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Colonias de verano para ancianas solas y desamparadas

Juan Antonio Gracia publicó en 1976 la curiosa iniciativa de un grupo de exalumnas del colegio Jesús María.

Documentación Actualizada 03/06/2016 a las 18:55
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Noticia publicada en Heraldo de Aragón sobre las colonias de verano para ancianas solas y desamparadas.

En junio de 1976, HERALDO reflejó la iniciativa humanitaria de un grupo de antiguas alumnas del colegio Jesús María que, como muestra de consideración hacia varias decenas de ancianas sin recursos económicos a las que hacían compañía durante el año, se organizaron para llevar a setenta de ellas a pasar una semana de colonias rurales en el santuario de Nuestra Señora de las Viñas de Aguarón, en el campo de Cariñena. El año anterior, como experiencia piloto, habían hecho con ellas un viaje a la localidad navarra de Javier. Con edades entre 65 y 93 años, las setenta ancianas pasan los días más felices de su vida con un programa de juegos, manualidades, cine...y, sobre todo, reciben ese cariño que tanto necesitan.

En la década de los 90 cien ancianas vieron el mar por primera vez en su vida gracias a una colonia de verano organizada por el Club Dominical de Jesús María y la generosidad de sus convecinos.

Colonias veraniegas para ancianas 
Setenta mujeres zaragozanas, de entre 65 y 93 años, passarán una semana en Aragón 

Una iniciativa que merece el elogio y la colaboración de todos

Cuando, el año pasado, un grupo de mujeres anunció a las trescientas ancianas que reúnen semanalmente para darles el calor de la compañía y del cariño, que las llevarían una semana de vacaciones, las abuelas creían soñar. Aquello les pareció un milagro caído del cielo. Todo un lujo inalcanzable.

Pero el sueño fue realidad. Y se hizo el milagro. Sesenta y cinco ancianas, comprendidas entre los 65 y los 93 años, vivieron en Javier la gran aventura de las primeras vacaciones de su vida. La mayoría de ellas no sabían qué era el descanso, la paz y el silencio. Sobre todo, desconocían lo que esa sentirse queridas y mimadas durante una semana, lejos de los casas donde habitualmente, entre el olvido y el desprecio, van consumiendo las últimas horas de su existencia.

He hablado con alguna de estas mujeres. Cuentan que no acaban de su gran experiencia, de su viaje a Javier, de su asombro de niñas mayores ante tantas cosas que vieron. "Tengo 85 años. Al fin, he sabido lo que es dormir con tranquilidad. En casa, todos los días me levanto a las cuatro de la mañana, para dejar la cama a mi nieto, que viene de trabajar. Yo me siento en una silla arropada por una manta. Es que, en la casa de mis hijos, no hay cama para todos" Otra me dice: "Fui la mujer más feliz del mundo. En Javier había alguien que se dignaba mirarme. A lo largo del año, paso los días ignorada, desapercibida, como un trasto viejo que molesta".

Los testimonios son escalofriantes. "Yo no había veraneado en toda mi vida. No sabía lo que era sentarse a la mesa y ser servida durante la comida. En la colonia he disfrutado como nadie, como nunca creí que se podría ser feliz". Un día se mojaron los pies en el río Aragón. Una ancianita me asegura que "hasta se bañaron". La fantasía de las ancianas cree en cosas imposibles. Salvo dos o tres, ninguna había salido jamás de Zaragoza. Por supuesto que ninguna tenía idea de lo que era un pantano. Ante el de Yesa, sus ojos tenían color de asombro. "Era, como el mar, ¿sabe usted?"

Para este año, la experiencia va a repetirse. En lugar de Javier, será el santuario de Nuestra Señora de las Viñas en Aguaron, en pleno campo de Cariñena. Buena altura, excelente clima, reposo y calma. Han aumentado un poquito las plazas. Serán setenta las ancianas que, en esta segunda edición, disfrutarán de esta minicolonia. Hablo ahora con las protagonistas de tan magnífica iniciativa humana y social.

- Querríamos que fueran las trescientas ancianas que atendemos. Pero nos faltan recursos económicos. Cada plaza tiene un coste mínimo de dos mil pesetas. De momento, hemos organizado un turno en julio. Tenemos en proyecto otro para el mes de septiembre, pero sólo podrá realizarse si encontramos la colaboración necesaria.

- ¿De dónde puede venir esa colaboración?

- Sería más que suficiente con que cada zaragozano que veranea, contribuyera de algún modo a costear una plaza. Veranearía él y haría feliz a una anciana. 'Comparte tus vacaciones con los más pobres’, podría ser un slogan aproximado para lo que nosotras queremos.

- ¿Quiénes son ustedes?

- Un grupo de mujeres, antiguas alumnos del Colegio de Jesús María que nos hemos comprometido, en colaboración con las conferencias de San Vicente de Paúl, a hacer algo por las personas mayores más necesitadas. Un día a la semana pasamos la tarde con unas trescientas ancianas y tratamos de darles algo de cariño. Hacemos lo que podemos. Menos de lo que desearíamos hacer y de lo que están esperando las abuelas. Nuestro contacto no queda reducido a esa reunión semanal. Vamos a sus casas y les ayudamos en todo lo que podemos. Tratamos de ser algo así como sus asistentas sociales.

- ¿Cómo es la vida en la colonia?
- Acomodada a la edad de las mujeres que la disfrutan. Trabajo manual, paseos, charlas, juegos, reportajes filmados sobre temas de interés... Sobre todo, mucha compañía y más amor. Es una experiencia confortadora para ellas, y para nosotras un estímulo.

La idea y la realización no pueden ser más humanas y más sociales. Es una manera bien práctica de solucionar, en pequeña parte, uno de los problemas más graves que tiene planteados nuestra sociedad de hoy: la atención a los que viven la llamada tercera edad.

Semejantes iniciativas merecen el apoyo de todos. Quienes deseen colaborar a tan ejemplar trabajo y contribuir a que las ancianas de Zaragoza tengan también unos días de vacaciones, pueden dirigirse al Colegio de Jesús María, calle de Cortes de Aragón, 2. Pueden tener la seguridad de que ayudarán a que docenas de ancianas desamparadas vivan los días más felices de su vida.

Juan Antonio Gracia

(Noticias de Hemeroteca recopiladas por Elena de la Riva y Mapi Rodríguez. Documentación de Heraldo de Aragón)







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