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En defensa de las suegras

Este domingo también es el día de la madre política. HERALDO publico en 1967 una noticia sobre un asociación creada en Nueva York en su defensa.

Documentación Actualizada 01/05/2016 a las 16:21
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Hoy también es el día de la madre política. No tiemblen, y celebren. La difícil relación que mantienen tradicionalmente yernos y nueras con sus respectivas suegras encontró en 1967 un apoyo moral y material en Nueva York. En la ciudad de los rascacielos se creó una ‘Asociación de Madres Políticas’, con sede social y boletín mensual, dedicado a luchas contra los prejuicios negativos de la sociedad hacia las suegras: sus acciones se centraban además en las bromas y burlas de los medios de comunicación hacia el colectivo.


NUEVA YORK, 1967 (Prensa Intercontinental).
Nueva York posee una ‘Asociación de Madres Políticas’, que dispone de un local o ‘club’ y publica un boletín mensual, reservado exclusivamente a sus adheridas.
Y -se dirá el lector-, ¿por qué no habían de tenerla las madres políticas en una ciudad en la que cualquier pretexto basta para dar origen a la formación de una agrupación: ser amigo de los loros, haber nacido un martes trece, tener un antepasado que combatió en la guerra de la Independencia u otros por el estilo?

Van desapareciendo los prejuicios:

La ‘Asociación de Madres Políticas’ no constituye, sin embargo, un simple círculo en el que los miembros se reúnen para chismorrear o elegir la junta directiva. Tratase de un ‘cuerpo de defensa’ que lucha contra los prejuicios que rodean aún a esta noción y protesta o rectifica cada vez que un periódico, un escritor, una obra de teatro, una película o una emisión de TV o de radio se burla de las suegras.
Prejuicios que, con gran satisfacción de las interesadas, van desapareciendo, como lo prueban numerosas estadísticas recientes.


A la pregunta: ¿Cómo son las relaciones con su suegra?, sesenta y dos mujeres de menos de treinta años respondieron, en 1927, "muy malas"; catorce, "malas", y diecisiete, "regulares". Únicamente siete, de cien, se mostraron satisfechas de sus relaciones con las madres de sus maridos. Las contestaciones de los yernos fueron casi similares: hubo cincuenta y ocho "muy malas", veinte "malas", dieciséis "regulares" y seis "buenas".

Ya no es la arpía de antaño

En 1967, tales cifras pertenecen al pasado, pues al plantearse la misma pregunta, se han obtenido las siguientes respuestas: Mujeres (menores de treinta años): relaciones "muy malas" con sus suegras, veintinueve; "malas", trece; "regulares", nueve; "buenas" e incluso "excelentes", cincuenta y nueve.
En cuanto a los hombres, he aquí los resultados: "muy malos términos", once; "malos", trece; "regulares", diez; "buenos" y "muy buenos", ¡sesenta y seis!

¿A qué atribuir semejante cambio radical? Ante todo a la evolución general de la mentalidad femenina. La suegra de hoy no es ya aquella vieja harpía que esperaba llena de malas intenciones al hombre que vendría a ‘robarle’ su querida hija, sino que suele ser ella misma una mujer joven para la que su yerno es un hombre. Según los psicoanalistas norteamericanos -cuya importancia es enorme en los Estados Unidos-, por lo menos una madre de cada cinco está algo enamorada de su yerno.

Otro elemento importante: es de notoriedad pública que los niños ‘aterrorizan’ literalmente a sus padres en Estados Unidos. Tanto la madre como el padre ven, pues, el cielo abierto cuando un ser valeroso los desembaraza de sus retoños. Y la suegra lo hace, en la mayoría de los casos, con mil amores.

Tercera razón: la norteamericana, en sus desesperados esfuerzos por permanecer joven, imita a los jóvenes, les consulta, se ufana de agradarles. La suegra, por lo tanto, temerosa de ser tratada de ‘antigualla’, se muestra infinitamente más paciente, indulgente y... amable con su nuera o con su yerno que con su marido, sus hermanos o demás parientes.

Cuando las suegras se casan con sus ex yernos

Digamos, además, que el 42 por ciento de las nueras y el 24 por ciento de los yernos cuyas relaciones con sus madres políticas son malas reconocen en general que la culpa es suya, que son ellos quienes no pueden ver a ‘esas señoras’, mientras que las ‘pobrecitas suegras’ llevan a cabo esfuerzos meritorios por atraérselos.

Citemos, en fin, otra prueba de lo mucho que han mejorado las relaciones entre madres e hijos políticos, aunque no nos haya sido suministrado por la asociación de marras: el número creciente de matrimonios y romances, a menudo mal terminados, entre suegros y nueras o suegras y yernos. Los jóvenes tienen la misma edad: 20 o 22 años. Ella sabe ya perfectamente lo que quiere, pero él se ha visto obligado a casarse a causa de un ‘accidente’ o tal vez para asombrar o fastidiar a sus padres. Ella no tarda en darse cuenta de su error, va separándose de él y descubre, de repente, a... su suegro, joven aún, con las sienes plateadas y que, a diferencia de su hijo, es un ’hombre de verdad’.

Otras veces ocurre que sea él, desamparado, engañado, quien encuentre un ‘alma gemela’ en la persona de su suegra. Pequeños ‘dramas de familia’, en lo propio y en lo figurado, que acaban produciendo frecuentemente nuevos... matrimonios.
Evidentemente, este aspecto del problema no interesa a la austera ‘Asociación de Madres Políticas’ neoyorquina, encargada, al contrario, de velar por la reputación de sus miembros, ayer calumniados y hoy cada vez más estimados.
¡Asociaciones así enaltecen a un país!
Aurelio Ramos

(Noticia de hemeroteca recopilada por Elena de la Riva y Mapi Rodríguez. Documentación de Heraldo de Aragón)







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