en colaboración con ibercaja

¿Tarjeta o Bizum?: qué es mejor para mi hijo y cómo ayudarle a gestionar su dinero

Los adolescentes pueden tener una tarjeta a los 14 años. A esa edad también pueden usar Bizum. Los padres pueden establecer límites de gasto y recibir alertas de sus movimientos. 

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Jóvenes y adolescentes manejan su economía a través del teléfono, con Bizums o pagos a través de tarjetas digitales.
Los jóvenes y adolescentes manejan su economía a través del teléfono, con Bizums o pagos a través de tarjetas digitalesFreepik

De crédito o de débito, la tarjeta bancaria es, sin duda, un elemento esencial para manejar nuestra economía en el día a día. Frente al efectivo, cada vez menos frecuente, estas resultan mucho más cómodas para los pagos cotidianos, ofrecen seguridad y permiten un mejor control de gastos, además de ser indispensables para las compras por internet, que crecen cada vez más. Son precisamente estas ventajas las que hacen que muchas familias se planteen dar una tarjeta a sus hijos.  Cuando los jóvenes comienzan a realizar sus primeras compras, a salir y a tener sus primeros gastos, este recurso resulta beneficioso en muchos sentidos, ya que les ayuda en su aprendizaje financiero y permite a los padres una mayor supervisión.

No obstante, a la hora de dar una tarjeta a un menor surgen numerosas dudas. La primera es a partir de qué edad es la recomendable? Por lo general, un menor puede tener una tarjeta a partir de los 14 años. Como en todo, hay que tener en cuenta las necesidades del menor en cada momento y valorar cómo contar con su propia tarjeta puede facilitarle su día a día.  

No obstante, todo dependerá de la situación de cada familia, de la propia economía familiar y de la madurez de cada menor. Antes de dar el paso, conviene hablar en casa con naturalidad de dinero, de cómo organizar las finanzas y de la importancia del ahorro, de forma que los niños y adolescentes vayan adquiriendo conocimientos y destrezas financieras. 

Tipos de tarjetas para menores

Una vez tomada la decisión de entregar una tarjeta a un hijo, conviene valorar qué opciones existen. Lo más habitual es una tarjeta de débito vinculada a la cuenta del menor para que este pueda realizar sus pagos y compras online cómodamente. Para una mayor tranquilidad, los padres pueden establecer límites de gastos en estos casos e incluso pueden recibir alerta de los movimientos; de esta forma, pueden saber si sus hijos reciben un cargo alto o si su saldo es inferior a un importe determinado. 

Otra opción es recurrir a las tarjetas prepago o monedero, con las que se pueden hacer compras o sacar dinero, pero hasta cierto límite: solo pueden gastar la cantidad que se ha cargado previamente. 

En el caso de las tarjetas de crédito, la edad mínima es de 18 años, puesto que requieren de una mayor responsabilidad. En situaciones puntuales, como un viaje largo o estudios en el extranjero, el menor podría disponer de una tarjeta de crédito con la autorización de sus padres.

Bizum para menores

Si el uso de la tarjeta está más que extendido, el de Bizum, el servicio para enviar y recibir dinero a través del móvil, lleva el mismo camino. Y especialmente entre los jóvenes, que son quienes más comparten y dividen gastos, por ejemplo, a la hora de salir a tomar algo, ir al cine o comprar un regalo para un amigo. Generalmente, a partir de los 14 años, los jóvenes pueden empezar a usar Bizum, aunque algunas entidades permiten su uso un poco antes. 'Bizum para menores' es una versión controlada de este servicio en el que los padres pueden permitir o no su uso y definir el importe máximo por operación. 

¿Qué opción es mejor? No hace falta elegir y quedarse solo con una. Tanto tener Bizum como su propia tarjeta permite a los adolescentes realizar sus primeros pagos y aprender a gestionar su dinero bajo la supervisión de sus padres. Su uso simplemente dependerá de cada circunstancia y de los límites que establezcan sus progenitores. 

Portucuenta: una banca digital entre padres e hijos

Para dar respuesta a las necesidades financieras de los adolescentes, Ibercaja ofrece a las familias el servicio Portucuenta, que permite a jóvenes de entre 14 y 17 años realizar sus primeras operaciones bancarias, siempre bajo la supervisión de los padres. Se trata de un sistema accesible y práctico, que se ajusta a las necesidades de cada familia y que permite acompañar a los hijos en sus primeros pasos financieros, al tiempo que ellos mismos aprenden a planificarse y administrar su dinero. 

Con esta herramienta, los padres pueden administrar los permisos para que sus hijos puedan hacer Bizum, compras con tarjeta, traspasos y transferencias según los límites que establezcan para cada uno de ellos. Además, no supone la creación de una nueva cuenta familiar, sino que se vinculan las cuentas ya existentes a nombre de los hijos menores, que suelen estar exentas de comisiones, y las de los padres.

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