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Violencia de género

Enganchadas a su agresor

Por miedo, por vergüenza o porque se sienten culpables, son muchas las mujeres que no presentan denuncia o que la retiran después. En una semana trágica para la violencia de género, ayudar a que superen el temor que les produce la dependencia a su agresor es quizá la mayor protección contra él.

16/12/2014 a las 02:00
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Manifestación contra el maltrato, el pasado día 25 en HuescaJavier Blasco

En las escasas 24 horas que pasaban desde que arrancaban estas páginas hasta la redacción final de su contenido, se confirmaba la muerte de dos mujeres por violencia de género (madre e hija en Bilbao) y una joven recibía varias puñaladas de su expareja en Almazán (Soria), en una semana negra que llevaba a superar el medio centenar de muertes en este agónico 2014. Una cifra demoledora que nos lleva a preguntar qué es lo que está fallando para no poder acabar con una situación ante la que se vuelca la sociedad entera y todas las administraciones, pero contra la que solo se puede luchar llegando al corazón mismo de un grave problema que se gesta y vive en la intimidad de un hogar.

Para los expertos, son varias las causas por las que las mujeres aun son asesinadas por sus parejas o exparejas, aunque en el fondo solo es una, la necesidad de crear un ambiente de confianza que acabe con el temor o la dependencia psicológica que la víctima siente por su agresor y que le lleva a no denunciarlo ni a declarar contra él. A ello se uniría la necesidad de mejorar los protocolos policiales y no errar en el cálculo del riesgo. Porque este 2014, en 15 casos de muerte se había estipulado un riesgo ‘bajo o nulo’ y sin embargo la mujer acabó asesinada. "A un asesino que quiere matar solo puede pararlo la contención, y aquí entran en juego un conjunto de valoraciones imposibles de ponderar, pero a las que intentamos acercarnos con muchas ganas", destaca la inspectora jefa del Servicio de Atención a la Familia (SAF) de la Policía Nacional de Zaragoza. "Sin embargo, la activación del protocolo sin la ratificación de la víctima tiene una corta vida, o no tan larga como lo sería si denunciara y ratificara en sede judicial".

En Aragón han aumentado las denuncias un 14% en 2014, "pero es una buena noticia porque significa que más mujeres se han atrevido a hacerlo y se siente más seguras, confían en los recursos para salir de la situación", considera Pilar Argente, directora del Instituto Aragonés de la Mujer (IAM). "Hemos pasado de 1.430 a 1.631. Y de esas denuncias, solo han renunciado 31, frente a las 68 de 2013. Aún queda mucho por hacer, porque se sabe que al menos una de cada tres mujeres que sufre maltrato no le da importancia y no denuncia, y una mujer que no advierte de su situación no puede entrar en el sistema, ni se le puede ayudar. Esto sucede en muchas ocasiones porque existe una dependencia entre la mujer y su agresor, y cuando tiene que declarar niega lo ocurrido".

¿En qué fallamos?

Esta semana ha sido especialmente negra. En Paterna (Valencia), Ana Aibar, de 37 años, moría a manos de su marido, que se quitó a su vez la vida. Todo en el domicilio familiar en el que se encontraban también las dos hijas. En esa misma jornada, el lunes, 8, en la que murieron también otra mujer y su actual pareja acuchillados por el excompañero sentimental, muchos se preguntaron qué había podido fallar. Existen protocolos, una gran implicación por parte de la Policía y Guardia Civil, se ha creado una red de atención a la mujer y sus hijos... Desde la Policía destacan que "el riesgo a veces cambia; otras la propia naturaleza de la violencia vence e impide que la mujer ratifique una denuncia. Otras se fallará en la protección o en el acogimiento...". Para Pilar Argente, del IAM, "es importante trabajar para que la mujer se atreva a denunciar y posteriormente unificar criterios de valoración y de protocolo, que ya se está haciendo".
Para María San Martín, responsable del área de Violencia de Género de la Delegación de Gobierno en Aragón "primero la mujer ha de atreverse a denunciar. Y, después, la valoración del riesgo la realizan los policías a través de los signos que aprecian y de lo que les dicen las víctimas. Nos gustaría dar una mayor protección a todas las víctimas, pero al final tienes que darla a la más amenazada y hay veces que las víctimas no cuentan todo por miedo, por vergüenza o por sentimiento de culpa. Hay que hablar con ellas preguntando con cariño, creando confianza para poder determinar el riesgo, saber si hay peligro de agresión mortal...".

Luego está el artículo 416 del Código Penal que permite que las mujeres no declaren contra sus maridos o parejas de hecho. "Si hay lesiones se actúa aunque la víctima no lo haga, pero no se puede proteger a nadie por encima de su voluntad", dicen en la Policía. "Desde 2013 se estudian las muertes caso por caso y uno de los problemas es que no había denuncia previa o se negaron a declarar en el proceso", señala Pilar Argente.
Para María San Martín, "el problema es que con ese artículo pueden llegar a la vista y acogerse a ese derecho a no declarar, y es difícil actuar porque si un agente ha visto la agresión puede certificarla, pero si solo ha visto las lesiones no hay prueba. Muchas retiran las denuncias y muchas de las últimas muertas lo habían hecho, porque ellos les convencen de que no pasará más; o se dejan dominar por la culpa de que son ellas quienes provocan. Explicaciones que aún escuchamos".







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