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Real Zaragoza

Una final para la resurrección

El Real Zaragoza recibe a Las Palmas en la ida del cruce definitivo para regresar a Primera División (20.00/C+).
El logro, que daría la vida al club, queda a solo 180 minutos.

Paco Giménez, ZARAGOZA Actualizada 17/06/2015 a las 21:46
Fernández y Bono, ayer por la tarde, llegando a la concentración del Real Zaragoza.g. mestre

El Real Zaragoza vuelve a jugar una final. Lo hace, en un cruce a ida y vuelta, frente a la UD Las Palmas. Es la final de la promoción de ascenso. Una final con un premio gordo, que es el regreso a la élite para el vencedor; y con un golpe bajo de dura digestión, que tendrá que asumir quien fracase en este intento a cara o cruz que se va a dilucidar en tan solo cinco días. Hoy, en La Romareda (20.00/C+). Y el domingo, en el estadio de Gran Canaria (19.00/C+).

Esta final no es de las de trofeos brillantes. Ni de las que cuentan con focos y cámaras mundiales en el seguimiento del partido. Tampoco engrosará el palmarés de quien la gane con ningún título. Y será difícil encontrarla dentro de un tiempo en el listado de efemérides sobresalientes del club que salga victorioso. Es una final mate, sin el pedigrí que siempre tienen las finales en los torneos de primer rango. Pero, en definitiva, es la final de una fase de la competición en la que uno de los contendientes alcanzará un objetivo valiosísimo de cara a su presente y, sobre todo, a su futuro: ascender a Primera, con todo lo que económica y societariamente supone eso en el año 15 del siglo XXI. Es decir, la vida misma. El dinero suficiente para salir poco a poco de la ruina global que afecta a unos y otros, cada uno en sus parámetros particulares.

Por eso, una vez alcanzado de manera muy meritoria este hito en el duro camino de esta temporada 2014-15 que ya concluye, el valor de ganarla supera con creces en estos momentos cualquier otra estimación dentro de la sede del Real Zaragoza. Superar a la UD Las Palmas en este doble enfrentamiento definitivo de la promoción de ascenso a Primera División significaría volver a la vida para una SAD reventada por los cuatro costados por el agapitismo. Un viejo club de 83 años que fue recogido del suelo por los nuevos propietarios, en coma casi irreversible, y que solo 11 meses después de hacerle el boca a boca a base de millones de euros y de recuperar sus constantes vitales mínimas para poder competir, tiene a mano un logro inesperado, lleno de méritos, que puede poner el broche de oro a un año crucial en la historia del Real Zaragoza.

Es un cara o cruz lleno de nervios, vértigos, incertidumbres e ilusiones entre aragoneses y canarios. Como lo son cada año estas finales donde uno salta al cielo y el otro se queda atascado sine díe en el infierno. Es tanta la diferencia que existe entre ganar o perder esta final que se prevén dos partidos repletos de histerias, de situaciones límite. Las experiencias de los cuatro cursos anteriores, desde que la LFP recuperó las promociones de ascenso tras varias décadas derogadas, anuncian días y momentos de alta tensión salvo que, bien el Real Zaragoza o bien Las Palmas, sean capaces de romper de cuajo enseguida a su favor la eliminatoria y todo derive en algo más descafeinado.

Hasta ahora, tal cosa nunca ha sucedido llegados a este punto de la temporada en Segunda División. Las cuatro anteriores finales, desde que este mecanismo de ascenso se implantó en 2011, se han solventado con dos, tres o cuatro goles anotados entre los dos contrincantes en los dos partidos de cada eliminatoria. Al más puro estilo conservador, miedoso, calibrador.

Pero, precisamente el Zaragoza, se ha encargado este año de romper con los hábitos, con la pauta corriente en las promociones. Su duelo con el Girona ha sido lo más extraño de todo lo visto hasta ahora. Tanto por la remontada histórica de tres goles adversos fuera de casa, como por los 8 tantos que se dieron en el guarismo global del cruce. Así que esta final ante Las Palmas puede que no sea del corte ordinario al que está acostumbrado el fútbol español. Se trata de dos equipos con gran pegada ofensiva. Los insulares marcaron 73 en la liga (los mejores junto al campeón, el Betis). Los aragoneses hicieron 61 dianas, los quintos más certeros. Ambos tienen cianuro en sus flechas de vanguardia. Y, en el otro flanco del campo, sus defensas no son de las más rocosas: 47 tantos encajaron los amarillos en el torneo liguero, por 58 los blanquillos. Demasiados agujeros para artilleros tan avispados como presentan las dos escuadras.

El Zaragoza, justo a tiempo, recupera a todos sus efectivos. Jaime ya está para jugar. Y hasta Borja Bastón ha aprontado su recuperación y va a sentarse en el banquillo por si su concurso es necesario. Su presencia supone un empujón de ánimo tremendo para el equipo y la afición en un momento crucial. Un gesto de implicación que aumenta las esperanzas de salir airosos de un reto de tanta envergadura. La UD Las Palmas, por el contrario, pierde por lesión a uno de sus bastiones en la medular, Vicente Gómez, que tampoco estará para la vuelta el domingo.

Arranca hoy la batalla final por la tercera plaza de ascenso, para acompañar al Betis y el Sporting en el viaje a Primera. Las Palmas la busca por tercer año consecutivo en duelos de este calibre, lo que lo carga de presión. El Zaragoza se estrena en plena euforia por la gesta de Gerona. Los dos buscan su resurrección como clubes. Solo uno lo conseguirá el próximo domingo.







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