en colaboración con ilumináfrica
“Poder acceder a unas gafas o a una operación de cataratas les da libertad y esperanza”
La óptica Aïcha Camara se unió a una expedición de Ilumináfrica el pasado mes de septiembre.
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Nacida en la capital guineana de Conakry, Aïcha Camara se vino a vivir a España con tan solo 9 años gracias al proceso de reagrupación familiar. A partir de ahí, su vida cambio. Fue a un nuevo colegio, hizo nuevos amigos y fue creciendo. Tras el bachillerato, estudió óptica, una profesión que le apasiona. Con una mente científica y un corazón noble, esta joven de 32 años es una de las muchas voluntarias que colabora con Ilumináfrica para acercar la salud visual a las zonas más desfavorecidas de África.
A finales del mes de septiembre, volviste de pasar 15 días en el dispensario-centro de salud de Saint Louis, en Senegal. ¿Qué te impulsó a formar parte de esta expedición?
Ya había realizado voluntariado anteriormente, por ejemplo, en los campamentos saharauis de Argelia. En esta ocasión fuimos dos voluntarios: un compañero y yo. Nos hospedamos en la ciudad de Saint Louis, en el hotel Chez Titi, que estaba a unos 10 minutos a pie de donde trabajamos. Siempre me ha gustado la idea de compartir conocimiento. Saber que, a través de tu profesión, puedes colaborar con entornos más necesitados me parece un deber y una forma de ayudar.
¿Cómo ha sido tu experiencia a nivel profesional? ¿Y personal?
A nivel profesional me siento afortunada por la experiencia vivida. Poder compartir conocimientos y aprender al mismo tiempo es todo un lujo; siempre estaré dispuesta a repetir la experiencia. A nivel personal es un privilegio aprender de otras culturas, idiomas y formas de vida; conocer un país y a personas diferentes es una experiencia que te marca para siempre.
"La gente de allí es enormemente agradecida y valora tu tiempo y tu trabajo de una forma muy sincera"
¿Cuáles son los principales retos a nivel de salud visual que se presentan en esta zona?
En la consulta atendí más personas mayores que niños. Cuando pregunté por qué apenas acudían niños me respondieron: “Los niños ven bien, no necesitan revisión”. Lo cierto es que me sorprendió bastante. Es importante que la sociedad aprenda que cuidar la salud visual infantil es fundamental, especialmente en edad escolar. Padres y profesores deberían estar atentos por si detectan algún problema visual.
¿Qué supone para un niño o un adulto recibir la atención médica?
No toda la población puede costearse unas gafas o una operación debido al elevado precio que tienen allí. Poder acceder a unas gafas asequibles o a una operación de cataratas sin coste les da libertad y esperanza; supone una oportunidad para mejorar su calidad de vida y desarrollarse con independencia.
Iniciativas como la de Ilumináfrica son claves...
Son fundamentales. Conocí Ilumináfrica a través de la Universidad de Zaragoza. Este tipo de proyectos son muy importantes tanto para los ópticos como para las personas locales que reciben la ayuda. Para los profesionales, supone una oportunidad de aprender y adquirir nuevos conocimientos, ya que allí se ven casos difíciles de encontrar en una óptica en España. Para los locales, como he dicho, supone un cambio de vida.

Aquí, en España, trabajas en una óptica de Madrid. ¿Qué diferencias destacarías?
La principal diferencia que noto es la gratitud. La gente de allí es enormemente agradecida y valora tu tiempo y tu trabajo de una forma muy sincera.
¿Algo que te gustaría reivindicar?
En mi viaje a Saint Louis he visto lo que significa recuperar la visión: poder estudiar, trabajar, leer y vivir con más autonomía. Ese cambio es posible gracias al esfuerzo conjunto de profesionales de la salud visual, comunidades locales y la reutilización de gafas que ya no se usan. Dar una segunda vida a unas gafas no es solo un acto de solidaridad, también es una forma de consumo responsable y sostenible. Quiero pedir a la gente que no tire sus gafas viejas, que las donen.


