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Aquí hay ciencia

El ritmo que llevamos dentro

Elena Sanz 05/08/2016 a las 06:00
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Según la teoría motora de la percepción, cuando escuchamos música tendemos a simular los movimientos corporales que producen el sonido.Mijustin

¿Cuántas noches has salido de copas con los amigos y te has sorprendido a ti mismo golpeando el suelo inconscientemente al ritmo de la música que suena de fondo en ese garito? ¿Y verdad que en alguna ocasión, escuchando una canción de Guns N'Roses, de Deep Purple o de Bon Jovi, has simulado que tocabas las cuerdas de una guitarra eléctrica invisible durante ese emocionante solo? No solo te sucede a ti. De acuerdo con la teoría motora de la percepción, cuando escuchamos música tendemos a simular los movimientos corporales que producen el sonido. Es más, esta teoría defiende que para poder percibir algo, debemos estimular activamente el movimiento asociado con las impresiones sensoriales que estamos tratando de procesar, tal y como explicaban Rolf Inge Godoy y sus colegas de la Universidad de Oxford en la revista 'Journal of New Music Research'. Y se trata de una respuesta profundamente arraigada en nuestra sesera. De ahí que no podamos evitar que nuestros pies y nuestra cabeza se muevan 'solos' al ritmo de la batería. Nuestro cerebro reconoce el ritmo incluso sin prestar atención, en segundo plano, mientras realizamos otras tareas.

Bebés a todo ritmo

Tan enraizada está en nosotros la capacidad de detectar el ritmo de la música que los bebés de tan solo dos o tres días de vida ya lo perciben. Usando electrodos para medir la actividad cerebral de los recién nacidos, científicos europeos les hicieron escuchar a través de auriculares secuencias rítmicas que consistían en ritmos básicos de rock tocados con caja, bajo y platillos, que se reprodujeron cientos de veces. Y observaron que, cuando de forma periódica se omitía el primer golpe de ritmo del compás de la secuencia rítmica, los neonatos lo detectaban. Sus cerebros estaban marcando el ritmo internamente, y reaccionaban con sorpresa cuando se omitía algún golpe. Esta demostración de que captamos el ritmo de forma innata, sugieren los autores, podría significar que la música supone una ventaja evolutiva. Al fin y al cabo, bailar, cantar o tocar palmas en grupo, sincronizados dentro de una comunidad, es un fantástico lubricante social, aseguran.

Entrenar con música

A la hora de hacer deporte, la música también nos pone en movimiento. Sin ir más lejos, estudios recientes demuestran que las personas que se ejercitan al ritmo de la música realizan 105,4 minutos más de deporte a la semana que quienes no oyen música en absoluto. Y si la música se mejora añadiéndole golpes rítmicos extra, la actividad física se incrementa en 261,1 minutos a la semana. Nada menos que un 70%.

Ni siquiera caminando la música nos resulta indiferente. Por un lado, se ha comprobado que damos pasos más largos si andamos oyendo una canción que si lo hacemos en silencio. Además, el estilo musical importa. Con el mismo tempo (medido en pulsaciones por minuto), una canción de pop o tecno tiende a hacernos acelerar el paso, mientras que escuchando jazz o reggae inconscientemente caminamos más despacio, según un estudio del que se hacía eco 'PLOS One'.

Por otra parte, aprender a tocar la batería, los bongos o la caja flamenca, así como bailar al rimo de la música, tiene más ventajas de las que imaginamos. Neurocientíficos estadounidenses demostraron hace poco que el cerebro de las personas con más habilidad para realizar movimientos de cualquier tipo al ritmo de una canción responden mejor que la media de la población al lenguaje hablado. Y también son más hábiles en la lectura. "La formación musical, con énfasis en las habilidades rítmicas, ejercita el sistema auditivo y fortalece las conexiones sonido-significado que son tan importantes para leer", aseguraba Nina Kraus, coautora del estudio.







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