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especial 'retos demográficos'

“Lo realmente decisivo para los pueblos es que tengan un ambiente acogedor”

Profesor titular de Economía Aplicada de la Universidad de Zaragoza, Luis Antonio Sáez dirige la Cátedra DPZ sobre Despoblación y Creatividad.

El director de la Cátedra DPZ sobre Despoblación y Creatividad, Luis Antonio Sáez
El director de la Cátedra DPZ sobre Despoblación y Creatividad, Luis Antonio Sáez.
Guillermo Mestre

Luis Antonio Sáez es profesor titular de Economía Aplicada de la Universidad de Zaragoza y dirige la Cátedra DPZ sobre Despoblación y Creatividad. Fue la primera cátedra dedicada a este tema en España y en apenas dos años y medio se ha convertido en un referente nacional para el estudio y el debate sobre la despoblación.

La Diputación de Zaragoza y la Universidad crearon la Cátedra DPZ sobre Despoblación y Creatividad en 2017. ¿Qué balance hace del trabajo realizado hasta ahora?

La Cátedra nació con dos objetivos básicos. Por un lado, la transferencia de conocimiento, es decir, difundir los avances en la investigación sobre la despoblación con rigor, de forma accesible y útil, pero no como se suele hacer habitualmente, desde la universidad hacia otros ámbitos, sino aprovechando también la información y la experiencia que nos proporciona el contacto y el contraste con la realidad rural. Por otro, también nos propusimos estudiar temas relevantes que en la agenda académica y política o se tratan con muy poco rigor o directamente quedan ocultos: fiscalidad diferenciada, vivienda, emprendimiento social, arraigo en los jóvenes...

Creo que ambos objetivos los estamos consiguiendo, por lo menos en gran medida, y además la Cátedra se ha encontrado con una tercera función sobrevenida: la divulgación de estos temas a través de la participación en jornadas, mesas redondas y cursos tanto en pequeñas poblaciones como en foros muy relevantes. En apenas dos años y medio hemos participado en más de 80 eventos como ponentes, conferenciantes o integrantes de mesas de debate, a lo que hay que sumar las entrevistas con medios de comunicación locales, autonómicos, nacionales e incluso internacionales, que han sido incontables.

¿Por qué también es una cátedra sobre creatividad?

Porque la despoblación es una síntesis de las decisiones sobre dónde, cómo, con quién y de qué vivir. Y para responder a esas cuestiones tan difíciles se necesita creatividad. Las infraestructuras, los fondos europeos, las empresas o la banda ancha son necesarias, pero no son el elemento clave en el desarrollo personal y territorial. Lo verdaderamente relevante para que las personas se sientan de un pueblo determinado y residan en él es su propia sensibilidad para apostar por vivir y convivir en ese lugar convirtiendo sus dificultades en oportunidad. Y para eso hace falta mucha creatividad.

Su iniciativa más conocida ha sido el programa Desafío, el ‘Erasmus rural’ que impulsan la Diputación de Zaragoza y la Universidad. El ministro de Universidades acaba de anunciar que quiere llenar la España despoblada de estudiantes y el Gobierno de Aragón, que va a poner en marcha un ‘Erasmus rural’ para todo Aragón.

Nos parece muy bien y, si se nos pide, trataremos de aportar nuestra experiencia. El programa Desafío ha superado muy favorablemente su etapa experimental y ha sido reconocido en múltiples foros, también a nivel europeo. A los universitarios les aporta un aprendizaje con más conocimientos y experiencias y a las empresas e instituciones del medio rural les permite entrar en contacto con un capital humano más fresco. También refuerza el capital social y el sentido de comunidad activa en los pueblos, así que, si además permite que alguno de esos jóvenes se plantee vivir en un pueblo, será un éxito aún mayor. Más que el resultado demográfico, que es pequeño, su principal valor reside en cómo ayuda a formarse a unos jóvenes a la vez que crea capital social entre gente que de otra forma no contactaría entre sí, tanto en el ámbito profesional como en el social y afectivo del pueblo.

¿Qué otras líneas de trabajo están desarrollando?

Buscamos contribuir a una mirada más abierta y con menos prejuicios hacia lo rural, por eso pusimos en marcha el concurso de relatos y vídeos ‘¡Que bello es vivir… en mi pueblo!’. Organizamos un curso de verano en Ateca que este año se celebrará su tercera edición. Promovemos una colección de estudios realizados por investigadores consolidados sobre temas con poca literatura académica o temas que se abordan de forma superficial en el debate pública: incentivos fiscales, vivienda, inclusión y pobreza, inmigración, juventud y arraigo… Como novedad, este año nos gustaría llevar a cabo colaboraciones con centros educativos para mostrar a los niños y a los adolescentes las ventajas de vivir en los pueblos poniéndoles ejemplos de jóvenes, mujeres y emprendedores que hacen cosas muy interesantes en el medio rural. Y a medio plazo querríamos avanzar hacia modalidades de formación continua que combinen lo presencial y la distancia, lo digital y la clase participada en directo, sobre asuntos de desarrollo rural. Irían orientadas a profesionales y a otros actores de las políticas sobre territorios en declive.

¿Usted también cree que en los debates sobre la despoblación hay demasiados mitos?

Estudiar con rigor los temas no suele rentar ni en la promoción profesional ni en la social. Somos propensos a simplificar los temas complejos. A mí me gustaría que, para cada argumento, en toda cuestión política, y en especial en la despoblación, nos preguntáramos algo así como “¿en qué te basas?, ¿qué evidencias hay al respecto?, ¿se ha aplicado eso que propones en otro sitio?, ¿qué consecuencias tendría?, ¿a quién beneficia y perjudica?, ¿es sostenible?”. Con esas cuestiones, con una aproximación sistemática a los asuntos, filtraríamos mitos, victimismos y agravios que son perversos por inciertos y porque desencadenan conductas inadecuadas.

Huyendo de esos lugares comunes ¿de qué deberíamos hablar cuando analizamos el problema de la despoblación?

De cómo hacer que la gente sea más feliz. Es decir, que la gente, una vez informada, viva donde quiera. Además de lo económico, de la eficiencia de las empresas y de los gobiernos con sus presupuestos e impuestos justos, deberíamos subrayar el papel de la mentalidad, la importancia de lograr una forma de pensar diferente a la actual. Pedimos infraestructuras, empresas y banda ancha, y por supuesto que hacen falta, pero debemos ser realistas y reconocer que muchas veces las ciudades nos resultan más atractivas por cuestiones más prosaicas, como una pizzería franquiciada o un centro comercial. A eso me refiero cuando hablo de abrirnos en las forma de pensar y sentir. Los estilos de vida consumistas han ido moldeando nuestras mentes, se encuentran en el ADN de nuestros deseos y se satisfacen mucho mejor en una gran ciudad. Pero que conste que no cuestiono esas premisas consumistas de partida, no hago crítica sino reflexión.

Además, es fundamental integrar y coordinar las diferentes áreas y los diferentes niveles de gobierno, lograr una gestión integral, estratégica, coherente, por áreas, por instituciones, con la sociedad civil, y entre diversos territorios.

Como área de gestión muy importante también están la escuela, la cultura, la posibilidad de conciliar vida particular y trabajo, el cómo acogemos al diferente, el cómo somos capaces de organizarnos y corresponsabilizarnos con los retos… los locales y también los planetarios, todos influyen en los pueblos pequeños.

Sabiendo que no hay soluciones mágicas ¿cuáles deberían ser las líneas maestras de la lucha contra la despoblación?

Las cuestiones relativas a una economía diversificada, vinculada al territorio y liderada por la comunidad local son clave. Disponer de instituciones ágiles que provean de servicios básicos también es clave. Pero lo realmente decisivo para los pueblos es que tengan un ambiente acogedor. Siguiendo a determinados investigadores e informes, tenemos que conseguir que en medio rural haya tolerancia, tecnología y talento. Es decir, creatividad. En este sentido, sería determinante que un lugar fuera atractivo para vivir no solo por la vivienda, sino porque ofrece los servicios que facilitan la conciliación y el bienestar y porque comunidad local es vibrante, porque pasan cosas en lo cultural.

Se habla poco del papel que debe desempeñar la mujer en todo este proceso.

En el mundo rural, tan masculino, el papel de la mujer curiosamente ha evolucionado mucho. Como señalan algunos demógrafos y sociólogos, muchos hombres, algunos ya mayores, otros solteros, han asumido, más por obligación que por convicción, pero lo han hecho, el cuidado de madres, mujeres y padres. Han ‘feminizado’ muchas de sus tareas porque no les quedaba más remedio que asumir ese cuidado. La propia escasez de servicios hace que la forma de compartir tareas y responsabilidades en las familias sea más equilibrada que en el mundo urbano.

Son más que frecuentes las alcaldesas, gerentes de programas de desarrollo rural, presidentas de asociaciones culturales, de personas jubiladas. Quedaría el reto, como sucede en Francia y en otros lugares, de introducirse en tareas que pueden aportar mucho, como la agricultura, la ganadería, lo forestal, así como en talleres e industrias. Hoy en día las mujeres son un factor decisivo en la dinamización rural.

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