un viaje gastronómico por los pirineos
Del sabor del jamón a las calles con historia
Teruel, además de su jamón serrano con Denominación de Origen Protegida, ofrece muchas
más posibilidades gastronómicas y turísticas.

El sabor de sus lonchas, más allá de conquistar el territorio español, ha sido capaz de traspasar fronteras. No existe oriundo ni visitante que no conozca bien el jamón serrano, el buque insignia de la gastronomía española cuya mejor versión cobra vida en Teruel. Así lo decidió el pasado 2024 el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, que premió a ‘Jamones Perfecto’ como el mejor jamón serrano de España.
Aunque fue en 1984 cuando el Jamón de Teruel se convirtió en la primera Denominación de Origen Protegida (DOP) de jamón en España, esta delicatessen es, desde mucho antes, protagonista de aperitivos y el regalo idóneo para quienes quieren conocer el verdadero sabor de Aragón.
No es el único alimento con sello turolense que conquista paladares en otros países. Por ejemplo, el pasado abril, seis empresas de Teruel llevaron a Paris la esencia de productos como el jamón, la trufa, el vino o el azafrán turolense en el marco de la Exposición de Alimentos y Bebidas Españolas, una iniciativa promovida por el Instituto de Comercio Exterior (ICEX).
Historia y gastronomía
Se podría decir que Teruel es, por tanto, una de las cunas del jamón. Pero lo cierto es que esta provincia aragonesa ofrece muchas más posibilidades gastronómicas… y también turísticas.
Pasear por sus calles es conocer a fondo el estilo mudéjar que da fe de lo que un día fue esta provincia aragonesa. Quienes quieren visitarla pueden empezar el paseo por la Catedral de Santa María Mediavilla, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1986, no sin disfrutar de las alturas desde La Torre de la Iglesia de San Salvador.
La Torre de San Martín, la Escalinata del Óvalo y la Iglesia de San Pedro reflejan la historia a través de su arquitectura y es precisamente en este último enclave donde se encuentran las tumbas de un símbolo romántico internacional: la historia de los amantes de Teruel. Es de estos dos personajes de quienes surge, además, uno de los dulces más famosos de la provincia: los suspiros de amante.
La visita a Teruel pasa también por el Acueducto de los Arcos, fiel reflejo de la ingeniería propia del renacimiento español; y, cómo no, por la plaza del Torico, otro de los sellos turísticos de la ciudad.
Por sus calles se esconden también bares y restaurantes en los que reponer fuerzas con platos acompañados de quesos de la zona, del aroma de la trufa negra, del melocotón de Calanda o del aceite del Matarraña.
Después, habiendo saboreado la esencia de la provincia, es el momento de partir hacia Dinópolis, donde es posible conocer la época de los dinosaurios; o hacia esos pueblos que muestran a quienes los visitan el verdadero encanto del Aragón rural.
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