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especial día mundial del medioambiente

¿Qué es más importante que el aire que se respira?

Los medidores de dióxido de carbono se han convertido en una herramienta de prevención ante la transmisión de la covid-19, aunque existen otros componentes en el aire que determinan su calidad.

Los entornos urbanos concentran los mayores índices de contaminación del aire.
Los entornos urbanos concentran los mayores índices de contaminación del aire.
Pixabay

Ha sido con la llegada de la covid-19 cuando el análisis de la calidad del aire se ha considerado una herramienta determinante y cotidiana para la preservación de la salud. De hecho, medir la concentración de dióxido de carbono (CO2) que existe en un espacio cerrado se ha convertido en una eficaz medida para conocer las posibilidades de contagio de esta enfermedad respiratoria y, por tanto, poder prevenirla.

En estos tiempos donde la ventilación de edificios y las restricciones de aforo se consideran incuestionables métodos para evitar la propagación de la enfermedad, los medidores de CO2 se suman, de este modo, a la lucha contra la pandemia con el fin de garantizar la correcta renovación del aire en el interior de los edificios.

Estos aparatos, que utilizan infrarrojos para la detección de los gases, establecen que lo ideal sería contar con concentraciones de 500 partes por millón (ppm) en volumen de dióxido de carbono, aunque hasta las 800 ppm se considera que el aire es de calidad media. Con valores superiores, ya existiría una alta probabilidad de contagio.

Al aire libre

El dióxido de carbono es uno de los gases que componen la atmósfera, concretamente, uno de los que provocan el efecto invernadero junto al óxido nitroso (N2O) y el metano (CH4). Todos ellos están experimentando un crecimiento constante, debido a la acción del hombre, a sus sistemas de producción y al consumo de energía, lo que rompe el equilibrio natural y deriva en el temido calentamiento global. Según datos publicados en ‘El País’, en los últimos 800.000 años, las concentraciones de CO2 en la atmósfera nunca habían alcanzado las 300 partes por millón. Pero esa cifra se superó por primera vez en 1950 y no ha parado de incrementarse desde entonces.

En los últimos 800.000 años, las concentraciones de CO2 en la atmósfera nunca habían alcanzado las 300 partes por millón. Pero esa cifra se superó por primera vez en 1950 y no ha parado de incrementarse desde entonces

En la calidad del aire también influyen drásticamente las variables meteorológicas como la temperatura, la humedad, los vientos, las precipitaciones, la radiación solar y la presión atmosférica. A su vez, hay otros elementos contaminantes básicos que se detectan en las estaciones de vigilancia de las grandes ciudades: monóxido de azufre, dióxido de nitrógeno, ozono y partículas totales en suspensión.

Los datos obtenidos se suministran al Sistema Mundial de Vigilancia del Medio Ambiente para poder elaborar programas más eficaces de control. Gracias a esta información, es posible consultar en el mapa interactivo del World Air Quality Index el nivel de contaminación atmosférica de un gran número de países a tiempo real. 

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