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Entrevista

"La caligrafía es una obra única"

Diego Navarro Bonilla monta una gran exposición en la biblioteca María Moliner de la Universidad, y dibuja muchas piezas. 

Antón Castro Actualizada 16/06/2015 a las 09:51
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Retrato de Diego Navarro:escritor, historiador, bibliotecario y calígrafo.Martina Clemen

'Caligrafía: trazos que comunican, líneas de emoción’ es "un proyecto acogido amablemente por la Facultad de Filosofía y Letras y por la Biblioteca de la Universidad de Zaragoza en el que se exponen tanto fondos originales (impresos y manuscritos) sobre caligrafía como obras mías recientemente elaboradas", dice su comisario Diego Navarro.

¿Desde cuándo te interesa la caligrafía?
​De una manera intuitiva y como atracción estética, aunque sin método, creo que desde los 15 ó 16 años, paralelamente a mi interés por todo lo relacionado con los objetos y prácticas de escritura​.Luego, en primero de Biblioteconomía y Documentación, gracias a la influencia del profesor Alberto Montaner, empecé a realizar caligrafía. De manera intensa y sistemática comencé hace unos diez años. Además, mi docencia en Archivística y Paleografía y mis investigaciones en múltiples archivos históricos con documentos desde la Edad Media hacen que conviva todos los días con formas gráficas y escriturarias muy dispares y sugerentes. Recientemente, estancias de investigación que he realidado en centros especializados como el International Research Centre for Calligraphy en la Universidad de Sunderland (Inglaterra), bajo el magisterio de dos grandes investigadores y maestros calígrafos como son Ewan Clayton y Manny Ling, han sido influencias decisivas en mi actividad y así se refleja en esta exposición.

¿Cuándo empezó a practicarla, dice?

Como digo, de manera sistemática y profunda, desde hace unos diez años​.

¿Qué exige la caligrafía, cuántas modalidades hay o estilos?
Exige esencialmente paciencia y experimentación continuada así como una búsqueda de perfección en la ejecución (algunos lo llaman virtuosismo) y voluntad de comunicación y deseo de emocionar. Hoy en día se asiste a una renovación de la caligrafía que trata de incorporar los estilos clásicos y tradicionales​ -desde los ciclos escriturarios de la Antigüedad griega y latina- hasta formas expresivas vanguardistas que oscilan entre la creación abstracta, el estilo gestual, el collage caligráfico, etc.


¿Qué materiales se necesitan, además de la imaginación y el talento?
Una de las primeras tareas del calígrafo es conocer las particularidades y respuestas de cada uno los materiales y ello incluye tanto los instrumentos de escritura (plumas, marcadores, pinceles, etc.) como los pigmentos (tintas, acrílicos, acuarelas, etc.) y, especialmente, los soportes de escritura. La interacción de todos ellos genera múltiples respuestas y resultados que conviene descubrir. Por ejemplo, el conocimiento de la inmensa variedad de papeles aptos para realizar caligrafía constituye un arte por sí solo. Por otra parte, sorprendería descubrir la cantidad de objetos sencillos y cotidianos que bien utilizados nos pueden ofrecer un resultado expresivo maravilloso.

¿Como cuáles?
Podemos ir desde una elegante pluma metálica flexible fabricada especialmente para realizar un estilo de letra inglesa o también llamada ‘Copperplate’ hasta un humilde trozo de madera de balsa bañado en pintura o en tinta china con el que se consiguen unos efectos maravillosos. Por no hablar de las exitosas ‘cola pen’ o plumas de trozos de latas de bebidas.

¿En qué consiste esta exposición? ¿Cómo la ha concebido y con qué formatos?
La exposición que acogen y apoyan la Biblioteca María Moliner y la Facultad de Filosofía y Letras tiene una doble dimensión: bibliográfica y artística. En ella se busca el equilibrio entre la teoría y la práctica, entre la formalidad y la creatividad, entre la doctrina y el ejercicio diario de la caligrafía clásica y vanguardista. Con la inestimable ayuda de la Biblioteca de la Universidad de Zaragoza, se han seleccionado libros, revistas y publicaciones procedentes de su rico fondo (tanto antiguo como contemporáneo) así como materiales especiales para realizar caligrafía junto a una nutrida muestra de recientes trabajos caligráficos que he realizado, utilizando múltiples técnicas (acuarela, tinta, acrílicos, marcadores de arte urbano, etc.) e inspiraciones visuales: desde las más clásicas (antiguas, medievales y modernas) hasta las más vanguardistas.

¿Qué nos diría: la caligrafía es una artesanía o es un arte?
Esta exposición lleva incorporado en el título -‘Caligrafía: Trazos que comunican, líneas de emoción’- dos términos que considero fundamentales para comprender la caligrafía como arte: por una parte el deseo de comunicar y, por otra, el interés por suscitar emociones, sensaciones y, en suma, conmover. En este sentido, el resultado caligráfico es una obra individual, única, donde el autor plasma tanto su competencia caligráfica como su particular visión estética a través de influencias gráficas, pictóricas, etc. Algunas de las piezas expuestas nacen de la investigación a pie de archivo. Por ejemplo, reconozco una indudable influencia de las obras de calígrafos alemanes de comienzos del siglo XVI como Johann Neudörffer, colaborador de Durero y uno de los más influyentes (acaso el más grande de su época). En el Archivo Histórico de su ciudad, Nüremberg, consulté numerosas piezas originales. También hay en la exposición, por ejemplo, versiones libres de las elegantísimas letras de Gerhard Mercator en composiciones que unen tinta con acuarela.

¿A quién le interesa la caligrafía hoy?
Afortundamente, la caligrafía es un arte ​muy agradecido porque no conozco a nadie que no se emocione o no genere una respuesta totalmente positiva cuando contempla caligrafía. Unas veces llena de admiración, otras de vivo interés y curiosidad por una práctica que parece entrar en declive frente al universo digital pero que, en realidad, forma parte de nuestra educación y formación, a pesar de las noticias que desde Finlandia llegaron a finales de 2014 sobre la supresión de la enseñanza de la letra cursiva manuscrita en las aulas de ese país. Sin embargo, en otras culturas como la oriental ha sido y sigue siendo considerada una de las artes más elevadas y respetadas. Por no hablar de la caligrafía en los países musulmanes con una riquísima tradición expresiva y cultural.

A veces hay elementos simbólicos, alegóricos, una poética de los objetos. ¿Cómo definiría su trabajo, en qué esfera estaría?
La caligrafía permite experimentar continuamente entre la completa legibilidad y evidencia del mensaje caligrafiado y la sugerencia, la evocación o la sutileza de unos trazos que rompen deliberadamente el discurso y la comprensión del contenido para centrarse prioritariamente ​en su dimensión estética más que comunicativa o reglada. Por ello, el conocimiento de las tradiciones escriturarias (antiguas, medievales, modernas y contemporáneas), de las prácticas, resultados y representaciones de la cultura escrita ofrece un caudal enorme de posibilidades para enriquecer el trabajo caligráfico incorporando elementos simbólicos propios de la producción de documentos o las aleogorías de la rica tradición de emblemas hispanos de los siglos XVI al XVIII.

¿Qué relación existe entre caligrafía, perfección, búsqueda de la belleza, evocación de un tiempo lejano?
​Apesar de la percepción extendida de que la caligrafía pertenece a uno de esos raros oficios del pasado, cercado o amenazado por el mundo digital, quienes convivimos entre calígrafos y realizamos caligrafía sabemos que su presencia y dinamismo es mucho mayor, se encuentra mucho más presente y, en suma, conecta con la sociedad de manera más intensa de lo que pudiéramos imaginar, por ejemplo en el seno de procesos de comunicación visual y en formas de diseño gráfico contemporáneo. Pero, indudablemente, detrás de cada trazo existe siempre una búsqueda de perfección, de belleza expresiva que se proyecta hacia el futuro pero teniendo muy presentes las riquísimas influencias de la propia historia de la escritura. Por ejemplo, en la exposición se muestran ejemplos de sobres (arte postal) con destinatarios reales escritos con caligrafía especial para cada caso propiciando un vínculo comunicativo y emocional singular a través de la carta individualizada.​

Usted siempre sabe muchas historias de la historia, por decirlo así. ¿Qué papel ha jugado la caligrafía en la historia, en el espionaje, en el amor, en la guerra?
Hay determinados tipos de letra cuya ornamentación y grado de florituras evoca indudablemente una sensualidad en cada trazo, en cada ligadura y enlace de letras. En este sentido, las conversaciones galantes del siglo XVII y XVIII no fueron más apreciadas en sus sutiles modos expresivos que las cartas de amor donde el contenido iba acompañado de una excelencia escrituraria acorde con la ocasión. La galantería caligráfica es un aspecto poco tratado y, sin embargo, lleno de posibilidades de estudio en el seno de la cultura escrita. Por otra parte, los calígrafos y maestros de escritura del siglo XVII, especialmente en ciudades tan vinculadas a una burocracia desmedida como Madrid, tenían verdaderos duelos y disputas entre ellos, por alcanzar una excelencia y virtuosismo en el uso de la pluma. La tremenda rivalidad y las sangrantes rencillas por ejemplo entre Pedro Díaz Morante y otro insigne calígrafo como Francisco de Montalbo fueron antológicas, dignas de la misma inquina que se tenían Quevedo y Góngora.

Por último, me ha dado la sensación de que la caligrafía da paz, un karma especial. ¿Es así, es como una terapia?
El ejercicio caligráfico es ajeno a la prisa. Tampoco significa que todo sea lentitud o parsimonia. De hecho, hay trazos que buscan una expresividad extrema y se ejecutan con viveza y rapidez con instrumentos como el tiralíneas, de gran uso actual. En cada diseño, por sencillo que sea, se ponen en conexión numerosos estímulos, capacidades, modos y formas de comunicar a través de la escritura bella. Hacer caligrafía nos hace mejores, nos enriquece interiormente y, sin duda, contribuimos a generar belleza despertando emociones en quienes reciben los trazos en armonía.







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