Aragón

EL LEGADO DE LOS SIGLOS

Un castillo árabe casi desaparecido

A los niños de Sástago, desde tiempos inmemoriales, se les ha dicho que no bajen al pozo que hay en la plazoleta del castillo de la Palma porque allí vive una mora encantada que les llevará a las profundidades. Hay varias leyendas en torno a una niña o joven musulmana, de nombre Laz, que desapareció en el pozo. Pero son eso, leyendas. Y es prácticamente lo único que queda del castillo de la Palma, uno de los más interesantes ejemplos de arquitectura militar islámica que se conservan en la provincia de Zaragoza.

 

Buena parte de los 41 edificios que Hispania Nostra ha incluido en la Lista Roja del Patrimonio son castillos. Y el menos conocido es de la Palma, en Sástago. Tanto, que algunos de los vecinos de la localidad ni siquiera saben de su existencia. "¿Castillo? No, lo que hay allí es una ermita", asegura uno de ellos. Porque los restos son una paradoja monumental: primero había allí un castillo árabe, y luego se construyó dentro una ermita cristiana, dedicada a la Virgen del Pilar. Del primero se ve sobre todo lo que queda de la torre; de la segunda, las cuatro paredes, el tejado, y poco más.

 

"Se sabe poco, muy poco de él -subraya Manuel Giménez, presidente de la Asociación de Amigos de los Castillos-. Es una construcción muy grande, de la que se conservan aún muchos elementos interesantes. Es de época musulmana pero fue seguramente modificado tras su conquista aragonesa. No se conocen los nombres de sus tenentes, si los tuvo, por lo que sería de realengo. Se sabe que en 1199 Pedro II lo tuvo que empeñar por sus problemas económicos".

 

El castillo, o lo que queda de él, se ubica a dos kilómetros al oeste de Sástago, sobre un altozano que se divisa perfectamente desde la carretera.

 

"Lo lógico sería consolidar la ruina. No solo porque el castillo, como todos, sea Bien de Interés Cultural, sino porque se lo merece. Yo creo que habría que ir con una brigada de albañiles, restaurar los cimientos y consolidar las ruinas, y así evitaríamos que desaparecieran castillos como éste. Con eso sería suficiente", añade.

La señalización, necesaria

Otro miembro de la asociación aporta más ideas sobre qué se puede hacer con el castillo. "Algo que me parece esencial en este caso es marcar el camino y colocar paneles informativos... -afirma Luis Zueco-. Si no se hace, es imposible que consigamos que los castillos sean turísticos. Muchas veces es practicamente imposible llegar, ya que no está marcada la ruta; y, si llegas allí y no hay ningún tipo de información, ¿cómo se va animar la gente a ir?".

 

Es decir, que es necesario conocer antes de proteger. La Asociación de Amigos de los Castillos de Aragón tiene censadas alrededor de mil construcciones defensivas en la Comunidad Autónoma. Todas ellas son Bienes de Interés Cultural y, por tanto, gozan de la máxima protección que establece la Ley de Patrimonio. Pero el Gobierno de Aragón solo ha incluido en su inventario 700, porque el resto no los ha considerado 'castillos', aunque se traten de vestigios tan interesantes como la Torre de Magallón. Pese a esa restricción, el número es tan elevado que escapa las posibilidades del presupuesto de cualquier comunidad.

 

Pero Manuel Giménez cree que se pueden hacer muchas más cosas. Él, de hecho, compró hace años el castillo de Grisel y, tras 15 años de trabajo, ya lo ha recuperado.

 

"Tengo además una torre en Borja, y otra en Bulbuente, que estaría rehabilitada a poco que me hubieran ayudado. Pero se pueden hacer muchas cosas con poco presupuesto -insiste-. Consolidar ruinas es salvar patrimonio, y con un presupuesto para mortero y mano de obra se pueden adelantar mucho. Si uno recorre Gran Bretaña ve un montón de ruinas consolidadas y le parece algo bonito, romántico, con encanto. ¿Por qué no se puede hacer lo mismo en Aragón?".

 

Algo parecido se hizo hace años en la ermita del castillo de la Palma que, aunque parezca increíble, está 'en uso'.

"Vinieron tres curas jóvenes a la parroquia y decidieron limpiar la ermita -relata el cronista local, Víctor Sariñena-. Mucha gente nos unimos a ellos y se limpió en unas semanas. Y se volvió a recuperar la tradición de subir a la ermita dos veces al año: el domingo siguiente al día del Pilar y el 2 de mayo".

 

La ermita, prácticamente cubierta de escombros y basura, recuperó de esta forma su dignidad. Sus muros desnudos son escenario hoy de dos actos religiosos al año. Nada más. "Aquello está vacío -señala el alcalde, José María Calvo-. Nadie va, nadie tiene en cuenta los restos. Ni me acuerdo de cuánto tiempo llevan así".

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