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REPORTAJE

Microbioma. Nuestros convecinos más íntimos

Una técnica común de relajación consiste en quedarse en silencio, con los ojos cerrados, e ir recorriendo mental-mente cada lugar del cuerpo, desde los pies a la cabeza. Mientras uno va pensando en cada parte: los músculos, la piel, las sensaciones que transmiten, es difícil que no repare en el corazón y su latido, siempre presente. Pero segura-mente olvide el bazo, el páncreas o la vesícula, y sobre todo olvidará lo que ya se conoce como el último órgano: el microbioma, es decir, la increíble población de microorganismos que se aloja dentro de cada uno de nosotros y que desempeña importantes funciones.

Jesús Méndez Actualizada 25/01/2011 a las 20:29
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Gran diversidad de microorganismos están presentes en la boca. En la imagen se mezclan diferentes tipos de bacterias, algunas son responsables del sarro o la gingivitis, así como el hongo Candida, frecuente en numerosas regiones del cuerpoCOPYRIGHT DENNIS KUNKEL MICROSCOPY, INC. WWW.DENNISKUNKEL.COM

MÁS BACTERIAS QUE CÉLULAS PROPIAS
Si el corazón pesa de media unos 300 gramos, el conjunto de bacterias que nos puebla llega hasta los dos kilos. De hecho, se calcula que existen hasta 100 billones en nuestro cuerpo, lo que supone que por cada célula propia hay al menos nueve bacterias. Estas pertenecen a más de 10.000 tipos diferentes y se encuentran fundamentalmente tapizando el intestino, pero también en la boca, la nariz, la vagina o la piel. De hecho, podríamos considerar que cada una de nuestras células contiene bacterias en su interior: las mitocondrias, los orgánulos donde se genera la mayor parte de nuestra energía, parecen ser en realidad bacterias antiquísimas que, en algún momento, fueron captadas por nuestras células en un perfecto ejemplo de simbiosis. Y, al igual que las mitocondrias, muchas de las bacterias que nos colonizan nos aportan una gran cantidad de beneficios: participan en la síntesis de vitaminas, degradan compuestos favoreciendo la digestión o ayudan en el desarrollo del sistema inmune. Pero no solo eso: últimamente se ha visto que la población bacteriana es diferente en cada uno de nosotros, y que dicha variación puede influir en trastornos tan diversos como las caries, el asma, las alergias, la diabetes o el autismo. Además, y esto llamó especialmente la atención hace unos años, también pueden influir en la obesidad. En serio.


SI ESTOY GORDO NO ES SOLO CULPA MÍA
El mundo es injusto. De eso no hay duda. Desde pequeños vemos cómo hay gente a nuestro alrededor que come cuanto quiere sin engordar apenas un gramo, mientras que otros parecemos condenados a una vida de vigilancia y renuncia. Hasta hace poco se oían dos posturas: una decía que todos éramos parecidos, que unos comíamos más que los otros, aunque no nos lo pareciera; otros decían, como en aquella campaña de Clinton contra Bush: «Es el metabolismo, estúpido». Estos últimos, obviamente, tenían más razón. Pero lo que no podían adivinar era que parte de ese metabolismo diferencial dependía de las bacterias.

Hace unos años, unos científicos analizaron en Washington (EE. UU.) la flora intestinal de dos grupos de ratones: uno de ratones delgados y otro de obesos, y comprobaron que había diferencias en la proporción de dos de los tipos de bacterias dominantes entre ambos grupos. Después vieron que esto sucedía también en los humanos. Pero, además, también comprobaron que, al transplantar la flora de los ratones obesos a los animales delgados, estos comenzaban a engordar como nunca antes lo habían hecho: las ‘nuevas’ bacterias eran menos eficaces a la hora de degradar y asimilar los alimentos. Por eso ya se están ensayando terapias que podrían servir para tratar obesidades resistentes o para mejorar problemas metabólicos como la diabetes. Sin embargo el proceso puede no parecer muy agradable: se trata de un trasplante de heces, por el cual se aísla la flora presente en las heces de individuos delgados y se administra a otro obeso. No hay virtud sin sacrificio.

ANTIBIÓTICOS Y RESISTENCIAS
Cada 18 de noviembre se celebra el Día Europeo para el Uso Prudente de los Antibióticos, en un intento por mejorar su utilización. «Estamos ante una epidemia de bacterias resistentes que se propaga por toda la población», se dijo en un simposio sobre el microbioma celebrado recientemente en El Escorial y organizado por la Fundación Lilly. El proceso por el que las bacterias se vuelven inmunes ante un antibiótico es consecuencia de la selección natural: ante repetidas exposiciones a un fármaco, únicamente sobreviven aquellas que tienen algún mecanismo de defensa. Por tanto, la descendencia procede de las bacterias resistentes y así perpetúan el mecanismo. Hay que tener en cuenta que las bacterias se reproducen tan rápido que un año de su vida equivaldría, a nivel evolutivo, a 250.000 de nuestros años. Y otra cosa importante: las bacterias son también capaces de compartir la información entre ellas sin necesidad de reproducirse, incluidos los genes que les confieren resistencia. Es lo que se conoce como ‘transmisión horizontal’, por la cual pueden adquirir información directamente de otras bacterias del ambiente. Como diría la microbióloga Lynn Margulis: «Es algo así como si te tiraras en una piscina con ojos pardos y salieras de ella con ojos azules». Este es el proceso que seguramente explique por qué nuestro intestino contiene ya bacterias resistentes a antibióticos incluso sin haber sido tratados con ellos. De hecho, se piensa que, de forma inversa, nuestros intestinos pueden estar actuando como un reservorio de resistencias capaces de transmitirse a bacterias patógenas del medio ambiente, disminuyendo la eficacia de los antibióticos. Conocer este mecanismo en profundidad es de suma importancia, y supone uno de los objetivos de los nuevos proyectos para el estudio del microbioma.


NUEVAS TECNOLOGÍAS
El estudio de las bacterias solía hacerse mediante su cultivo en placas de laboratorio. Sin embargo, esto solo puede hacerse con el 20% de ellas. Las nuevas tecnologías, fundamentalmente las técnicas de secuenciación masiva de ADN y los potentes programas informáticos, permiten, sin embargo, acceder a dosis mucho más grandes de información. Es lo que se conoce como metagenómica, o estudio genético de un ecosistema al completo. La labor es compleja, pero ya se han dado los primeros pasos, como la creación del Proyecto Microbioma Humano –semejante a lo que fue el Proyecto Genoma–, que estudiará las diferencias entre las poblaciones bacterianas de distintos individuos, pero también su relación con el desarrollo de enfermedades, los cambios que se producen con la dieta o la toma de antibióticos o incluso las variaciones que tienen lugar con el envejecimiento. España, aunque lentamente, se está involucrando también en diversos programas: uno de ellos se desarrolla en el Centro Superior de Salud Pública de Valencia, que ha establecido una nueva plataforma de metagenómica. Uno de sus primeros objetivos es el estudio del microbioma de la boca, ya que su composición parece estar relacionada con el desarrollo de caries. Como dice Álex Mira, uno de los científicos del centro, «hay alrededor de un 20% de la población que no desarrolla caries, ya que tienen una serie de bacterias distintas que producen antibióticos y matan específicamente a las bacterias responsables». El próximo paso en las investigaciones sería «saber si se puede reemplazar la flora microbiana oral de una persona por otra flora compuesta de bacterias saludables».

EL ÚLTIMO ÓRGANO
Dos kilos de microorganismos dentro de cada uno de nosotros, billones de bacterias reproduciéndose en nuestro interior, seleccionándose sin cesar. Y participando con nosotros: facilitándonos la digestión, ayudándonos en nuestras defensas, pero también generando resistencias, enviándonos al dentista, influyendo en nuestra talla de pantalón. Y todo esto parece ser solo la punta del iceberg. Sin embargo, por más que cerremos los ojos somos incapaces de reparar en ellas. Ahora nos dicen que algunas pueden también vivir con arsénico y, sin apenas contrastarlo, pensamos ya en posibles vidas extraterrestres. Con la de cosas pendientes que tenemos por aquí.

>>>Agradecemos la colaboración prestada por Álex Mira, del Centro Superior de Salud Pública de Valencia, y  Mari Carmen Collados, del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (Valencia) para la elaboración de este reportaje.

ENLACES:
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