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COMPACTO

El cambio definitivo

La transmisión EDC, un cambio automático de doble embrague, permite al Renault Mégane ser un coche cómodo y de buena respuesta.

C. C. Actualizada 18/11/2011 a las 23:39
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Renault Mégane EDC

Mucho se ha hablado de los cambios automáticos en los últimos años. Como siempre, defensores y detractores han argumentado decenas de pros y contras. Pero los que no están a favor de los cambios automáticos cada vez se encuentran más acorralados, ya que los nuevos sistemas de transmisión automáticos resultan más eficaces que los manuales y, en ocasiones, más económicos en cuanto a consumo.

La caja EDC (Efficient Dual Clutch) no es la conocida transmisión automática con convertidor de par, sino que cuenta con dos embragues robotizados, uno para las marchas impares y otro para las pares y la marcha atrás. No es el único, ni siquiera el primero de estas características, pero a buen seguro que durante los próximos años puede dar mucho de qué hablar. Se parece a los ya famosos DSG del grupo Volkswagen, pero que también hay en otras marcas como Nissan (ahora hermana de Renault), Mitsubishi o BMW.

Para este reportaje se ha tomado como base un Mégane de cinco puertas, con motor diésel DCI de 110 cv, que ha resultado todo un lujo. Lo mejor es que los cambios de marcha ni se notan, que se realizan en décimas de segundo y que esto supone que todo el proceso de cambio de relación se optimiza, con lo que se ahorra en combustible y se logra rebajar la cifra de emisiones finales de CO2 a la atmósfera.

Y algunos se preguntarán cómo es posible que un cambio automático haya evolucionado tanto, desde aquellos que, entre marcha y marcha, hacían balancear el cuerpo hacía adelante y hacía atrás. Pues es ‘sencillo’. Además de la marcha engranada hay siempre otra preseleccionada (si se acelera, la superior, y si se suelta el acelerador, la inferior). Cuando llega el instante del cambio, el sistema mueve los embragues a gran velocidad, con menores fricciones que en otras transmisiones y, por lo tanto, con mayor suavidad.

Normalidad

El Renault Mégane con cambio automático EDC se comporta como cualquier automático, pero sin que se note ningún parón entre marcha y marcha. Se trata de una caja que no busca tintes deportivos, sino la comodidad del conductor y sus acompañantes. De hecho, se ha montado con un propulsor diésel que aporta 110 cv de potencia. Eso sí, el cambio de engranajes, durante la prueba, dejó claro que es más suave al acelerar que al reducir, aunque en esa circunstancia tampoco resulta, ni mucho menos, desagradable.

Y, ahora, llega lo mejor, porque la caja EDC mejora el consumo en carretera frente a una transmisión manual. Y esto es así porque, electrónicamente, la caja EDC monitoriza las revoluciones, el acelerador y otros parámetros para que el cambio de una a otra marcha se haga en el momento óptimo, algo que un ser humano es incapaz de hacer, por muy bien que conozca su coche. Además, es un cambio de seis velocidades y los desarrollos están muy ajustados. En ciudad no es tan fácil rebajar en consumo, de hecho este cambio penaliza en este apartado. Pero, al final, la media es idéntica a la de una transmisión tradicional. Elegir o no la caja EDC es cuestión de comodidad. Para los que no quieren exprimir el motor, este tipo de cambios resulta ideal.







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