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EN COLABORACIÓN CON TURISMO DE ARAGÓN 

El origen celta de la noche de los muertos

El 31 de octubre no es cosa de las películas de Hollywood y las tierras anglosajonas. Lo que popularmente conocemos como ‘Halloween’ viene de una ancestral tradición celta, una noche para despedir el buen tiempo, honrar a los antepasados y mantener alejados a los malos espíritus.

Calabazas talladas por los vecinos de Radiquero en la noche de las ánimas.
Calabazas talladas por los vecinos de Radiquero en la noche de las ánimas.
José Luis Pano

Aunque el término ‘Halloween’ data de mediados del siglo XVIII, esta tradición se remonta a siglos antes de Cristo. Su origen radica en la cultura celta y sus tradiciones para celebrar el fin del verano. Bajo el nombre de ‘Samhain’, el 31 de octubre marcaba el colofón de la época de las cosechas, el advenimiento del frío y el final del año. Los celtas se adentraban así en el tiempo de la oscuridad, donde las noches se alargaban, las temperaturas descendían y los árboles perdían sus hojas. Era una gran despedida en honor a Lugh, el dios del Sol.

Según las leyendas, durante esa noche, la frontera que separa el mundo de los vivos y el de los muertos se resquebraja, dando rienda suelta para que los espíritus puedan campar a sus anchas por las calles. Los celtas realizaban diversos ritos sagrados en los que se comunicaban con los difuntos, homenajeando a los que eran benévolos y tratando de alejar a los que querían hacerles daño. Se servían de máscaras escalofriantes y fuego para ahuyentar a los malos espíritus, de donde se piensa que pudo venir la actual tradición de disfrazarse. A los buenos, por su parte, les dedicaban banquetes y ofrendas.

Aunque se suele asociar con Irlanda, esta festividad se extendió por otros muchos territorios, erigiéndose como la más importante de la europa pagana. Hay ciertas costumbress, como el ‘truco o trato’ que parecen haber popularizado las películas de Hollywood, pero existen multitud de tradiciones con raíces más antiguas y profundas en torno a este día.

Aragón siempre ha celebrado esta festividad bajo el nombre de ‘Nueit d’animas’ o ‘Noche de las Almas’ y cuenta con costumbres, personajes, cuentos y ritos propios que merece la pena conocer y conservar. Vaciar calabazas para tallarles rostro e iluminarlas, por ejemplo, era una tradición ya presente en multitud de pueblos de la Comunidad antes de que la fiesta anglosajona se impusiera. Eso sí, solían ser de color verde, con morfología alargada y servían para guiar a las ánimas en su camino hacia la muerte. 

La Nueit d’animas en Aragón

Las calabazas son el símbolo de la noche de los muertos por antonomasia. Y aunque ahora se conozca popularmente como ‘Halloween’ y los niños vayan de casa en casa pidiendo golosinas al grito de ‘truco o trato’, las tierras aragonesas siempre han tenido multitud de costumbres ancestrales en torno a esta noche. Y sí, las calabazas son una de ellas.

Como ya estaban maduras y listas para comer en esas fechas, las gentes las vaciaban y guardan todo lo que podía consumirse. Después, tallaban rostros grotescos en las cáscaras y las iluminaban. En muchas localidades, se colocaban en las puertas de las casas para alejar a los malos espíritus.

En algunos pueblos aragoneses, como Radiquero, creaban un pasillo de calabazas iluminadas a los dos lados del camino que va al cementerio. La noche del 31 de octubre, en la que el plano de los vivos y los muertos se acercan, este ritual les servía para dirigir a las almas hacia el lugar en el que debían estar.

En Trasmoz, los vecinos ponen una calabaza iluminada en las tumbas de sus difuntos porque, según cuenta la tradición, si un alma se queda sin luz esa noche, les perseguirá y aterrorizará de por vida. Una de las historias más conocidas entre los habitantes tiene por protagonista a una mujer cuyo marido se le apareció en la noche de difuntos para recriminarle que no le había puesto una vela. Fue condenada a vagar por la oscuridad de las tinieblas por toda la eternidad.

Existen otras muchas tradiciones propias de Aragón que vale la pena conocer y, por qué no, recuperar en esta noche de oscuridad. En Moyuela, por ejemplo, los jóvenes acostumbraban a quedarse despiertos toda la noche en la torre tocando la campana para alejar a los malos espíritus. Acompañados por una buena cazuela de migas, contaban historias de fantasmas hasta el amanecer.

Otra costumbre que se está perdiendo y que sirve para contactar con los espíritus consiste en dejar un plato de judías sin cocer en un rincón de la habitación de la persona fallecida durante la Noche de las Ánimas. Se dice que, a la mañana siguiente, las judías que aparezcan separadas del resto señalarán el número de misas que el difunto necesita para salvar su alma.

Los cementerios son, sin duda, uno de los lugares más recurrentes en las tradiciones populares. Los fuegos fatuos que se pueden ver a veces sobre las tumbas son, según cuentan las leyendas, manifestaciones de almas que vagan entre el cielo y el infierno.

Lugares icónicos

Caminando por los pueblos aragoneses y hablando con sus gentes, se encuentran cientos de historias de fantasmas, rituales y tradiciones relacionados con esta noche. Desde la cueva de las Güixas de Villanía hasta las cárceles del Matarraña, Aragón está repleto de destinos perfectos para visitar la noche de las ánimas.

sanatorio
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Sanatorio de tuberculosos de Agramonte

En 1920, este edificio fue construido como lugar de reposo para gente adinerada pero, tras la guerra, se convirtió en un hospital para tuberculosos. Bécquer narra multitud de historias de dolor y muerte ambientadas en un monasterio cercano a este lugar. Abandonado en los años 70, este paraje ha sido protagonista de miles de fenómenos paranormales.

Pueblo viejo de Belchite
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El pueblo viejo de Belchite

Derruido por los horrores de la Guerra Civil, este lugar conserva únicamente algunos vestigios de lo que fue, como la Torre del Reloj o las fachadas de las casas. Es el esqueleto de un pueblo donde solo quedan piedras, agujeros de bala e infinidad de historias. Cuenta la leyenda que los que allí fallecieron se levantan por las noches y caminan por las calles en ruinas. Sin duda, uno de los lugares más tenebrosos de España.

La Cueva de las Güixas y el monumento que recuerda a las brujas en Villanúa, Huesca
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Las cuevas de las güixas en Villanúa

Las gentes del Pirineo aragonés han crecido oyendo infinidad de historias de brujas. La cueva de las Güixas, que se encuentra en la localidad de Villanúa, es el escenario de una de esas leyendas. Bajo el macizo de Collarada aguardan grutas plagadas de estalactitas y estalagmitas de la era glaciar que sirvieron de lugar de culto, según cuentan las fábulas, al mismísimo diablo.

epila
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La casa del bien y del mal en Épila

A las afueras de esta localidad aragonesa, junto a las vías del tren, se encuentra una de las casas más siniestras del mundo. Una fachada con colores llamativos y grotescas figuras atraen las miradas de los amantes de las historias de fantasmas. Gárgolas, demonios, cruces gigantes… La persona que construyó la casa aseguraba que las esculturas hacían referencia a capítulos oscuros de su vida.

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Las cárceles del Matarraña

Bajo los edificios municipales de los pueblos medievales de las comarcas del Maestrazgo y el Matarraña, entre las cavidades de la roca se encontraban cárceles y mazmorras donde cientos de individuos estuvieron presos durante el siglo XVI. En estos espacios asfixiantes, sombríos y húmedos aún pueden verse rastros de los cepos y grilletes con los que les ataban.

Vistas de Trasmoz
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El pueblo de Trasmoz

Famosa por los aquelarres que las brujas celebraban en el castillo del señor de Trasmoz, esta localidad situada en las faldas del Moncayo está repleta de leyendas. La más conocida, la de una mujer acusada de brujería que fue despeñada por un barranco y cuya alma sigue vagando sin descanso. Se trata del único pueblo excomulgado y maldito del país, el reclamo perfecto para la noche de ‘Halloween’.

Carretera Somontano
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Avistamientos en el Somontano

En 1987, una familia que conducía por la carretera colindante aseguró haber visto un gran resplandor en el horizonte cuando, de repente, el automóvil se aceleró y los pilotos e indicadores del tablero de mando dejaron de funcionar. Al parecer, no se trata de un hecho aislado, pues muchos otros vecinos afirman haber presenciado hechos similares. Sin duda, un lugar magnífico para los amantes de los extraterrestres.

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