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Aragón

VALDEJALÓN

El agua como terapia para la mente y el cuerpo

Iván tiene 26 años y se desplaza en silla de ruedas. Sus dificultades para moverse son menores dentro del agua, donde se siente más libre. Él es uno de los usuarios del centro de día de la Asociación de Disminuidos Psíquicos La Paz (Adispaz) de La Almunia. Desde hace apenas un mes, una vez por semana una terapeuta ocupacional y una auxiliar acompañan a cinco de los chavales hasta la piscina de La Muela, donde utilizan la fuerza del agua como terapia.

 

Para Maite Orihuela Arrese, terapeuta ocupacional, los juegos que se hacen en el agua, de forma individual o en grupo, "van dirigidos a desarrollar la coordinación, equilibrio, regular el control postular y mejorar patrones de movimiento, el tono y la fuerza muscular". Según explica, ella y la auxiliar que le acompaña, Laura Moreno, dividen cada clase en dos partes: una más activa, la de juegos, y otra de relajación, que se hace en una piscina con agua más caliente.

 

En esta segunda parte se apoyan en la técnica 'watsu', en la que la terapeuta sumerge al paciente y lo sostiene en sus brazos. Este, con los ojos cerrados, se deja llevar en una especie de baile muy lento con el que se flexiona y estira su cuerpo. Una relajación tanto física como emocional.

 

Precisamente, nada más salir de esta actividad, Carlos, que tiene 35 años, asegura sentirse como nuevo. A diario, va al centro ocupacional de Adispaz de la localidad almuniense, donde realizan tareas de psicomotricidad, pero una de las cosas que más le gusta, según cuenta él mismo, es la piscina.

 

Pese a que hace poco tiempo que pusieron en marcha esta terapia, los profesionales han empezado a notar los primeros resultados: "Duermen mejor, tienen más autocontrol de su conducta y emociones y menos ansiedad", apunta Maite Orihuela. Además, confían en que a largo plazo, puedan conseguirse mejoras en el movimiento y la estabilidad de los usuarios.

 

Bea y Octavio son los otros dos pacientes que acudieron a la piscina de La Muela el pasado jueves para su sesión de hora y media. Mientras ella flota ayudada de un flotador con forma de churro, Octavio, que tiene síndrome de Down, coge de un cubo las letras de colores que componen su nombre y las traslada hasta el otro lado de la piscina, donde las va ordenando. Con ese ejercicio, compagina tanto el trabajo físico como el intelectual.

 

Todos juntos participan también en un juego que consiste en coger aros de colores del suelo de la piscina y metérselos en la pierna. En este caso, buscan el equilibrio de los usuarios así como que participen al mismo tiempo en una competición entre ellos.

 

En cada sesión de terapia suelen participar cinco usuarios del total de 19 que hay ahora en la asociación (que tiene plazas para un total de 20). Cada semana van rotando y suelen ser acompañados de un familiar para ir hasta La Muela, ya que en La Almunia no hay piscina cubierta. El programa en el que participan estos discapacitados intelectuales está cofinanciado por el Ayuntamiento de la localidad.

Una asociación formada en 1992

Esta es solo una de las muchas acciones que se hacen en la entidad para mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad intelectual, un objetivo que les mueve desde su constitución en 1992.

En sus 17 años de trayectoria, Adispaz ha ido incorporado nuevos usuarios y ha ampliado sus servicios. Una década después de su fundación, la entidad inauguró sus propias instalaciones, donde se prestan servicios de centro ocupacional, centro de día, actividades de ocio y tiempo libre y atención a las familias. Al principio, estuvieron en unas instalaciones del Ayuntamiento.

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