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Pintura

Lafarga, el pintor al desnudo

Cuando el deseo recogido. Óleos y dibujos. Paco Lafarga. IAACC Pablo Serrano. Impulso Lateral. Hasta el 18 de enero de 2015.

Antón Castro 22/01/2015 a las 02:00
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Paco Lafarga es un pintor con comezón. Un pintor unamuniano: se pregunta todo el rato, se busca, se incomoda, se enoja, pugna una y otra vez en una batalla sin otros rivales que sí mismo y el cuadro, que siempre es un incómodo adversario. Si el hecho de pintar es un ejercicio de libertad en el estudio, él se siente libre y a la vez envuelto en la incertidumbre. Es un hombre que se alimenta de paradojas o de antagonías. Como si pensase: la materia central de mi pintura es la duda. La vacilación, el despojamiento, la herida. Y, por extensión, el abismo.

Uno de los cuadros de su última muestra se titula en ‘En el abismo’: parece un autorretrato como albañil, un hombre desnudo, con un gorro o un velo en la cabeza; detrás están las hormigoneras y los materiales tapados con una lona azul. El cuadro parece inacabado; está como situado en el vacío o en un espacio etéreo o inconcreto. Ese cuadro simboliza en parte, o podría pensarse así, que Paco Lafarga –por su perfeccionismo, por su insatisfacción, por su incesante batallar- está así, en el precipicio. La obra, como ha sugerido un espectador, también podría simbolizar la crisis general, el desamparo, la desnudez a la intemperie y la crisis de la construcción: el albañil (trabajador y creador) lo ha perdido todo, los materiales han sido sepultados y las hormigoneras se han detenido. Caos y bancarrota.

Paco Lafarga es un pintor de emociones. Y de verdad. Se confiesa admirador de Antonio López, de Lucian Freud y de Golucho. La muestra ‘Cuando el deseo recogido’, un título tan ambiguo como poético (parece faltarle una acción) ofrece dos partes: una pequeña selección de sus retratos a lápiz, animales, paisajes, niños, espléndido el de la jovencísima pareja) o ese desnudo de espaldas y culo, que es una prueba de su delicadeza y de su mano ya contrastada. Estas piezas a lápiz enlazan con su última exposición en Carolina Rojo. Y luego, en el Impulso Lateral del IAACC, ha seleccionado una decena de lienzos y de papeles pegados sobre tabla. El pintor muestra la intimidad de su estudio, su obra en marcha, su pasión por la figuración sedimentada, el gusto por los matices, la furia tranquila de los rostros, los colores matizados, casi sombríos, desdibujados adrede, trabajados como a dentelladas. En realidad, Paco Lafarga es un pintor de honduras y de secretos, de unos pocos personajes que lo conmueven. Y eso es lo que ocurre con el modelo más usado, Miguel Ángel, que frecuenta su taller: le hace sólidos retratos, especialmente un tríptico con dos rostros y la pieza central, en blanco y negro, una de las obras inquietantes de la muestra. Y no es la única. Miguel Ángel reaparece en otra, inacabada, con unos zapatos rojos delante y algunos perros al lado. Ese cuadro plantea interrogantes y tiene un espíritu aleatorio o surrealista.

Hay varios desnudos de una mujer madura, a la que ya había retratado antes: cuadros de indagación, de búsqueda (de todo: materia, asunto, color, expresividad, de formato), de intensidad, de tentativas, de vitalidad. La obra de Paco Lafarga no deja indiferente: es pintor pintor. Pintor en la ardiente oscuridad. Pintor tumultuoso desde el oficio y la vocación.







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