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Ciudades sostenibles del futuro

Economía circular. Adiós residuo, adiós

El modelo de sociedad del futuro estará basado necesariamente en el concepto de economía circular, con medidas encaminadas a reducir la cantidad de residuos promoviendo el ecodiseño, la prevención y la reutilización.

Circe 16/04/2017 a las 06:00
El concepto de economía circular reemplazará el actual modelo de economía lineal

Europa genera más de 2.500 millones de toneladas de residuos al año, lo que equivale a una media de casi 5.000 kg por habitante. Aunque generalmente el enfoque se centra en los ciudadanos, los datos muestran que solo el 8% de estos residuos son domésticos: unos 450 kg de basura por habitante al año. El resto proviene principalmente de la construcción (34%), las minas y las canteras (27%) y la industria (11%).

La gestión de los distintos residuos es un problema desde el punto de vista logístico, económico, social o medioambiental. En este último caso, no solo por la contaminación que pueden ocasionar, sino por todos los recursos (energía, agua, materias primas) necesarios para fabricar materiales que luego se convierten en residuos.

Para hacer frente a esta problemática, el Parlamento Europeo ha aprobado una serie de medidas que establecen el objetivo para 2030 de incrementar el reciclaje hasta el 70%, limitar el vertido hasta un 5% y reducir a la mitad el desperdicio de alimentos.

Sin embargo, aunque se están dirigiendo muchos esfuerzos a aumentar el reciclado de materiales, el modelo de sociedad del futuro estará basado necesariamente en el concepto de economía circular, en lugar del actual modelo de economía lineal. Esto implica que las medidas de sostenibilidad se encaminarán a reducir la cantidad de residuos actuando desde la raíz del problema, promoviendo el ecodiseño, la prevención y la reutilización, y cerrando los ciclos aguas arriba del sistema de gestión convencional.

  • Extracción: minas urbanas Las nuevas tecnologías demandan una gran cantidad de materiales cuyas propiedades físico químicas los hacen fundamentales en productos como teléfonos móviles, televisores, baterías u ordenadores. El cobalto, níquel o litio son necesarios para la fabricación de baterías. La plata, el estaño y el lantano, para componentes electrónicos; el indio para las pantallas táctiles o el neodimio para los motores eléctricos. Dada la escasez de algunos de esos metales, los productos deberán ser diseñados y optimizados para la reutilización y actualización (en productos sujetos a rápidos avances tecnológicos, como los móviles) mediante un ciclo de desensamblado y reutilización de componentes, que facilite a la vez la recuperación de metales críticos. Las ciudades se convertirán en auténticas minas, reduciendo la cantidad de materiales que se extraigan de la naturaleza.
  • Simbiosis industrial El sector industrial se rediseñará para establecer sinergias entre empresas y entre los centros empresariales y su entorno. De este modo los residuos generados por una supondrán la materia prima de otra. También se investigará en optimizar los procesos para reaprovechar otro tipo de residuos como el calor para suministrar calefacción a los edificios. Esta actividad favorecerá que los recursos estén el mayor tiempo posible en el mercado, retrasando y minimizando/aminorando la formación de residuos.
  • Fabricación: ecodiseño El ecodiseño persigue diseñar para reducir los residuos que se puedan generar. Los productos que se consumirán en las futuras ciudades estarán diseñados para que sean duraderos y permitan su reutilización, directamente o por partes, así como para que se puedan actualizar fácilmente. Estarán hechos con materiales de bajo impacto ambiental que además serán reciclables o biodegradables. Cobrará importancia la ‘desmaterialización’, es decir, que cada vez se utilicen menos materiales, menos voluminosos y de menor peso.
  • Usuarios y consumidores: el ciudadano, actor clave La sociedad del futuro demandará un sistema con productos más sostenibles y tendrá un papel fundamental en el buen funcionamiento de la cadena de valor de los mismos en todas las fases de su ciclo de vida. Tras muchas décadas de concienciación, su involucración con el nuevo modelo será total. Dispondrán de mucha más información sobre los residuos que los productos o servicios generan, por ejemplo en sus etiquetas, envases o páginas web, y de cómo se gestionan, así como de los materiales de los que están hechos.
  • Energía: producción de energía local Aunque la tendencia será no poner en el mercado productos no reciclables, a los materiales ‘inservibles’ se les sacará partido energético. Actualmente ya hay procesos de reciclado que aprovechan los mecanismos de separación para obtener energía con materiales no reciclables. Por otro lado, existen residuos naturales que se puede aprovechar directamente como biomasa. También será muy frecuente utilizar estos residuos ‘verdes’ para producir compost ‘casero’. Las ciudades contarán con mapas de residuos y plantas de generación de energía que aprovecharán los desperdicios locales para suministrar energía al barrio/ciudad, tanto en forma de electricidad como de calor para calefacción.
  • Vertederos: una cosa del pasado El nuevo modelo de ciudad basado en la economía circular reducirá por completo el número de residuos que acaban en un vertedero. La reutilización permitirá reaprovechar los productos para el mismo fin o adaptarlos para otros. El reciclado permitirá aprovechar los materiales de aquellos productos que no se pueden reutilizar como materia prima para fabricar otros nuevos. Aquellos que no se puedan reutilizar o reciclar servirán a otros fines como la generación de electricidad, o su combustión para obtener calor para otros usos. Con todo ello, dejará de haber vertederos, al desaparecer el concepto de residuo que tenemos hoy en día.
  • Recogida para el reciclado: sistemas inteligentes Los tipos de contenedores estarán más unificados a nivel internacional. Además, serán inteligentes y estarán conectados a un sistema central que permitirá saber en todo momento su carga, qué tipos de materiales contiene y su ubicación. Así será posible predecir y optimizar las rutas de recogida consiguiendo un sistema más eficiente. Contarán con un mecanismo de reconocimiento del ciudadano y del tipo de productos que deposita para garantizar un buen funcionamiento, recompensando a los vecinos más implicados. Donde sea posible, conductos soterrados recogerán los residuos directamente desde el punto de recolección hasta una estación central, que agrupará los desperdicios de varios bloques de edificios. Mejorarán la logística de la recogida selectiva y permitirán incluir en estas estaciones los primeros procesos de tratamiento en función del tipo de material.
  • Reparación/Reutilización/Redistribución/Restauración En estas fases se pondrá de manifiesto la importancia del ecodiseño. Gracias a ellas el producto aumentará su vida útil, reintroduciéndose en la cadena de valor a través de su mantenimiento y reparación, que serán labores sencillas que los propios usuarios podrán realizar. Tras nuestro uso, el producto podrá reutilizarse por otras personas, bien para el mismo fin o para otro. En otras ocasiones un producto desfasado se podrá volver a poner en servicio mediante una restauración o actualización. Con todo ello surgen dos nuevos conceptos:
  • Economía de servicios Los tradicionales ‘consumidores’ pasarán a ser ‘usuarios’ de productos. No compraremos productos (coches, lavadoras, muebles, etc.), sino que adquiriremos su funcionalidad (km, kg de ropa lavada, función, etc.). De este modo las empresas que proporcionen estos servicios se asegurarán de optimizar su diseño y uso en aras de optimizar a su vez su beneficio económico al tiempo que se maximiza su funcionalidad.
  • Logística inversa Este modelo plantea una economía de servicios en la que el propio fabricante gestionará directamente la recuperación de embalajes y envases, la devolución de productos de electrodomésticos, electrónica e informática, o la gestión de material sobrante. Estos fabricantes dispondrán de servicios o puntos de recogida para recolectar todos estos productos y, tras una etapa de desmontaje o procesado de los materiales y componentes, estarán listos para reutilizarse o eliminarse de una forma respetuosa con el medio ambiente.

Esta sección se realiza con la colaboración del Centro de Investigación de Recursos y Consumos Energéticos (CIRCE)





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