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INVERTEBRADOS

La estrategia de las libélulas para pasar el frío invierno

No es fácil estimar el número de especies de insectos que hay en el mundo. Algunos autores piensan que puede haber entre seis y diez millones, mientras que otros elevan esta cifra hasta los treinta millones. De ellas, sólo una pequeña parte son conocidas por la ciencia, en torno al millón de especies. Sea cual sea el número, lo que está claro es que este grupo de pequeños invertebrados supone la inmensa mayoría de formas de vida sobre la Tierra.

Libélula del género Sympetrum
Libélula del género Sympetrum
RODRIGO PÉREZ

No es sólo la variedad lo que caracteriza a los insectos, sino su enorme abundancia. Se estima que puede haber unos doscientos millones de insectos por cada ser humano. En nuestras tierras, como corresponde a la zona templada del planeta, la mayoría de ellos desarrolla su vida en las suaves jornadas de primavera, verano y otoño. Pero, ¿dónde se meten todos estos animales durante el invierno?. La respuesta, como no podía ser de otra forma, es muy variada. Los hay, los menos, que pasan el frío invierno en forma de adultos aletargados, otros se empupan bajo tierra u otros refugios al abrigo de las inclemencias del tiempo, otros adquieren formas de resistencia, algunos se encuentran en forma de larvas, casi siempre acuáticas, y otras evitan el frío cumpliendo su ciclo vital en menos de un año y afrontando la dura estación invernal en forma de huevo.

Las dos últimas estrategias son las habituales del grupo que nos ocupa en el día de hoy, el de los odonatos. En él se incluyen las populares libélulas y caballitos del diablo, con cerca de cinco mil especies repartidas por todo el mundo. La mayoría de ellas pasan el invierno en forma de huevo acuático, en un estado conocido como diapausa, pero algunas tienen larvas acuáticas de una duración de hasta cinco años. Esto es especialmente frecuente en las especies de alta montaña, donde las aguas son muy frías. Esta fase acuática cumple un importantísimo papel en los ecosistemas de agua dulce ya que representan formidables depredadores capaces de capturar renacuajos y pequeños peces.

Los odonatos forman junto a las efímeras el grupo más primitivo de insectos, caracterizados por el tipo de nervios presentes en las alas y por la imposibilidad de moverlas hacia atrás. Es muy fácil diferenciar a simple vista las libélulas de los caballitos del diablo: las primeras se posan con los dos pares de alas abiertos y no superpuestos, mientras que los segundos pliegan y juntas los cuatro alas. En muchas especies hay dimorfismo sexual, siendo por lo general el macho de un color más llamativo. En Aragón contamos en torno a sesenta especies, algunas de ellas incluidas en el Catálogo de Especies Amenazadas, tanto a nivel nacional como autonómico, así como en el Libro Rojo de Invertebrados.

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