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Aquí hay ciencia

La ciencia del horario escolar

¿Son más productivas las mañanas o las tardes para el estudio? ¿Cuánto tiempo puede mantener la atención un estudiante? ¿Qué dice la ciencia sobre el rendimiento académico?

Elena Sanz Actualizada 17/03/2017 a las 13:23
Niños a la entrada de un colegio, antes de comenzar su jornada escolarHeraldo

¿Jornada continua o partida? Esa era la disyuntiva que se sometía a votación hace unos días en más de 120 colegios aragoneses. La decisión se ha tomado en medio de un enardecido debate sobre los pros y contras de ambas opciones. ¿Pero qué dice la ciencia sobre el rendimiento académico de los niños? ¿Cuánto tiempo puede mantener la atención un estudiante? ¿Son más productivas las mañanas o las tardes para el estudio? Aunque no es fácil dar una respuesta global, los investigadores ya tienen algunas pistas.

Está claro que no existe una varita mágica que logre que un estudiante se mantenga concentrado durante toda una clase, o incluso varias. Tampoco hay una fórmula científica para alargar indefinidamente la atención, que, de hecho, es un recurso limitado. Según explica el neurocientífico y músico estadounidense Daniel Levitin, el sistema de atención humano está formado por dos redes neuronales. Una de ellas se pone en marcha mientras nos enfrascamos activamente en una tarea. Y la otra entra en juego cuando dejamos vagar la mente y soñamos despiertos. Cuando una está activa, la otra se desconecta. Son excluyentes, pero igual de necesarias. Porque indudablemente necesitamos concentrarnos para afrontar grandes proyectos y retos intelectuales. Pero sin olvidar que las grandes ideas y las conexiones lúcidas entre toda la información que recibimos a lo largo del día aparecen mientras la mente está en modo "soñar despiertos", lo que da lugar a la creatividad y la innovación.

El interruptor que cambia entre un modo y otro se encuentra en una estructura cerebral llamada ínsula. Y no conviene estar activándolo constantemente, sino más bien permanecer concentrados en solo una tarea durante intervalos de, por ejemplo, 50 minutos, intercalados con breves descansos. Es más, Levitin y otros han comprobado que dar un paseo por un área verde o escuchar una canción pulsa el interruptor de la ínsula para activar el modo "soñar despiertos". Y eso funciona como una especie de botón de reset neuronal que nos permite volver luego a las tareas con una perspectiva más clara de lo que nos traemos entre manos y mayor capacidad de rendimiento.

¿Qué sucede si no hacemos pausas? Un trabajo del que se hacía eco la revista 'Cognition' revelaba que el problema no es que, después de un tiempo dedicado a una misma tarea, se produzca un decremento de la capacidad de atención. Más bien experimentamos un fenómeno de habituación. Es decir, del mismo modo que cuando escuchamos un sonido constante llega un momento en que el cerebro deja de oírlo y lo 'ignora', a medida que pasa el tiempo los niveles de vigilancia y el rendimiento en una tarea decaen. La cosa se remedia si incluimos pequeños descansos (dos descansos en una faena de 50 minutos, según el estudio). "Aunque suene paradójico, activar y desactivar en la sesera una meta varias veces es la única manera de mantenerse plenamente concentrado", asegura Alejandro Lleras, coautor del estudio.

¿Y el horario escolar?

En lo que respecta al horario escolar, la ciencia también tiene bastante que decir. Por ejemplo, si en lugar de preguntarnos por la atención nos centramos en analizar el rendimiento, las mañanas ganan por goleada. Analizando datos de 2 millones de estudiantes, Nolan G. Pope, de la Universidad de Chicago, demostró que los alumnos son más productivos y aprenden más en las clases de la mañana que en las de la tarde. Sobre todo si la clase es de mates.

Lo que se perfila como una buena opción es retrasar la hora de entrada al cole una hora. En un estudio del Instituto Technion de Israel se comprobó que levantarse una hora más tarde aumenta la concentración y el rendimiento de los estudiantes, especialmente en matemáticas. Además de que reduce los errores y frena la impulsividad de los escolares.

Otra posibilidad nada descabellada para aumentar el rendimiento escolar sería reducir el número de días lectivos de cinco a cuatro semanales. Es decir, tener fines de semana de tres días. Aunque a priori podría parecer que esto repercutiría negativamente en los estudiantes, dado que aumenta el número de horas lectivas de lunes a jueves, un reciente estudio de la Universidad Estatal de Georgia (EE. UU.) ha demostrado que en alumnos de primaria el efecto es justo el contrario. Es más, el rendimiento y las notas, sobre todo en mates, mejoran cuando se adopta esta medida.

Otro dato a tener en cuenta a la hora de configurar los horarios es que varios estudios indican que el rendimiento baja en las clases que se imparten entre las 12.00 y la 13.00. Un fenómeno que también se ha observado en el terreno industrial y en otros entornos alejados del sistema educativo.

¿Y qué hay de las tardes? Distintas investigaciones apuntan a que las horas vespertinas son más que adecuados para el estudio. Sobre todo si requiere memoria a largo plazo. Incluso hay indicios de que la memoria se codifica y se consolida mejor cuando la información se adquiere por la tarde. Además de que se reducen las interferencias, lo que implica que a la materia gris le cuesta menos recuperar la información almacenada.

Hacer los deberes bien avanzada la tarde tampoco es mala práctica. Sobre todo si son problemas de matemática o de física que requieren cierta dosis de creatividad. Un estudio publicado en 'Thinking&Reasoning' reveló que el pensamiento innovador aumenta a últimas horas del día. Según Mareike Wieth y sus colegas del Albion College (EE. UU.) puede que el cansancio mental deje a la mente un poco más 'libre' para encontrar soluciones alternativas.

 

 





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