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El día de...

Amor de madre

A Toya Graham la hemos convertido en la ‘madre del año’. Su empeño en sacar a bofetadas a su hijo de la violencia genera simpatía, aunque lo que subyace en él es todo un mundo de desigualdades.

Picos Laguna Actualizada 04/05/2015 a las 20:18
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De la madre de Baltimore Toya Graham se ha contado casi de todo, que tiene seis hijos a los que saca adelante sola y que conoce de primera mano la violencia porque, según ella misma ha reconocido, hace dos años fue testigo de cómo un hombre recibió tres disparos justo bajo su casa, y a quien no pudo salvar. "Ese hombre era hijo de alguien y es sobrecogedor que le puedan quitar la vida así, sin más", contó a la cadena CBS. Toda una reflexión. Toya y sus hijos viven en la zona más degradaba de una ciudad que es la capital de la heroína, en donde la Agencia Antidroga de Estados Unidos, la DEA, cifra en 60.000 los heroinómanos sobre una población de 600.000. Un gran caldo de cultivo.

Las imágenes de Toya echando a golpes a su hijo adolescente de la violencia de las calles, desatada por la muerte de un adolescente negro como consecuencia de abusos policiales, son vistas desde el sofá de casa con simpatía, e incluso envidia, por quienes creen que hay situaciones en la vida que solo es posible atajar con la fuerza, y evitar así algunas conductas de hijos complicados. Pero siempre hay que ir más allá de la imagen.

Para el psicólogo Carlos Hué, son la evidencia más dolorosa de la falta de igualdad de oportunidades, y "la punta del iceberg de una sociedad que no apuesta por esa igualdad. En un ambiente de forcejeo total con la policía, de ‘ruido’ externo, la madre saca a su hijo de ese entorno con la misma violencia que tiene a su alrededor; no pensamos que pueda ir allí y decirle a su hijo, como si estuviera en su casa, “por favor, sal de aquí”, porque esos, lamentablemente, son los hábitos aprendidos por esa madre en una sociedad violenta y que no le ha dado más recursos". Porque es parte de ese ambiente de violencia y casi de marginación de la población negra que está siendo acosada por la policía blanca en los últimos años en Estados Unidos. No hay ni que mirar atrás para recordar algunos incidentes, porque son cíclicos en los informativos.

Hué echa en falta una igualdad entre dos razas y una igualdad de oportunidades, y cree que "la sociedad debe educar no solo a los hijos sino también a los padres en comportamiento y comunicación positiva". Dos valores esenciales y muy aparcados cuando somos capaces, mientras comemos, de simplemente reirnos y aplaudir imágenes como la de Toya Graham, hoy ‘madre del año’ para la prensa norteamericana y para Internet, muy aficionados ambos a crear héroes y villanos.

Un mundo mejor

Pero no le restemos valor a esta mujer que intenta, como puede y como sabe, plantarle cara a ese mundo en el no quiere ver a sus hijos. "Enfrentarse a la Policía de esta manera vandálica no es justicia", dijo después de arrancar de la calle a su hijo a bofetadas. "Soy soltera, tengo otras cinco hijas más y he decidido que ya no quiero vivir de esta manera ni quiero que mi hijo tenga que vivir esto". El problema es que vive en Baltimore, la ciudad de las desigualdades, que pasó de 950.000 habitantes en 1950 a 620.000 de hoy, el 63% de ellos negros; donde el 22,9% de la población y el 18,8% de las familias tienen ingresos por debajo del umbral de la pobreza y en la que en cuatro años 109 personas han muerto en enfrentamientos con la Policía. Y este es el ‘ruido’ del que habla Carlos Hué, en el que crece el hijo de Toya, y del que intenta evitar que se meta usando esa violencia que le rodea y en la que ella creció. Una ciudad fundada en 1729, que debe su nombre a Lord Baltimore, de la Cámara Irlandesa de los Lores y fundador de la colonia británica de Maryland, y que vivió momento de gloria hasta que le azotó la crisis y quedó dividida en dos, la (blanca) que vive de cara al mundo en su zona portuaria y la (negra) que sobrevive en las cloacas.

Porque, como ella cuenta, cuando vió en la televisión a su hijo en la manifestación antirracial contra los policías, no dudó en plantarse ahí y sacarle a golpes:"Cuando lo vi entre la multitud, cruzando la calle con su capucha y una máscara, no me pude contener. Es mi único hijo varón –insistía– y yo no quería que al final del día se convirtiera en otro Freddie Gray", el chaval negro como su hijo, también residente en Baltimore, que murió el 19 de abril a causa de una grave lesión medular sufrida en algún momento durante su arresto, una semana antes. Una muerte que ha provocado fuertes disturbios.

Y lo que subyace con todo esto es que las cosas parecen cambiar poco...







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