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REPORTAJES

El día en que Zaragoza se salvó de un 11-S

Un perturbado estuvo a punto de estrellar un avión con 147 personas a bordo sobre la capital aragonesa en 2000. Lo cuenta un piloto en sus memorias.

MARIANO GARCÍA. Zaragoza Actualizada 05/03/2009 a las 18:23
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24 Comentarios
Heinz-Dieter Kallbach, poco después de concluir la pelea en el interior de la cabinaSALIER VERLAG. LEIPZIG/ GERMANY

Todo sucedió rápido, muy rápido. Durante cinco minutos del 27 de marzo de 2000, Zaragoza estuvo al borde de una catástrofe sin precedentes. A la hora de la cena, alrededor de las 22.00, un perturbado intentó hacerse con los mandos del Boeing 737-700 de la compañía Germania, que viajaba desde Tenerife a Berlín con 147 personas a bordo. Quería estrellarlo contra el suelo y desató el ataque justo cuando el avión sobrevolaba la capital aragonesa. La tragedia pudo evitarse gracias a la rápida e inteligente actuación del piloto, Heinz-Dieter Kallbach, y a la colaboración decidida de algunos pasajeros. Kallbach, recién jubilado, lo cuenta todo en sus memorias, que ha escrito en colaboración con Günter Heribert Münzberg: 'Mayday über Saragossa' ('Mayday sobre Zaragoza'). Se han convertido en un éxito en Alemania, donde se han vendido ya 12.000 ejemplares. En Aragón, el incidente, pese a su gravedad, pasó inadvertido.

Heinz-Dieter Kallbach es un hombre menudo, serio, el clásico profesional hecho a sí mismo. Considerado una leyenda de la aviación en Centroeuropa, acumula más horas de vuelo que cualquier otro piloto de su generación y tiene un punto exhibicionista que le ha llevado a conseguir gestas que ningún otro ha intentado. En 1989, pocos días antes de la caída del Muro de Berlín, logró una hazaña que le valió entrar en el Guiness de los Récords y que aún puede verse en Youtube: consiguió aterrizar un Ilyusin 62 en la pradera en la que en 1896 se había estrellado el pionero de la aviación mundial Otto Lilienthal, que acabaría perdiendo la vida a consecuencia de las heridas. El logro de Kallbach no era poca cosa: hace veinte años, el Ilyusin 62, que era el primer reactor de pasajeros de largas distancias producido en la Unión Soviética, era llamado por los pilotos 'el ataúd volante', y los cálculos señalaban que lo mínimo que necesitaba para aterrizar eran 1.800 metros de pista asfaltada, cuando la pradera apenas tenía 900.

Un clásico martes de marzo


Así que el 27 de marzo de 2000 en Tenerife, Heinz-Dieter Kallbach, con sus récords, sus miles de horas de vuelo y su proverbial sangre fría, debió pensar que tenía ante sí uno de esos vuelos apacibles que solo sirven para engordar las estadísticas profesionales. Ciento cuarenta y tres pasajeros, cinco miembros de la tripulación y, entre ellos, como copiloto, Jürgen Metzner, un hombre experimentado y tranquilo también. Todo parecía una balsa de aceite.


A 2.400 kilómetros de distancia, Zaragoza vivía el clásico martes del mes de marzo: Belloch aún negociaba a toda prisa para conseguir la aprobación de los presupuestos municipales, el Zaragoza de Acuña y Milosevic acariciaba la posibilidad de meterse en puestos de Champions League, y se hablaba, y mucho, de Pedro Almodóvar, que horas antes había recibido el Óscar por 'Todo sobre mi madre'.

Nada parecía indicar que el destino del avión y de la ciudad iban a estar unidos por algo más de lo que debía ser un minuto de tránsito aéreo. Pero a las tres horas y media de vuelo, sobre las 22.00 hora española, un pasajero irrumpió en la cabina del avión. Enseguida dio muestras de no estar en sus cabales.

-¿Qué hace usted aquí? -preguntó Kallbach.

-Soy de la agencia española de espionaje. La mafia española controla el avión, ha cambiado el catering, las azafatas…

Kallbach no descubrió en el intruso ningún signo de peligrosidad aparente, y con una increíble sangre fría, le dijo:

-Será mejor que vuelva a su asiento. Creo que desde allí podrá controlar mejor a la mafia española.

En unas décimas de segundo, sin embargo, el intruso se convirtió en agresor. Agarró al piloto del cuello con el brazo e intentó ahogarle. Kallbach se revolvió, intentó zafarse, en el forcejeo perdió las gafas y consiguió pasar la cabeza por debajo del brazo del agresor. Pero este, entonces, le cogió el cuello con las dos manos y empezó a apretar. Le golpeó en la cabeza, que impactó en la ventanilla y, tras separarse lo que pudo, empezó a pegarle patadas. Todo estaba sucediendo muy rápido, pero Kallbach lo veía como a cámara lenta. Y le sorprendía que el copiloto, más fuerte y pesado que el agresor, no hiciera nada para contener la paliza que estaba recibiendo. Metzner explicaría después que, aunque cuando el intruso entró en la cabina el avión era conducido por el piloto automático, durante la lucha su único pensamiento estuvo centrado en que nada golpeara los mandos del avión, que no se tocara ningún botón que desajustara el sistema de navegación.

Pero como la cabina de un avión es un espacio sumamente reducido, la pelea lo volvió todo ingobernable. Y Metzner gritó:

-¡Pare! ¡Pare! ¡Nos va a matar a todos!

La respuesta del intruso fue estremecedora.

-¡Eso es lo que busco!

Si no fuera por el dramatismo de aquellos segundos clave, la escena casi era propia del camarote de los hermanos Marx. Kallbach consiguió quitarle un zapato al agresor, este intentó tocar los mandos del panel superior pero piloto y copiloto lo impidieron, y el intruso acabó echando mano del mando que regula la altura de la nave. E intentó lanzarla en picado contra el suelo. Piloto y copiloto lo impidieron, momentáneamente, y el intruso acabó sentado sobre el panel de navegación.

-Por favor, ¡déjelo ya! -pidió Metzner-. Por la ventanilla frontal se veían ya las primeras luces de Zaragoza. El copiloto lo vio todo perdido y, aunque sabía que nadie podría ayudarles, utilizó la radio para lanzar una petición de auxilio internacional: 'Mayday, mayday, mayday'.

Un ruso reduce al agresor


Mientras tanto, el pasaje ya había detectado que algo muy grave estaba ocurriendo en la cabina. Las subidas y bajadas del avión, los gritos y el balanceo de la nave hacían que se temieran lo peor. El copiloto, desesperado, abrió el micrófono para comunicarse con los pasajeros:

-¡Ayuda!, ¡ayuda! ¡Vengan a la cabina!

En ese momento, el intruso volvió a intentar coger la palanca de control de altura del avión. Kallbach le agarró de los testículos y empezó a apretar. Se abrió la puerta de la cabina y aparecieron cuatro hombres: un ruso, un sueco y dos estudiantes de Berlín y Dresde. Tras un segundo de incertidumbre, el ruso, fornido, cogió de las piernas al agresor y lo sacó de la cabina. Ya fuera, le cayó una lluvia de golpes. Mientras, Kallbach recuperó las gafas y analizó la situación. Aunque el avión había descendido de los 39.000 a 36.000 pies de altura, todo lo demás parecía estar en orden. Un dentista italiano se ofreció a curar las heridas de Kallbach, pero este lo rechazó, encerrándose en la cabina. Pidió información a la jefa de azafatas sobre la situación del agresor -estaba tranquilo, vigilado por el ruso y atendido por una sicóloga- y entonces se produjo uno de los gestos más sorprendentes del suceso. El piloto se puso en contacto con la torre de control de Madrid -adonde se había lanzado el mayday- y comunicó que la situación ya estaba bajo control, y que consideraba oportuno no ya regresar a Madrid, ni siquiera aterrizar en Zaragoza, sino seguir viaje hasta Berlín. Y le autorizaron.

El vuelo llegó a Berlín a las 23.07 (hora local), donde la Policía de Fronteras ya esperaba al agresor. Según reconstruyó posteriormente la revista 'Bild', se trataba de un berlinés de 38 años, Oliver W., que hasta entonces había llevado una vida totalmente anodina y alejada de escándalos. Un hombre aparentemente normal, dedicado a negocios diversos (vendía desde seguros a casas prefabricadas) que iba todos los días al gimnasio y que tenía una posición económica desahogada, con un BMW a la puerta de casa. Lo que se rompió en el interior de la cabeza de Oliver W. sigue siendo todavía un misterio, aunque la investigación de la revista 'Bild' reveló que en las Navidades anteriores había fallecido su padre, lo que le sumió en una gran tristeza, y que días antes del asalto le había abandonado su novia.

A la llegada al aeropuerto de Berlín, Oliver W. intentó escapar. Fingió un desvanecimiento, se echó a correr… Pero la Policía de Fronteras alemana lo detuvo sin pérdida de tiempo. Nunca fue juzgado por sus actos. Ingresado en un hospital siquiátrico, se suicidó poco después.

Kallbach se fue directo al hospital. Le dieron dos semanas de baja y recuperó el permiso para volar un mes después del suceso. En verano de 2006, el ministro de Interior le concedió una medalla especial, la que otorga el Gobierno alemán a los que se han distinguido con un acto heroico que ha salvado vidas.

Este reportaje ha sido posible gracias a la colaboración de Daniel Hübner, profesor de la Universidad de Zaragoza.


  • pedro luis29/04/09 00:00
    Hay q tener bastante sangre fria pero esto ocurre porque no hay justicia debidamnete con este tipo de personas ya q el suceso no habria ocurrido si el sospechoso ha de tener antecedentes.Pero como el que tambie es heroico es por su preparacion fisica y mental.Tambien habria de reconocer a las personas que merecen la alerta de atencion que muestran hacia la preparacion especifica de otras pues la ayuda es importante en el momento preciso.A mi me han ocurrido dos casos concretos prestando servicio en el aeropuerto de Barcelona.Uno fue:un extranjero que perdia el avion y salto la primera vaya metlica del perimetro del aeropuerto para coger su vuelo a lo que le pusimos las esposas rebajandole al muy toro y el otro ocurrio en una situacion de terrorismo en Barcelona y el autor de nuevo de alertar y reducir la situacion fui YO pero no necesite ninguna mencion honorifica y eso que estaba de servicio y la situacion pudo causar muy graves consecuencias a la poblacion.Hay que tener sangre fria pero,¿ porque los jueces no cumplen con la justicia anteriormente?
  • pedro luis29/04/09 00:00
    Si se supiera la verdad de las cosas las menciones honorificas irian para los ciudadanos o profesionales no para las personas que quieren otorgarse el cumplimiento del deber sin respeto al trabajo mostrado de un profesional piloto o tripulacion aerea.Mi profesion fue conductor de tripulaciones aereas y proteccion de personalidades pero por mucho que quieras decir de los sucesos es mejor pasar desapercibido y agradecer a las personas que quieres sabiendo que son superiores a cualquier error humano.Claro esta que en situaciones extremas es mejor siempre la primera llamada de avisar por telefono en caso de peligro,es decir ,pedir apoyo como la pueda pedir un piloto en su experiencia que es mas que un grado.Pero no estoy de acuerdo si la persona que atiende a la situacion lucha media hora despues de lo sucedido llegando el ultimo y otorgandose el merito.No hay Justicia porque luchan por una causa no por un motivo real.
  • marek04/03/09 00:00
    es una cosa que paso hace 9 años y ese loco no era loco si no enfermo mental
  • mandaC03/03/09 00:00
    Por supuesto que es una exageracion compararlo con el 11s, lo unico que consigue el titular es atraer la atencion del lector.
  • ALFREDO01/03/09 00:00
    supongo que el copiloto seria destituido despues de todo esto?
  • yo01/03/09 00:00
    Un poco exagerado y dramático parce. No digo que no sea cierto, pero tiene un tufo amarillista. Vamos anda, comparar un pirado con un 11S me parece un afán de protagonismo notable.
  • jasvi01/03/09 00:00
    la verdad es que iba dirigido contra las 2 torres gemelas del WTC en Zaragoza, ya les vale...ya ( desde esa altura hubiera sido casi imposible que cayera en la ciudad )
  • otro loco28/02/09 00:00
    Ese hombre no estaba loco, era un visionario .Lo de la mafia española es verdadero porque no hay mas que leer los periodicos y leer los casos de corrupción de nuestros politicos.
  • *marcel*25/02/09 00:00
    me parece una cosa terrible y gracias al piloto
  • Uno que pasaba por alli24/02/09 00:00
    Lo que ocurrió en esa cabina el citado día es cierto....doy fe, pero lo que me parece excesivo es compararlo con un 11-S....el avión volaba a 39.000ft de altura sobre Zaragoza cuando sucedió el desaguisao, pero a esa altitud y a mas de 400 nudos de velocidad, un perturbado sin nociones de piloto dudo que acertará en el caso que fuera su propósito. Estrellar el avión, dificil pero posible pero en la Av Madrid lo veo mas complicado. Con esto no quiero quitar el acto heroico de los implicados. Estas cosas pasan pero sales en la prensa si te llamas Melendi y vas jarto pacharan. En fin , no nos alarmemos
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