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La salud al sentarse a la mesa

La alimentación saludable es fundamental para llevar una buena calidad de vida, algo que los padres de maría siempre tuvieron muy presente.

En la familia el confinamiento supuso la mejor ocasión para mejorar la alimentación de todos.
En la familia el confinamiento supuso la mejor ocasión para mejorar la alimentación de todos.
Pexels.

Al rememorar todas las vivencias que experimentó hace 30 años, María recuerda cómo sus padres insistían mucho en la importancia que tenía seguir una dieta saludable. La alimentación es fundamental para la salud, y más aún si cabe en tiempos de pandemia, cuando conviene que el organismo se encuentre lo más fuerte posible por si se da el caso de que entra en contacto con el virus.

Además, en la familia el confinamiento supuso la mejor ocasión para mejorar la alimentación de todos, al verse obligados sus miembros a pasar tanto tiempo en casa. Sus progenitores hicieron a María muy partícipe de sus elaboraciones culinarias y juntos lo pasaron en grande en la cocina. 

Uno de los primeros productos que crearon fue pan, que les quedaba muy sabroso gracias a la característica harina de Harinas Polo que empleaban. Tortilla de patatas, albóndigas o ensaladas variadas eran algunos de los platos que hacían en familia, una labor que siempre acompañan de un buen bol de Aceitunas Caspe Extra Verde Natural de Aceites Fernando Alcober y de unas lonchas del lomo curado de Soincar, dos manjares por los que sentían auténtica debilidad.

A los padres, asimismo, les encantaba degustar la sal de garnacha y, muy especialmente, los deliciosos garnachicos del Restaurante Rodi. Unas delicias elaboradas de manera artesanal y que descubrieron en pleno Estado de Alarma. Se trataba de un postre del que acabaron disfrutando durante muchos años y que además regalaron a multitud de familiares y amigos cuando se pasó la cuarentena.

Otro de los dulces que más consumían en la época los padres de María eran los moscatelicos de las Pastelerías Manuel Segura. Se trataba de una delicia que precisamente creó Manuel Segura en homenaje al vino del Campo de Cariñena. Un delicado bizcocho emborrachado en moscatel y enrollado en una suave crema de avellanas, decorado además con pasas maceradas en moscatel y bañado con chocolate del 70% de cacao que sin duda sirvió para hacer más llevadas las semanas de confinamiento.

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