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Aragón

EN BICI POR EL SAHARA

"La noche en el desierto es increíble"

"La noche en el desierto es increíble"
"La noche en el desierto es increíble"
J. M. SANTO TOMÁS

Quien no ha pasado una noche en el desierto debería probarlo. Es increíble. Los sentidos se agudizan. Se escuchan sonidos de la leve vida nocturna y se respira el aroma de las plantas crasas. Se siente el agudo viento nocturno y el cielo tiene más estrellas de las que se pueden contar", cuenta José Manuel Santo Tomás, zaragozano de 40 años, que está recorriendo el Sahara Occidental en bicicleta.

Viajó el jueves pasado de Zaragoza a Marrakech. De ahí, 14 horas en autobús a El Aaiún (o Laayoune), donde comenzó su ruta en bici hacia el sur. Su idea es recorrer más de 600 kilómetros en diez días, hasta llegar a Dakhla, en la frontera con Mauritania. De momento, ya ha pasado por las localidades de Tarouma, Lamsied y Boujdour.

En su blog (http://sipla-uma.blogia.com) va retratando los lugares por los que pasa. De Laayoune dice que "es una ciudad aparentemente normal, sin atractivos turísticos. Pero desde un primer momento te das cuenta de que hay cosas que no cuadran, como por ejemplo los coches oficiales de la ONU recorriendo las calles. Cualquier amable vecino te para con la intención de practicar un poco de castellano. Muchos hablan de esta tierra como Sáhara, nunca como Marruecos, algo que, por supuesto, está prohibido". "Boujdour tiene un toque perezoso, algo colonial. Llena de militares y con alguna remembranza a lo que fue la colonia española. Marruecos pretende hacer de la antigua Bojador un atractivo turístico y bien podría serlo con su antiguo faro y sus terrazas indolentes donde cumplir el ritual del té", cuenta.

Un viajero comprometido

Para José Manuel, viajar es descubrir, compartir una infusión y una conversación, y también comprometerse. El viaje al Sahara ocupado es un viaje político. Quiere recordar que 165.000 saharauis viven en los campamentos de refugiados en el desierto argelino mientras Marruecos ocupa su territorio. Él es un cicloturista comprometido.

El viernes visitó las minas de fosfatos de Bou Craa, cerca de Smara. "El Sahara tiene su propia historia oscura en torno a un mineral humilde, pero que produce cuantiosos beneficios, sobre todo a la corona alauí y que también cuesta vidas y conflictos. Los fosfatos se extraen en las minas y son transportados hasta el puerto de El-Masra. Todo tipo de productos básicos precisan de este mineral, desde detergentes a abonos", explica.

José Manuel está ahora en la parte más dura de su viaje en solitario. Le quedan algo menos de 300 kilómetros hasta Dakhla, sin poblaciones destacables por medio. Duerme en su tienda de campaña. Compró provisiones en Boujdour. Come muchos dátiles y frutos secos, y también tiene un pequeño hornillo para cocinar. En su mochila y en las alforjas de la bici lleva un viejo mapa del Sáhara, una brújula, ropa ligera y resistente, un pequeño depósito de agua, móvil, portátil y una placa solar para cargar los aparatos. Escribe desde los cibercafés que se ha ido encontrando por el camino. Solo le teme al viento. En la segunda etapa, entre Tarouna y Lamsied, ya sufrió los efectos del 'ifirit', un viento fuerte y cálido que viene del desierto.

José Manuel trabaja en Zaragoza como técnico de mantenimiento y es un apasionado de los viajes. Ha visitado más de 40 países y le impresiona especialmente Centroamérica. "Viajar es una forma de entender la vida, de formarse y de curarse los prejuicios", asegura.

Desde su blog confía en que el viaje se desarrolle sin incidentes "y que los espíritus del desierto me sean propicios", se despide este viajero.

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