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Literatura

​El cronista vasco de origen zaragozano

Ramiro Pinilla era hijo y nieto de aragonesas y nunca estuvo en su ciudad. Firmó el gran friso de Euskadi, ‘Verdes valles, colinas rojas’, y un gran libro de fútbol: ‘Aquella edad inolvidable’.

Antón Castro. Zaragoza Actualizada 23/10/2014 a las 19:45
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Ramiro PinillaEfe

Ramiro Pinilla era un anciano feliz. Pletórico. Viudo ya, en los últimos años, además del éxito literario y el respeto de la crítica y los lectores, encontró un nuevo amor y eso era un estímulo gozoso. Lo confesaba mirando al mar, con los ojos claros y henchidos. Como confesaba qué feliz le hacía el cariño de algunos jóvenes autores como Fernando Aramburu.

Pinilla, nacido en Bilbao en 1923 y fallecido este jueves a los 91 años, era hijo y nieto de aragonesas de Zaragoza, y lamentaba que nunca, nunca “he estado en la ciudad de mi madre y de mi abuela, que llegaron a Bilbao hacia 1915”. Agregaba: “Mi abuela vino con cuatro hijos y mi madre se empleó en una oficina. Fue de las primeras mujeres que trabajaron en empresa”. El triunfo y el reconocimiento le hacían ser tan agradecido como comprometido: revelaba que seguía escribiendo a mano y que lo hacía “como un placer, un deber y una responsabilidad. De joven fui tímido, me avergoncé de ser escritor, redactaba a escondidas en la parte de atrás de los cromos, vivimos el franquismo con miedo y esperanza, así que ahora debo escribir a cara descubierta y con intensidad hasta que me muera”.

Era admirador de Robert Louis Stevenson y de Herman Melville, el autor de ‘Moby Dick’, que fue navegante y pescador de ballenas. Ramiro Pinilla también se curtió en las soledades de alta mar, hasta que no pudo más: echaba en falta la tranquilidad de la ribera, la ausencia de los suyos (era padre de tres hijos), y dijo adiós a los sueños del joven marino. Luego se trasladó a Getxo y trabajó de administrativo en una fábrica de gas. Después de firmar algunos cuentos y una novela “noña” como ‘El ídolo’, publicó ‘Las ciegas hormigas’, que ganó el Premio Nadal en 1960.

La narración indicaba que sus influencias y gustos se habían ensanchado: había leído a William Faulkner, había asimilado un libro como ‘Mientras agonizo’, pero también conocía bien a John Steinbeck. La novela estaba basada en un hecho real de 1929, un barco inglés embarrancó en la costa y se le dispersó toda la carga de carbón entre los peñascos. Pinilla declaraba a HERALDO: “Aquella novela fue un estallido de libertad. Era una novela de contenido social. En Faulkner había encontrado un estilo épico y una maestría incuestionable en el arte de contar”. Después de esta novela no dejó de publicar: aparecieron ‘Seno’ (1971, finalista del Planeta), Antonio B... el Rojo, ciudadano de tercera (1977), etc., libros que serían rescatados por Tusquets tras el gran éxito de ‘Verdes valles, colinas rojas’, cuya primera entrega es de 1986.

Tusquets publicó la trilogía –compuesta por ‘La tierra convulsa’, ‘Los cuerpos desnudos’ y ‘Las cenizas del hierro’- de más de 2.500 entre 2004 y 2005 y muchos consideran el proyecto, con más de medio centenar de personajes, como “la biblia narrativa de Euskadi” y un friso sobre el trabajo y la idiosincrasia del país. Invirtió en ese proyecto más de 18 años. “Todos los ciudadanos somos épicos o podemos serlo. Esta trilogía es una novela sobre el País Vasco. Es una novela sobre la industrialización y las minas. Hablo de la burguesía tradicional, hablo de los obreros que vivían en condiciones de esclavitud”.

Asumía que era una crítica al nacionalismo y a la vez, quizá con impotencia o con serenidad, decía que “mi voz es inofensiva. Los terroristas de ETA no leen novelas y yo soy, para ellos, un autor inofensivo e insignificante”.

Tras ese proyecto ha creado novelas policíacas con distintos héroes, ha publicado ‘La higuera’ (Tusquets, 2006), las narraciones completas en ‘Los cuentos’ (Tusquets, 2011) y se ha acercado a otra pasión: el fútbol, el Athletic de Bilbao, en ‘Aquella edad inolvidable’ (Tusquets, 2012), donde cuenta un triunfo inesperado y agónico del equipo bilbaíno sobre el Real Madrid en 1943 gracias a un gol con la mano de un joven albañil de Getxo, Souto Menaya, ‘Botas’, suplente de Zarra.

La novela, de sesgo autobiográfico, es una de las mejores que se han escrito sobre fútbol en España y quizá la gran ficción del equipo de San Mamés, la novela del orgullo rojiblanco. Era como si Ramiro Pinilla, que nunca jugó al fútbol, que elogió el amor hasta el último suspiro, hubiese firmado el libro de su intimidad o de la inefable identificación con el club de sus amores poco antes de su despedida. Pronto aparecerá una nueva narración policíaca: ‘Cadáveres en la playa’. El escritor que fue marino también sabía mucho de eso: de los naufragios y de los muertos de Euskadi.







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