Aragón

VALDEJALÓN

Las obras del consultorio de Ricla obligan a los médicos a trabajar en barracones

Las recetas se visan en la planta baja del Ayuntamiento. La ubicación de las instalaciones centran las críticas vecinales

Un grupo de pacientes esperaba ayer su turno en el centro médico provisional.
Las obras del consultorio de Ricla obligan a los médicos a trabajar en barracones
Oliver Duch

Los médicos de Ri-cla pasan consulta en barracones o casetas prefabricadas y seguirán así hasta que concluyan las obras del nuevo centro médico. Aunque la mayoría de los usuarios se muestran resignados con las instalaciones, que mejoran las condiciones de las anteriores (en un edificio casi centenario que había quedado obsoleto), muchos coinciden en que su ubicación, a las afueras del municipio, lo hace menos accesible.

 

"Sopesamos trasladarlo definitivamente a esta zona, junto a la guardería y el colegio, pero pensamos que para la gente mayor sería mejor mantenerlo en el centro del casco urbano", explica Imanol Arteaga, concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Ricla. Las obras fueron adjudicadas a la empresa Byco por 516.000 euros y serán financiadas con cargo al Fondo Estatal de Inversión Local.

 

Para evitar las molestias, especialmente a los pacientes de mayor edad o con movilidad reducida, el Ayuntamiento ha puesto un servicio de transporte para su traslado hasta las instalaciones provisionales. De media, se hacen cuatro viajes al día.

 

"Antes, el centro estaba muy mal. Además, aquí se aparca mejor", comenta Ascensión Lausín, vecina de Ricla. María Jesús Garrido y María José Peyrona se muestran más críticas: "Está mucho más lejos que antes".

 

El antiguo edificio fue derribado y se ha comenzado la construcción de uno nuevo, aunque los trabajos se han retrasado unos meses debido a la aparición de restos arqueológicos (varios enterramientos completos y unas bodegas del siglo pasado). Además, la obra ha obligado a hacer algunos cambios. La hasta ahora biblioteca, ubicada en la planta baja del Ayuntamiento, se ha trasladado a la plaza de toros. Ahora, donde antes se intercambiaban libros, se visan recetas. "El centro de antes se había quedado pequeño por el aumento de población y obsoleto", añade Arteaga. Y lo justifica con el aumento de población: en apenas una década se ha pasado de 1.800 a 3.700 vecinos.

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