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EXPEDICIÓN MALASPINA

De cómo la salinidad del mar decide el clima del planeta

Estas boyas, diseñadas por el CSIC, navegarán a la deriva durante dos años, enviando datos
Estas boyas, diseñadas por el CSIC, navegarán a la deriva durante dos años, enviando datos
CSIC

La salinidad del agua de los océanos es una variable fundamental para que siga funcionando el sistema de calor del planeta. Ya se ha confirmado que la temperatura de la tierra está subiendo; ahora, es necesario comprobar qué está pasando en los mares. Para saberlo son esenciales los datos que va a aportar la Expedición Malaspina, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España a través de la información que envíen 20 boyas que ha lanzado el buque Hespérides. Se trata solo de una de las misiones que va a llevar a cabo esta expedición, que durante siete meses surcará los océanos hasta las zonas más recónditas.

La salinidad es la variable que relaciona los cambios que hay en el ciclo del agua: «Si llueve en el mar aumenta el agua dulce y disminuye la salinidad; si hay evaporación por insolación, el agua se va a la atmósfera mientras la sal se queda en el océano y aumenta la salinidad. Por otro lado, con el deshielo de los polos y las descargas de los ríos se introduce agua dulce en el sistema y cuando hay congelación en las zonas polares en invierno se hiela solo el agua, no la sal, y suben los índices del mar» explica Jordi Font, investigador del Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.

LA CORRIENTE DEL GOLFO

Con altos índices de salinidad se crea el ‘agua densa’, que se hunde y hace fluir las corrientes marinas. Es la salinidad, por ejemplo, la que hace que exista la corriente del Golfo. Esa corriente que hace circular el agua cálida del Caribe hacia el norte del Atlántico, caldeando como un radiador las costas europeas hasta Escandinavia. La misma corriente que provoca que todos los años veamos fotos de las grandes nevadas en Nueva York mientras nada parecido sucede en Madrid, situada en el mismo paralelo. O en Zaragoza, en un paralelo incluso un poco superior. Esto sucede porque el agua tiene más capacidad para retener el calor que el aire (es obvio que cocemos las verduras en agua, no en aire).

Sin embargo, la salinidad es una variable a la que se recurre con mucha menos frecuencia que a la temperatura por el esfuerzo que supone medirla. Con el objetivo de medir los niveles de sal, en los año noventa se puso en marcha el proyecto de investigación del satélite SMOS, de la Agencia Espacial Europea, que mide la salinidad de la Tierra en función de la radiación.

Las boyas que ha lanzado el Hespérides son instrumentos muy fiables que obtendrán datos precisos sobre temperatura y salinidad tomados desde las mismas aguas y, además, no a nivel superficial sino a 50 cm de profundidad. Estas mediciones servirán para comprobar el funcionamiento del SMOS, una empresa científica que se está llevando a cabo sobre todo por investigadores españoles y franceses, y que está captando datos sobre la temperatura y salinidad de toda la superficie marina del planeta.

«Las boyas llevan unos sensores que toman la medida precisa de la temperatura y conductividad eléctrica del agua, –que es una propiedad que da la salinidad–, y transmiten esos datos. Además, el Hespérides está llegando a zonas que no cubren las rutas comerciales, por lo que vamos a tener datos que no sería posible obtener de ninguna otra manera», explica Font, participante de la SMOS y coordinador de esta misión de la expedición Malaspina.

Tras un mes de navegación, los científicos a bordo del Hespérides han realizado una prospección del ecosistema del océano hasta 4.000 metros de profundidad. Las muestras tomadas han revelado que se trata de un ecosistema “biológicamente muy activo”, ha indicado el coordinador de Malaspina Carlos Duarte.

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