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Entrevista

Basilio Baltasar será el director del I Congreso de Periodismo Cultural que se celebrará en Santander

“Para una cultura sana es imprescindible que el crítico recupere su posición de autoridad”.

A. Castro 09/04/2015 a las 08:24
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Basilio Baltasar, editor del blog El Boomerang, considera oportuna esta cita de la cultura en SantanderArchivo B. Baltasar

Desde este jueves hasta el sábado, el Palacio de la Magdalena de Santander acoge el I Congreso de Periodismo Cultural, organizado por la Fundación Santillana, el Ayuntamiento de Santander y la Fundación Botín. El escritor y editor Baltasar (Palma de Mallorca, 1955), responsable de la Fundación Santillana, es su director. Participan una cincuentena de profesionales de todo el país y se han inscrito más de 130 participantes.

¿Podría ensayar algunas definiciones de Periodismo Cultural?

En primer lugar, y por ir directo al asunto que más me preocupa: el Periodismo Cultural propicia una clara diferencia entre la cultura del conocimiento y la industria del entretenimiento, entre la obra de arte y el producto mercantil. Es una cuestión de gusto, criterio y buena información.

¿Qué no sería Periodismo Cultural?

Creo que es el periodista y escritor Guillermo Busutil quien dice que la sección de espectáculos no es Periodismo Cultural...
Precisamente, de eso se trata: no hacer pasar como cultura lo que sólo es parte de un “espectáculo” meramente comercial. Ya Guy Debord nos advirtió de los peligros de una mutación que ha resultado nefasta para nuestra identidad: sin el discernimiento que sólo puede procurar la cultura, no sabemos quiénes somos, y todo es confusión.


¿Por qué se organiza el I Congreso de Periodismo Cultural, cuáles son sus objetivos?

Los excelentes profesionales que se ocupan de esta “sección” en prensa, radio y televisión nunca se habían reunido para definir el objeto y exigencias de su oficio. Nos convenía convocarlo para dejar constancia de los cambios que hoy nos conciernen y levantar acta de un nuevo pacto cultural. La cultura es una visión del mundo solvente y sólo ella puede procurar la educación permanente de la ciudadanía. Necesitamos lectores cultos, sofisticados, inteligentes, que sepan apreciar una buena obra (de teatro, música, literatura…). Ciudadanos con criterio y buen gusto que sepan reconocer y disfrutar lo excelente. No podemos resignarnos a escribir para holgazanes.

¿Cómo se elige una lista de una cincuentena larga de nombres?

Hemos procurado que estén todos los responsables de las secciones y programas de cultura de prensa, radio y televisión. Ojalá no hayamos dejado fuera de la convocatoria a ninguno de los que han hecho aportaciones esenciales al periodismo cultural. Teníamos dos limitaciones: el presupuesto y el tiempo. Un número de plazas limitadas por el coste (de transporte, alojamiento y manutención) y también por las sesiones del Congreso. No creo que fuera posible retener a un grupo profesional tan amplio durante más de los dos días completos que le vamos a dedicar: unas jornadas extenuantes.

¿Cabría pensar que está en crisis el Periodismo Cultural, en un buen momento o en un período de desconcierto?

El Periodismo Cultural sufre una crisis larvada, oculta, desde hace tiempo. Se solapa con la sacudida general que agita y trastorna a los medios. Pero es un disturbio padecido a diario y que yo resumiría con severidad: ¿podemos dedicarnos a satisfacer los caprichos de una audiencia ‘inculta’?

¿Le preocupa que sea un Congreso endogámico?

Nuestro Congreso es un encuentro de profesionales para hablar de los problemas de su oficio. Será inevitable la endogamia que cita, pero el objetivo de nuestra discusión es cómo contar mejor a los lectores (oyentes, televidentes) lo que se hace bien en las diferentes disciplinas culturales: artes escénicas, arte, literatura, cine…

Hablemos de los temas específicos del programa. ¿Debe asumir el Periodismo Cultural de manera militante, o casi como una poética, la crítica y la crónica del presente?

El Periodismo Cultural debe amparar el ejercicio de la crítica especializada pero no suplantarla. Hemos asistido a una invasión de competencias sorprendente: el crítico literario, por ejemplo, es considerado una molestia para un periodismo que a veces prefiere divulgar acontecimientos y personajes aprobados por la lógica mediática. Al crítico gruñón pero sólido en sus criterios y argumentos, que establece un modelo narrativo de referencia (si hablamos de narrativa), se le trata como a un aguafiestas.

¿Cuál es la función de la crítica? ¿Quién debe hacerla? ¿Ha perdido prestigio el especialista?

Lamentamos con enojo que la “cultura” se confunda con la publicidad de sus productos. El crítico es un vigilante: está preparado para maltratar la indolencia del lector y delatar la inercia del mercado. Sus conocimientos son los que ayudan a discernir el valor, fundamentar el criterio, educar el buen gusto y descifrar el significado de las obras de arte. Para una cultura sana es imprescindible que el crítico recupere su posición de autoridad. Una autoridad que no exige obediencia, sino inteligencia.

Si en la Transición, de modo genérico, se puede hablar de un proyecto cultural, del rescate incluso de lo que habíamos sido, a veces oculto, tal como ha señalado Sergio Vila-Sanjuán, ¿en qué fase se está ahora?

Este Congreso servirá para entender mejor en qué momento de nuestro presente nos encontramos. Definir nuevas tareas para este tiempo nuestro es un objetivo muy ambicioso pero es inevitable que asumamos el desafío. Le he hablado de un nuevo pacto cultural: la prolífica y creativa comunidad cultural y los periodistas culturales deben redactarlo. Debo insistir en lo que me parece esencial: después de estas tres décadas, nos hace falta entender el valor de la alta cultura y diferenciarla de los valores banalmente mercantiles. Sólo así podremos emprender esta nueva etapa.

¿Qué aportan los nuevos medios digitales? ¿Qué significa Internet para el oficio?

Son una excelente escuela y un campo de entrenamiento gimnástico. Inmediatez, rapidez, cercanía con el lector, en un espacio abierto, sin apenas restricciones. Un nuevo modo de entender la exigencia de los lectores, que eligen sin respeto y van adonde les place. Lo digital pertenece también a una nueva economía: sometida a capricho de lo gratuito, a la perentoriedad permanente… No parece haber un modelo económico que sirva como referencia fiable. Por otro lado, en la Red lo escrito se parece a lo dicho: las letras se las lleva el viento. No se fija, no se establece, ni consolida el pensamiento de los autores.

¿Está seguro?

La influencia en Internet resulta tan diáfana como su carencia de soporte físico. Lo escrito para las pantallas no se archiva en las hemerotecas, no se retiene en la memoria. La cultura sin embargo se edifica sobre criterios y juicios que permanecen. Parece que el ‘prestigio Gutenberg’ no será sustituido por el prestigio Internet.

¿Cómo convive la cultura con el periódico, la radio y la tele? ¿Cuáles serían los puntos de encuentro y desencuentro?

Como profesionales siempre hemos manejado el gran juego de unos medios que solo pueden entenderse como complementarios. La prensa fija las meditadas declaraciones de un autor, la radio difunde las inflexiones de su voz y la televisión nos ofrece la imagen de su aspecto. Esto, obviamente, también vale para el profesional del Periodismo Cultural: en el Congreso tendremos muy buenos ejemplos de cómo la pericia del oficio se desenvuelve en prensa, radio y televisión. Y también en Internet.

¿Están en crisis, como los periódicos, las revistas culturales?

Han padecido la crisis de la publicidad y de la difusión, la deserción de unos lectores vapuleados por la confusión de valores (ya sabes: cultura versus mercado), pero las revistas que sobreviven lo hacen con una heroicidad digna de admiración. Son una presencia necesaria, imprescindible. Deberíamos propiciar su existencia, divulgar sus logros y elogiar sus aportaciones.

¿Qué le gustaría conseguir en este Congreso?

Ha sido interesante comprobar que todos los colegas comparten, cada uno por su cuenta, lo que un primer intercambio de textos ha puesto en evidencia: hay una conciencia muy clara sobre la responsabilidad que el periodista cultural contrae con la comunidad creativa y la sociedad. Somos unos intermediarios cualificados, de los que depende la imagen de la cultura, su prestigio social, y el respeto y la admiración que se le debe. Y el provecho que de ella puede obtenerse. Yo espero del Congreso que posibilite la conversación permanente entre los profesionales que en los próximos años tendremos una influencia notable en el resurgimiento cultural de nuestro país.

A veces da la sensación de que estamos ante una batalla perdida: la cultura está desprestigiada o preterida, los jóvenes leen poco, al menos en el formato tradicional, la prensa y los libros...

En el pacto por la cultura que vamos a elaborar debemos constatar la importancia de una alianza entre el mundo de la educación y el mundo de la cultura. La cultura es la educación permanente de la ciudadanía, la que fundamenta su soberanía intelectual, pero esta procede de una educación sólida y sensata.

Última cuestión. ¿Cree que debemos hablar del nacimiento de nuevos públicos?

No sabría decirle si hay nuevos públicos, pero si un repertorio de actitudes que no por ser “nuevas” son innovadoras. Lo que si podemos afirmar es la expansión de la comunidad creativa y de una insurgente capacidad de gestión para inventar nuevos cauces y llegar al público con propuestas atractivas y, éstas sí, innovadoras.







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