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Pilar 2016

“Nunca me he marchado de Zaragoza durante las fiestas”

José Luis Melero, Hijo Predilecto de Zaragoza.

Antón Castro. Zaragoza Actualizada 12/10/2016 a las 07:39
José Luis Melero, en su biblioteca.Oliver Duch

José Luis Melero Rivas (Zaragoza, 1956) cumplirá 60 años en diciembre. A modo de cumpleaños anticipado, ha recibido una distinción que le ha conmovido como se vio el sábado en el salón de plenos del Ayuntamiento de Zaragoza. Fue nombrado Hijo Predilecto de su ciudad: la capital del cierzo, la novia del viento. La ciudad que siempre lleva consigo en esa maleta real e ilusoria, llena de libros, de emociones, de curiosidad, de música y de sentido de la amistad.

¿Qué significa ser Hijo Predilecto de la ciudad que uno ama tanto?
Es lo más. Ya lo dije en el Ayuntamiento el día de la entrega de las distinciones. Mejor que si me tocaran la Bonoloto y la Primitiva juntas; mejor que si Elle MacPherson, Naomi Watts o Gisele Bundchen me confirmaran, como todo hacía suponer, que yo era el hombre de sus vidas; mejor que si encontrara por cuatro gordas en el Rastro una primera edición del Quijote; mejor que si el Zaragoza ganara la Champions; mejor -y discúlpeseme la herejía- que el gol de Nayim. Ser hijo predilecto de Zaragoza es lo más.

Dicho eso y así, ¿qué es Zaragoza para usted? ¿Qué le da, qué le ha dado?

Zaragoza es la ciudad de mi vida, el escenario de mis sueños, la ciudad que me lo ha dado todo y en la que me reconozco en cada esquina.

¿Qué es lo que le gusta de ella? ¿Si tuviera que explicarla, cómo la definiría?
A mí las ciudades me gustan por razón de la gente que vive en ellas. Si vives en Nueva York y estás solo, sin familia y sin amigos, Nueva York te parecerá un sepulcro. A mí me gusta Zaragoza porque aquí vive la gente que quiero, porque aquí están mis padres, mis hijos, mis amigos, porque aquí nunca me he sentido solo.


Es también un erudito de Zaragoza. ¿Quién la ha cantado mejor, quién la ha glosado de un modo que le conmueve?
Muchos grandes escritores y pintores. Ramón J. Sender, Benjamín Jarnés, Ignacio Martínez de Pisón, Francisco Marín Bagüés, Pepe Cerdá, Ignacio Mayayo… tantos y tantos que sería imposible hacer un listado. Y en los últimos años Zaragoza es ya el escenario de muchos de los libros más importantes de los más destacados escritores aragoneses.

De las historias zaragozanas, y hay cientos, ¿cuáles le seducen más?
A mí me gustan las historias menudas y me interesa poco la épica. Si tengo que elegir una historia me quedo con la de los zaragozanos anónimos que trabajan día a día por hacer esta ciudad mejor.

¿Qué nombres se la evocan especialmente?
Yo siempre quiero unir Zaragoza a la excelencia. Goya y Buñuel deberían ser siempre un símbolo de Zaragoza. Y mi amigo José Antonio Labordeta.

¿Tiene un libro zaragozano preferido, una película sobre Zaragoza, un disco, un cuadro?
Las memorias de José María Castro y Calvo, ‘Mi gente y mi tiempo’, y la vista de Zaragoza de Juan Bautista Martínez del Mazo de 1647. Discos muchos: los de Labordeta, los de Amaral, los de Bunbury, los de María José Hernández, los de la Ronda de Boltaña…

Hablemos de la jota. No solo la canta, sino que la vive de manera especial y la glosa, la divulga y es un hombre fuerte, con criterio, en los concursos como jurado. ¿Qué tiene la jota, qué le gusta de ella?
La jota es una de las señas de identidad más importantes de Aragón. A mí me ha gustado siempre mucho la cultura popular y creo que he sabido hacerla compatible con la alta cultura. Quiero decir que me puede gustar igual escuchar a José Oto o a Cecilio Navarro que leer a Thomas Mann o a Cirlot. Esto no es muy frecuente y normalmente los intelectuales se han preocupado poco de la cultura popular, poco de lo que le interesa al pueblo. Es un error. La jota sigue siendo muy popular, es una manifestación cultural cuatro veces centenaria y si se mantiene viva por algo será. Y se mantiene viva y pujante porque muchos aragoneses de toda condición la llevan muy dentro de sus corazones. Ignorar esto es darle la espalda a la realidad.

¿Sería el canto de Aragón como se dice, o esa apreciación es un lugar común y perezoso?
Bueno, eso es un tópico. La jota es un canto muy importante en Aragón y el verdaderamente autóctono. Pero no se puede decir que sea “el canto de Aragón”, como si no pudiera haber otro. La cultura -tanto la popular como la más académica- tiene afortunadamente muchas vertientes, muchas singularidades y muchas ganas de mezclarse con otras culturas y de enriquecerse. Así que lo deseable es que en Aragón, sin olvidar nunca nuestras culturas, estemos siempre abiertos a todas las culturas del mundo, vengan de donde vengan. O sea: la jota sí, pero las demás músicas también.

Zaragoza también es un escenario de tópicos: que si es una ciudad hostil con los suyos, que si es saturnal o cainita, que si es tan dura como su cierzo. ¿Tiene defectos que se puedan corregir o no?
Zaragoza no es nada especial ni distinta a otras ciudades por sí misma. Es lo que es por razón de la gente que vive en ella. Y aquí vive, como en todas partes, gente de todo ¿O es que aquí somos genéticamente peores tipos que en otros sitios? Zaragoza tiene los mismos defectos y las mismas virtudes que el resto de ciudades del mundo. La soberbia o la envidia, la bondad o la generosidad no son patrimonio de ninguna ciudad. Están repartidas por igual en todas partes. A mí en Zaragoza lo que me gusta es relacionarme con los buenos, que son millares y millares. Con los que no son cainitas, con los que no son hostiles con los suyos, con los que no son duros como su cierzo. Y le aseguro que aquí hay muchos de esos, yo diría que una gran mayoría.

¿Cuáles son sus rincones favoritos?
A mí me gustan los bares de mi ciudad. Yo soy mucho de bares, cafés y restaurantes. Han formado parte de mi educación sentimental. Casa Paricio, el Levante, el Circo, el Nevada, el Universal, Casa Emilio… Y las librerías. Me gustan mucho las librerías. Ir a las librerías es también uno de mis quehaceres favoritos.

Practica el 'carpe diem' a diario, bien se ve. ¿Es Zaragoza una ciudad de diversión, de buena gastronomía, una ciudad luminosa, un escenario de tertulias?
Claro, lo sabe todo el mundo. Zaragoza es una ciudad maravillosa e integradora en la que nadie se siente forastero. A mí me gusta mucho que Zaragoza acoja tan bien a todos los que vienen de fuera. Es muy enriquecedor para todos.

¿Por qué considera Aragón, y Zaragoza, tan poco a sus artistas, a sus creadores, a sus actores? ¿O por qué se dice eso?
Eso es otro tópico. Yo no creo que Zaragoza considere poco o maltrate a Martínez de Pisón, ni a Antón Castro, ni a Sergio del Molino, ni a Miguel Mena, ni a Agustín Sánchez Vidal, ni a Jorge Gay, ni a Pepe Cerdá, ni a Luisa Gavasa, ni a Paula Ortiz, ni a Miguel Ángel Lamata, ni a tantos otros. Es mentira. Pero Zaragoza, claro, no tiene desgraciadamente, porque somos pocos y no somos ricos, las posibilidades de otras grandes ciudades. Y hay que buscar fuera muchas veces lo que Zaragoza no puede darte. Pero eso no quiere decir que no valoremos a nuestros creadores. La gente con la que yo me relaciono, desde luego, los quiere, los respeta y los valora.

¿Y el Pilar y sus fiestas, tienen un significado especial para usted? ¿Cómo los ha vivido a lo largo del tiempo?
Yo siempre he vivido las fiestas con ilusión. Como fuera de casa no se está en ninguna parte, así que yo me he lanzado siempre a la calle a divertirme. Me gustan las fiestas, me gusta vivir, reírme y estar con los amigos. Nunca me he marchado de Zaragoza durante las fiestas. Mi madre se llama Pilar y aquí celebramos siempre mucho esa festividad.

Cuando le anunciaron la distinción, sinceramente, ¿en qué pensó, de quién o quiénes se acordó?
Pensé: ya tengo un hueco pequeñito en la historia de mi ciudad. Y me hizo mucha ilusión. Y quise celebrarlo con todos mis amigos, así que nos reunimos en una cena multitudinaria en Casa Emilio. La felicidad, estas pequeñas cosas.







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