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Salud mental

ue ​El gran error de no hablar del suicidio, la mayor causa de muerte no natural

Unas 4.000 personas se suicidan cada año en España. Los expertos creen que debe dejar de considerarse un tema tabú para atajarlo.

Elena Puerta (Efe). Vitoria 17/01/2016 a las 13:52
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Mensajes contra el acoso en un instituto de Jaén tras producirse un suicidio.Efe

Unas 4.000 personas se suicidan cada año en España, una cifra estable que se ha convertido ya en la principal causa de muerte no natural y por lo tanto en un problema de salud pública que debe ser atajado por las instituciones con campañas de prevención que hablen de este fenómeno sin tapujos ni alarmismo.
Así lo entienden expertos en salud mental que consideran un "enorme error" la idea de que informar de los suicidios puede provocar un efecto contagio porque "no tiene una base científica".


Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística revelan que en 2013 hubo en España hubo 3.870 suicidios consumados (2.911 hombres y 959 mujeres), cifra que debe incrementarse en "un 10 o un 15 por ciento" ya que muchas muertes de este tipo se "camuflan en forma de accidentes", revela el profesor de la Universidad del País Vasco Enrique Echeburúa.

Esos más de 4.000 suicidios reales superan de lejos las cifras de homicidios (302 en 2013), de asesinatos de violencia machista (54 ese mismo año y 56 en 2015) e incluso de accidentes de tráfico (1.807 en 2013), que han conseguido reducirse de forma significativa en los últimos años.


De hecho, las muertes en carretera eran la primera causa de muerte no natural en 2007 y han pasado en 2013 al quinto lugar gracias a campañas y medidas, que según los investigadores, deben aplicarse ahora a los suicidios.


España presenta una de las tasas más bajas de suicidios de Europa, 8,3 casos por cada 100.000 habitantes, quizás por su mayor cohesión social y familiar, y por el papel que ha jugado la religión, dos fenómenos que están cambiando, de ahí la importancia de hablar de ello, como en su momento se hizo con las drogas, explica Echeburúa.


Médicos de atención primaria, psicólogos y psiquiatras tienen que estar preparados para detectar si una persona presenta síntomas suicidas, opina este miembro de la Academia Vasca de las Ciencias, Jakiunde.

Entre los factores de riesgo figuran los antecedentes familiares de suicidio, haber intentado previamente quitarse la vida, haber sufrido episodios traumáticos en la infancia, vivir situaciones estresantes como una ruptura afectiva y, sobre todo, padecer depresión, "que es el verdadero verdugo".

"El mejor remedio es expresarlo porque de esas situaciones se sale. Si lo superan, muchos se alegran de seguir vivos" y hay que hacer comprender a la persona que dice "me quiero morir, nada va a cambiar, no merece la pena seguir viviendo" que el suicidio es "una solución definitiva a un problema transitorio", comenta Echeburúa.

Por ello rechaza la política informativa de no dar noticias de suicidios por temor a desencadenar otros. "Los periódicos no matan a nadie, en todo caso precipitan la decisión de alguien que ya la tiene tomada", aclara este experto.

Sí deben tenerse en cuenta recomendaciones internacionales como no publicar estas muertes en portada, no aportar detalles morbosos del suicidio ni mostrar fotografías, pero "hablar de ello en público sin alarmismo ni morbo contribuye a prevenir este fenómeno".

El perfil del suicida en España es el de un hombre mayor, de entre 50 y 60 años, que vive solo, tiene una red de apoyo familiar y social muy limitada, sufre depresión y padece dolores físicos pero tiene la cabeza lúcida.

Los métodos que utilizan son contundentes, a diferencia de las mujeres, cuyas tentativas casi se cuadruplican, sobre todo entre chicas de 15 a 25 años que han sufrido un desengaño amoroso, fracaso escolar y tienen una mala relación familiar.

El acoso escolar, una identidad sexual no asumida, el consumo de alcohol y drogas o haber sufrido abusos sexuales reiterados en el ámbito familiar son asimismo factores de riesgo entre los adolescentes.

También hay otro tipo de suicidios como los que se cometen tras un asesinato machista, algo que según Echeburúa ocurre en el 30 o 35 % de los casos porque el homicida es consciente del reproche penal que le viene encima. "Cuando más integrado esté socialmente es más fácil que se suicide", apunta.

Para hacer frente a este fenómeno aboga por que las instituciones dejen de considerar este asunto como un tabú y pongan en marcha campañas de prevención en las escuelas y centros de salud ya que es un problema que no va a desaparecer pero puede limitarse con una rápida detección.  

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