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La jota que siembra futuro en Aragón
El acto en Espacio H de HERALDO repasó la trayectoria de Beatriz Bernad y mostró la voz de sus alumnas, Nerea Agós y Candela Andrés, símbolo del futuro de este canto identitario.
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Las jotas se cantan, pero también se heredan, se sienten y se viven como parte de una identidad que se transmite de padres a hijos y de maestros a discípulos. Así se respiró el pasado 26 de septiembre en el Espacio H de HERALDO, donde el ciclo dedicado a poner en valor el trabajo de las escuelas de jota se centró esta vez en la labor de Beatriz Bernad, una de las voces más reconocidas.
El acto, conducido por el periodista Mariano García, combinó preguntas, reflexiones y la emoción del directo con la interpretación de dos jóvenes promesas, Nerea Agós y Candela Andrés.
Sentir la jota
Beatriz Bernad lo explicó con la sencillez de quien habla desde dentro: "Para mí la jota es mi vida porque me dedico total y plenamente a ella. A la enseñanza y artísticamente también. Mi vida es toda la jota y trabajo por y para ella, para que se difunda y llegue muy lejos, donde se merece".
Su compromiso no nació de un día para otro, sino que desde muy joven empezó a dar clases en la asociación de vecinos de San José, su barrio de siempre. "Empecé a dar clases con 14 o 15 años. Iba a aprender a tocar la guitarra y me lo propusieron. Era de forma altruista, pero con el paso de los años empezó a venir mucha más gente y ya no cabíamos en la sala", recordó.
Aunque fue un punto de inflexión para ella al tener que dejar su trabajo de auxiliar de farmacia que tanto le gustaba, en 2013 abrió su propia escuela de jota en Santa Isabel. "Muy valiente me embarqué en ella, siendo consecuente y habiendo preguntado a los alumnos de San José si me iban a seguir. Tuve la suerte de que todos decidieron venir y ahí empezó mi andadura. Ahora arrancamos un nuevo curso y estamos 80. Sin ellos no podría estar yo ahí", reconoció.
La escuela, hoy consolidada, cuenta con alumnos de todas las edades. A pesar de que "siempre se intentan coger desde pequeñitos", es importante que "primero sepan hablar" para después valorar las aptitudes y el oído.

En este sentido, aseguró que a la voz que tenemos dentro de cada uno "podemos sacarle partido y se puede ir moldeando si se tiene un buen oído", pero también explicó que, "en el caso de no tenerlo y ser ya adulto, es más complicado trabajarlo".
"Si una persona mayor es feliz cantando jotas, no se le puede quitar eso, al revés. Y va a ser feliz cantándoselas a su gente y a su familia. Eso es lo bonito de todas las edades" subrayó.
A la hora de interpretar las canciones, junto a la guitarra de José Antonio Sánchez Sancho y la bandurria de Luis Argente, la joven Nerea Agós cantó ‘Cañones de artillería’, ‘Lo llevan por la ribera’ y ‘La fiera’. Por su parte, Candela Andrés cantó ‘Ni por gozar de gran fama’, ‘Las fronteras’ y ‘El pañuelo de seda’ antes de unirse con Nerea para cerrar con una versión de ‘Rondaderas en La’.
Los próximos encuentros con escuelas de canto infantil tendrán lugar el 1 y el 7 de octubre. Aquellos interesados en asistir pueden inscribirse es la web de Espacio H.
Beatriz habló de ellas con un cariño que se intuía en cada palabra, ya que, sobre Nerea, recordó que fue una de las primeras niñas que acudió a su escuela para aprender. "Era chiquitita y graciosa. Al principio, se le trababa hasta la lengua, pero tenía muchas ganas. Ahora se va soltando más y está empezando a ir a concursos", sostuvo.
Sobre Candela, afirmó: "La he visto nacer. Le corté yo las uñas y, sí, ha salido cantaora. Sus padres son muy amigos y empezó hace cinco años. Poco a poco ya es consciente de lo que es la jota, lo que significa cantar y expresar y de lo que tenemos que decir".
Por su parte, Nerea consideró que la jota es "una sensación que la llevo conmigo desde pequeña", mientras que Candela explicó que, para ella, "es una sensación de recuerdos, de felicidad y de mi pueblo, Lécera".
Este sentimiento es precisamente el que trabajan desde la escuela de Beatriz Bernad, donde la artista busca que sus alumnos disfruten la jota y transmitan a quien la escuche. "Quiero que la sientan porque es nuestro canto, y que la lleven por bandera", aseveró.
Y con este ánimo, en la escuela se demuestra que la jota no solo se enseña: se comparte, emociona y se convierte en un legado vivo que late en cada nueva generación.
