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Hiperplasia prostática, problemas de erección e incontinencia urinaria: el urólogo Joaquín Navarro responde

El doctor, miembro del equipo de Quirónsalud Zaragoza, ha contestado a las preguntas enviadas por los lectores.

Consultorio médico
Joaquín Navarro, especialista en Urología del hospital Quirónsalud Zaragoza, ha contestado a las dudas que los lectores han enviado al consultorio de Heraldo. 
Pexels

A pesar de que el 26% de la población española acude a internet antes que a su médico, según la investigación 'Informe Global Advisor - Global Views of Healthcare', no toda la información que ofrece la red es veraz. Para evitar la desinformación, el doctor Joaquín Navarro, especialista en Urología del hospital Quirónsalud Zaragoza, ha contestado a las dudas que los lectores han enviado al consultorio médico de Heraldo.es.

Para un diagnóstico más concreto, el miembro del equipo de Quirónsalud recomienda visitar a un especialista.

Hiperplasia prostática benigna

Pregunta del lector: Me han aconsejado operar de próstata, quiero saber si los resultados del vapor de agua son buenos o todavía no se puede recomendar

Respuesta del doctor: La hiperplasia prostática benigna es una afección urológica común que consiste en un aumento progresivo del tamaño de la glándula prostática. Es una enfermedad asociada a la edad, que afecta al 40% de los hombres de 50 años y al 90% de los hombres mayores de 90 años. Este crecimiento de la próstata causa obstrucción del flujo de la orina en la salida de la vejiga, que produce una alteración en la dinámica miccional. Los síntomas prostáticos suponen un impacto significativo en la calidad de vida.

El manejo actual para el síndrome prostático incluye diferentes enfoques, empezando por los más conservadores como la vigilancia y recomendaciones en modificaciones del estilo de vida, pasando por la farmacoterapia hasta las intervenciones quirúrgicas. En cuanto a la cirugía prostática existen una amplio abanico de opciones disponibles. Cada vez menos pacientes son candidatos a realizar procedimientos muy cruentos ya que las alternativas endoscópicas ofrecen grandes resultados minimizando la agresión quirúrgica. Entre estas técnicas mínimamente invasivas contamos con diferentes métodos como la enucleación o vaporización con diferentes tipos de láseres, ablación con microondas, UroLift (unas grapas que ensanchan la uretra), la embolización prostática o la resección transuretral de la próstata que todavía se considera la intervención 'gold standard'. Se entiende por el 'gold standard' como aquel procedimiento que ofrece los mejores resultados y máxima fiabilidad con los menores riesgos y que nos sirve como referencia para comparar en términos de eficacia y seguridad otras opciones.

Este novedoso sistema Rezum, aprobado por la FDA en 2015, administra vapor de agua a través de unas agujas introducidas mediante un cistoscopio (una pequeña cámara que se introduce por vía transuretral). El vapor de agua se condesa en el tejido prostático lesionando las membranas celulares y en consecuencia provoca una necrosis celular en el tejido prostático. El radio de acción de este sistema es reducido por lo que la lesión de órganos vecinos es altamente improbable lo que dota este método de una adecuada seguridad. La reducción del volumen prostático observada a los 6 meses del procedimiento es del 30% y su beneficio clínico se objetiva en una mejora del caudal miccional (fuerza con la que orina un paciente) y del volumen postmiccional (la cantidad de orina que queda retenida en la vejiga tras la micción). Utilizando cuestionarios de salud que miden la calidad de la micción en pacientes intervenidos existe una llamativa mejoría y un alivio sintomático significativo en los pacientes intervenidos con esta técnica.

La mejora es palpable al mes del procedimiento y los estudios han mostrado que los efectos beneficiosos persisten a los 36 meses del tratamiento, si bien es cierto no existen estudios a largo plazo ya que se trata de un método novel. El porcentaje de pacientes que han precisado otro procedimiento por ineficacia del sistema Rezum es del 1-3%.

Además de los citados beneficios clínicos, el punto fuerte de esta técnica es la simplicidad del procedimiento, la corta estancia hospitalaria y la seguridad en las cuestiones relacionadas con la función sexual ya que no se ha observado en los estudios realizados un empeoramiento ni en la calidad de la erección ni en la función eyaculatoria.

Podemos concluir que la reducción del volumen prostático mediante este novedoso sistema es un método seguro y fiable, con una tasa de complicaciones menores muy reducida y con unos beneficios objetivos y subjetivos evidentes lo que hace de esta intervención una opción muy atractiva pero aún hoy en día no se tienen datos a largo plazo ya que los estudios clínicos no aportan aún esta información.

Células madre para mejorar la erección

Pregunta del lector: ¿Son efectivos para mejorar la erección los tratamientos con células madre o plaquetas que se inyectan en el pene?

Respuesta del doctor: Efectivamente es un procedimiento en desarrollo en la última década. No existe todavía una amplia experiencia ni estudios clínicos que avalen su uso. Estamos ante un constante desarrollo en la medicina, y el uso de las células madre, la terapia génica o la ingeniería tisular es una muestra de esta realidad.

Partimos de la base que las causas que justifican la disfunción eréctil pueden ser múltiples y lo habitual es que no se reconozca una razón concreta, si no un sumatorio causas y circunstancias que contribuyen en que la erección pierda una consistencia o una duración adecuada para mantener una vida sexual satisfactoria. Del mismo modo que los factores orgánicos, existen los psicógenos y relacionales que influyen con la misma importancia. Es por este motivo que no todos los pacientes se benefician del mismo tratamiento, si no que la solución debe individualizarse.

El punto de partida de un tratamiento ha de centrarse en el reconocimiento de los factores de riesgo y su tratamiento específico. Si esto no es resolutivo y persiste el problema tenemos diferentes opciones. Los escalones terapéuticos, desde el punto de vista farmacológico o quirúrgico, y sin entrar en la importancia de la psicoterapia y el papel de los sexólogos, son actualmente tres. El primer escalón es el uso de los fármacos orales de sobras conocidos por la población que siguen siendo, hoy en día, el tratamiento más común y utilizado. El segundo, ligeramente más cruento, pero igualmente una terapia ampliamente utilizada son las inyecciones intracavernosas en fármacos vasoactivos, es decir, medicamentos que dilatan los vasos que irrigan el pene para facilitar la erección administrado del mismo modo que la insulina para un paciente diabético, por el propio paciente antes de la relación sexual. Por último, el último escalón sería el quirúrgico mediante la implantación de una prótesis de pene para casos más rebeldes al tratamiento farmacológico.

Fuera de estas opciones tenemos varias terapias, complementarias a las anteriores, que también ofrecen una respuesta adecuada en determinados pacientes como las ondas de choque o los dispositivos de vacío.

Para concluir, tenemos los nuevos enfoques mediante los tratamientos que sugiere el lector. El punto fuerte de estas terapias se basa en la siguiente idea: cuando existe un daño orgánico que justifique una erección de mala calidad sería más efectivo y definitivo atacar a la causa que lo provoque (el daño en el mecanismo neurovascular de la erección) que a la consecuencia en si (la disfunción eréctil). Es por eso que el uso de células madre en pacientes diabéticos y intervenidos de próstata ha sido estudiado. La inyección intracavernosa de células madre ha mostrado un beneficio regenerativo en los tejidos dañados mostrando una mejora en la calidad de la erección, si bien es cierto que esta es limitada tanto en intensidad como en duración ya que se ha observado que su efecto decrece a los 6 meses de la inyección. Lo mismo ocurre con la inyección de plasma rico en plaquetas cuyo mecanismo se fundamenta en ser un medio rico en factores de crecimiento. Existen actualmente publicados 6 estudios clínicos que analizan esta cuestión y los resultados en cuanto a efectividad y seguridad deberían ser tomados con cautela. Potencialmente son ambas unas terapias prometedoras pero hoy en día no existen resultados suficientemente consistentes para recomendarlos entre las opciones disponibles.

Incontinencia urinaria tras el parto

Pregunta de la lectora: Tengo 38 años, soy mamá de dos niños y, desde que di a luz al segundo sufro incontinencia urinaria. He probado todo tipo de tratamientos, como los ejercicios de Kegel, electroestimulación, fisioterapia… y no mejoro. Me han comentado que se puede operar, ¿me pueden explicar en qué consiste la intervención? ¿solucionará mi problema?

Respuesta del doctor: El embarazo es el principal factor de riesgo para padecer incontinencia urinaria de esfuerzos que es aquella pérdida de orina involuntaria asociada o provocada por un aumento de la presión del abdomen. Las situaciones más comunes que inducen un incremento en la presión abdominal y que en consecuencia generan un escape de orina son la tos, estornudo, risa, la actividad deportiva, entre otras, pero en casos severos, el mero hecho de caminar o incorporarse suponen una pérdida. Evidentemente esta realidad supone un impacto negativo en la calidad de vida de la paciente.

Durante el embarazo, el aumento de tamaño del útero presiona en el suelo pélvico que es la estructura anatómica que sirve de soporte para los órganos pélvicos, vejiga, recto y el propio útero. Por otro lado el mecanismo del parto ejerce un perjuicio en estas estructuras, más si cabe si se trata de un parto instrumentado, partos múltiples o de niños muy grandes. Otros factores de riesgo que se identifican en las pacientes que sufren este tipo de incontinencia son la edad, obesidad o la menopausia entre otros.

Ante este tipo de incontinencia podemos enfocar el tratamiento de una forma conservadora o mediante diferentes procedimientos quirúrgicos. No existe un tratamiento farmacológico para este tipo de incontinencia que muestre una mejora significativa. El primero, la rehabilitación del suelo pélvico, incluiría diferentes ejercicios que fortalezcan las estructuras musculares que soportan la presión de los órganos pélvicos. Lo ideal es que un profesional supervise y oriente esta terapia. Además de los ejercicios existen complementos que pueden mejorar los resultados como el biofeedback o la electroestimulación.

El caso que nos plantea la lectora tiene dos condicionantes. Uno es la edad de la paciente y por otro lado el fracaso de las técnicas más conservadoras de rehabilitación del suelo pélvico. Efectivamente existen diferentes procedimientos quirúrgicos que se pueden plantear ante el fallo de lo realizado hasta el momento. Sin entrar en detalles técnicos, son múltiples las técnicas orientadas a la solución del problema de la paciente. De forma generalizada, y sin citar todas las opciones que se describen en la literatura científica, ante este tipo de incontinencia ofrecemos los denominados cabestrillos suburetrales. Se trata de unas estrechas bandas de un material que simula un tejido sobre el que reposa la uretra recuperando de este modo la continencia. Existen diferentes procedimientos en función de los de materiales, vías de abordaje (zona desde donde se colocan las mallas), técnicas de colocación, etc. En general son intervenciones mínimamente invasivas de unos pocos minutos de duración, con anestesia locoregional que pueden desarrollarse en un régimen de cirugía mayor ambulatoria con un postoperatorio cómodo que permite una temprana recuperación.

Los estudios que evalúan el éxito de estos procedimientos describen una tasa de continencia por encima del 90-95%. La tasa de complicaciones es escasa y en caso de que aparezcan suelen ser complicaciones menores. En el caso descrito en el enunciado existe un condicionante importante que es su edad. Por un lado, la colocación de las mallas en pacientes premenopáusicas ofrece mejores resultados que en postmenopáusicas. Pero por otro lado, podría darse la situación a muy largo plazo que el procedimiento perdiera sutilmente algo de eficacia.

Como en cualquier patología es fundamental ser valorada por un profesional que personalice cada decisión en función de diferentes variables y características de cada paciente, situación personal, intensidad de la incontinencia, edad, patologías asociadas, etc. En cualquier caso, si la situación que vive la paciente condiciona un importante deterioro de su calidad de vida, el tratamiento quirúrgico sería la terapia de elección para su caso.

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