Estudiantes en la biblioteca María Moliner

La Universidad de Zaragoza viene detectando, ya desde el año pasado, varios casos de alumnos que han dejado aparcados sus estudios al no poder permitirse el pago de la matrícula. El volumen total de estas situaciones no está cuantificado, si bien cabe destacar que la defensora universitaria, María José Rabanaque, tramitó el pasado curso académico 19 expedientes relacionados con problemas económicos. La percepción, apunta Rabanaque, es que "el problema real es mayor, ya que muchos alumnos deciden no recurrir a la Institución".

Desde el campus público se percibe en los estudiantes "una gran preocupación por las dificultades económicas para poder finalizar sus carreras, a lo que se une la falta de perspectiva laboral". La defensora apunta hacia tres aspectos básicos que marcan esta triste deriva: "Por un lado, la crisis económica ha afectado a muchas familias, dificultándoles el sostenimiento de los alumnos, y que además ha limitado la financiación de la propia Universidad. Además, ha habido cambios normativos -a nivel nacional- que han elevado los precios públicos de las tasas. Igualmente ha tenido un impacto importante los cambios en las políticas de becas".

A todo lo anterior se suman las políticas de permanencia, que obligan a los estudiantes a matricularse en un mínimo de créditos cada año (42, si se trata de matrícula a tiempo completo) y a concluir sus estudios en un periodo de entre 7 y 9 años (en función de la carga lectiva de cada grado y siempre que se trate de una matrícula a tiempo completo).

El último informe de la defensora universitaria destaca que "hay que considerar de modo especial la existencia de alumnos con matrículas realizadas confiando en la obtención de beca y que, ante la resolución negativa, tienen que hacer frente a pagos que no pueden asumir, pudiendo quedar en situación de morosos con la Universidad".

Ante situaciones como esta, y para tratar de minimizar la problemática lo máximo posible, el vicerrectorado de Estudiantes ha puesto en marcha en los últimos años varias medidas, facilitando las matrículas fraccionadas o a tiempo parcial e, incluso, la anulación de materias en las que el alumno estaba inscrito.

En otras ocasiones la situación personal y académica del alumno resulta imposible de reconducir: "Se dan situaciones sobrevenidas, con alumnos cuyos padres se quedan en paro y que tienen que ponerse a trabajar, a veces sin contrato, por lo que ni siquiera pueden justificar ese empleo en la Universidad", indica Rabanaque.

Menos créditos

Como consecuencia directa, se han incrementado las Cada vez "Igual que antes protestaban de forma puntual por suspender una asignatura de una manera que consideraban injusta, ahora estas quejas llegan en bloque, con alumnos que no sólo se quejan de cómo se ha resuelto el examen sino también por las tasas que van a tener que abonar por segunda matrícula".

Otra tendencia que se aprecia en la Universidad es que "cada vez hay más alumnos que se matriculan de menos créditos". Es decir, que sólo cursan el número de asignaturas que pueden permitirse con el dinero que tengan disponible". También se ha visto reducido de manera importante, como consecuencia del incremento de las tasas, el número de estudiantes de máster.

Aumenta la crispación

El pasado curso la defensora tramitó 264 expedientes, más que en ningún año anterior. "Y la sensación es que este curso, en el que ya llevamos 118, se acabe superando esa cifra", señala Rabanaque, quien subraya que "parece haber aumentado el clima de crispación", con la "aparición de algunos conflictos que resultan difíciles de resolver" y que encuentran su raíz en las estrecheces económicas y en "la falta de perspectiva laboral tanto de los estudiantes como del profesorados y del personal administrativo y de servicios".

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