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El futuro canta jotas en Espacio H

Con las voces de Irati y Diego, la guía de Begoña García y la música de la rondalla, la jota sonó alta y clara en Espacio H como puente entre tradición, familia y nuevas generaciones.

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24 sep 2025 - 05:00
Reflexiones, experiencias y actuaciones compartidas con el público en el Encuentro de Jota de la Escuela Municipal de Música y Danza de Zaragoza.
Reflexiones, experiencias y actuaciones compartidas con el público en el Encuentro de Jota de la Escuela Municipal de Música y Danza de Zaragoza.Aranzazu Navarro

La emoción, la música, la tradición y las raíces se dieron cita el pasado lunes en el Espacio H de HERALDO. Fue durante el Encuentro de Jota de la Escuela Municipal de Música y Danza de Zaragoza, un acto conducido por el periodista Antón Castro en el que se puso de relevancia no solo este arte, sino también la frescura y la ilusión de quienes lo mantienen más vivo que nunca.

Entre los protagonistas de la jornada estuvo Begoña García, profesora de canto, quien compartió su visión sobre enseñar y aprender la jota. Para ella, la diferencia entre cantar y enseñar es clara: "A la hora de enseñar eres una guía, paras cuando hay errores para corregir… dista mucho de cantar en solitario", explicó. Al mismo tiempo, García afirmó que el oído es aún más decisivo que la propia voz para cantar jota, ya que "cantará siempre mejor una voz pequeñita con un buen oído musical que una voz muy potente con mal oído". "Me resulta más interesante enseñarles a cantar y que dominen su voz, no que la voz les domine a ellos. No me gusta la jota gritada para nada", sostuvo la profesora, además de asegurar que la respiración es la base de todo y la clave que hace que todo funcione.

Pero para poder enseñar, también hay que amar lo que se hace. Según Begoña, su amor por la música le viene de familia porque su abuelo, Juan Antonio Gracia, y su abuela eran artistas. Aunque recordó que durante años no mostró demasiado interés en la jota, siempre tuvo claro que quería ser artista y se dejó enseñar por María Pilar Lasheras en una escuela de jota. "Ella es mi referente porque era muy precisa en la afinación y muy natural", admitió.

De hecho, esa naturalidad es la que pretende conseguir en su aula, junto a los pequeños aprendizajes: "Si hay conexión con el alumno, la cosa fluye de una manera muy bondadosa y el trabajo funciona. Para mí, es como si fueran mis hijos musicales", confesó García.

La jota del futuro

El encuentro contó también con la participación de jóvenes instrumentistas que mostraron cómo la jota dialoga con la guitarra y la bandurria.

En el acto se puso de relevancia no solo este arte, sino también la frescura y la ilusión de quienes lo mantienen más vivo que nunca.
En el acto se puso de relevancia no solo este arte, sino también la frescura y la ilusión de quienes lo mantienen más vivo que nunca.Aranzazu Navarro

Noelia, estudiante de guitarra, explicó que además del folclore trabajan piezas clásicas y comparten clases con laúdes, gaitas o percusión. Mientras tanto, Marcos, con 14 años, confesó que lleva cinco años con la guitarra y Néstor, alumno de bandurria, recordó con gratitud a su maestro Alberto Artigas. "Nunca verás a Alberto presumir ni de sus propias obras. Es muy humilde. Siempre que le pidas, te da. Y con la bandurria, cuantas más horas le dediques, mejor suena", señaló.

La emoción más pura llegó con las voces de los más pequeños. Irati San Miguel, de apenas ocho años, irrumpió en el escenario con la naturalidad de quien lleva la jota en la sangre: "Lo que más me gusta de la jota es lo que me une a mi familia porque mamá y tío cantan. Me siento muy feliz cuando la canto". Su madre, Mónica Ciprés, lo resumió con ternura, ya que, para ella, es un "orgullo" y una "satisfacción" ver a su hija cantar y tener en el ADN el mismo sentimiento que ella.

Se demostró que la jota no entiende de edades porque en cada compás late una tradición que sigue viva en maestros, músicos y niños que la sienten como suya

A su lado, Diego de Pablo, de 15 años, se mostró ya como un joven con gran proyección. "La jota para mí significa mucho porque cuando canto me siento muy alegre y muy feliz. Me llena de ilusión", explicó este joven, sobre el que su profesora Begoña destaca su evolución y su "buen oído".

Ambos interpretaron un repertorio de jotas en dos bloques que emocionaron al público, ya que Irati se atrevió con títulos como ‘Se las compone el señor’ o ‘Te quiero de corazón’, mientras Diego levantó aplausos con ‘Por tu cara resalada’ o ‘No creas que soy de bronce’.

El cierre fue una muestra de que la jota no solo se conserva, sino que se transforma, se respira y se transmite. En Espacio H, mediante un homenaje a las emociones y las raíces se demostró que este canto no entiende de edades porque en cada compás late una tradición que sigue viva gracias a maestros, músicos y, sobre todo, niños que ya sienten la jota como suya.

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