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Aragón
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La importancia de las raíces

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Llevo más de cuarenta años residiendo fuera de mi querida Zaragoza donde nací, bueno aterricé en este mundo en el popular Barrio de Santa Isabel y dentro de él, en un lugar llamado Torre del Conde.

Pero nunca he faltado a mis citas anuales (alrededor de ocho o nueve al año, al menos), y en la penúltima del año actual, coincidía con el ochenta y ocho cumpleaños de mi madre, le había prometido que la llevaría al lugar referido anteriormente donde se crió, creció y formó hasta que al casarse se trasladase a la ciudad, según ella, no volvía hacía más de cuarenta años, así que estaba ilusionada por volver de nuevo a “su casa”.

Mi hermana residente en Zaragoza (al igual que mi madre) me decía “no vas a encontrarla, otros la han buscado sin éxito”, yo no me lo creía, pero tenía mis dudas, ya que hacía más de treinta y cinco años que no pisaba estos lares… y la verdad no fue fácil, han cambiado las carreteras, existen autovías que varían la perspectiva del paisaje, pero me detuve con mi automóvil en un lugar que me recordaba mi niñez, y además me lo confirmaba la estación de servicio con un pequeño hotel, cuyo nombre me sonaba a gloria “Torre del Conde”, el corazón estaba alborotado y latía a grandes revoluciones, pero éste lugar que buscaba estaba en un alto, y buscando un camino oteé uno pedregoso que ascendía, lo tomamos y al momento mi hermana me decía “¿Cómo vas a tomar el camino, con éste coche?, corremos peligro”, le tranquilicé con: nos llevará a lo que buscamos.., y así fue, cuando me bajé del coche, pude observar la foto que tengo en mi memoria desde mi niñez: Zaragoza, con El Pilar y la Seo, destacando a pesar de la modernidad que la flanquean por todos los lados…, pero faltaba la Torre, las dudas me asaltaban cuando una persona de la zona se acercó para preguntarme ¿Qué hacen Uds. por aquí?, al contestarle que mi madre nació y se crió allí y a mí me trajo al mundo en ese lugar, me comentó que fue derruida hacía unos cinco años, ya que la utilizaban ladrones para guardar el botín.., pena de final, pero la tarde cargada de emociones que pasamos, jamás la olvidaremos.

Manuel Lanuza Vicente

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